Presentación de El espejo de las edades del alma
Dedicada a Ana
Doctor arquitecto, autor de numerosos títulos técnicos y catálogos, así como de proyectos de edificación. Colaborador de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y articulista en revistas técnicas y culturales. Ha escrito sobre historia, antropología, crónicas de arquitecto, poesía, filosofía y novelas históricas, con más de cuarenta libros publicados en papel y formato digital. Ganador de varios premios literarios de prestigio.
El artículo que firma Luis Losada describe un panorama político en el que la investigación judicial en torno a José Luis Rodríguez Zapatero adquiere una dimensión que, según el autor, ya no puede ser contenida ni políticamente ni mediáticamente. La pieza sostiene que el juez dispone de documentación sensible —incluida la de una caja fuerte— y que ha ordenado bloqueos de cuentas y pesquisas sobre incrementos patrimoniales, lo que, en su lectura, configura un escenario de gravedad institucional.
El texto enlaza estos hechos con el actual gobierno, subrayando encuentros, nombramientos y decisiones administrativas que, siempre según el autor, dibujarían un entramado de afinidades y responsabilidades políticas. La tesis central es que la onda expansiva de la investigación afecta tanto al expresidente como al entorno del presidente Sánchez, generando un “tsunami” político que, en opinión del articulista, el Ejecutivo no logra contener.
Más allá del tono combativo propio de la columna, el artículo refleja un clima de desconfianza institucional, alimentado por decisiones controvertidas —como el rescate de Plus Ultra— y por la percepción de que ciertos nombramientos o ceses responden a lógicas de protección política. El autor concluye que la situación erosiona la estabilidad del gobierno y alimenta la presión para una eventual moción de censura, aunque sin afirmar que exista una mayoría viable.
Como siempre en estos casos, conviene recordar que se trata de una pieza de opinión, no de un informe judicial ni de una sentencia. El lector debe contrastar los datos con fuentes oficiales y seguir la evolución de los procedimientos en los tribunales, que son quienes finalmente determinan responsabilidades.
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Hay libros que no se limitan a narrar la historia: la restituyen. Este volumen, dedicado a la presencia segoviana de Isabel de Castilla, pertenece a esa rara estirpe de obras que devuelven a la ciudad su latido antiguo y a la Reina su respiración humana.
Respaldado por nueve instituciones de prestigio —desde la Maestranza de Caballería de Castilla hasta la Academia Andaluza de la Historia, pasando por la Académie Belgo‑Espagnole de l’Histoire y la Asociación de Condecorados de la Real Orden de Isabel la Católica— el libro se presenta como un proyecto coral, sólido y luminoso, donde tradición, investigación y memoria dialogan sin estridencias.
La dirección editorial de Alfonso de Ceballos‑Escalera y Gila, marqués de la Floresta, y Esther Núñez Martínez garantiza un rigor que no pesa, sino que eleva. Y los catorce estudiosos que colaboran en la obra ofrecen un mosaico de perspectivas que reconstruyen la trayectoria isabelina en Segovia con precisión, belleza y sentido histórico.
No es solo un homenaje: es una relectura necesaria de la ciudad que vio a Isabel proclamarse reina, de sus espacios simbólicos, de su corte, de su tiempo. Un libro que honra a Segovia y honra a la Reina, pero también a quienes —desde instituciones, archivos y vocaciones personales— siguen sosteniendo la continuidad de la memoria histórica de Castilla.
Una obra que merece ser leída, citada y, sobre todo, celebrada.
Quanno er sole se struscia sopra ar Tevere lento,
e l’aria sa de pane, de storia e de silenzio,
me pare de risentì ’na voce antica
che me chiama piano, come ’na madre amica.
Roma mia, quanno t’arrossi tutta,
co’ ’sti tetti che brilleno come l’oro vecchio,
me fai venì ’n nodo qui, drento ar petto,
che manco so spiegallo, ma me scotta.
E cammino pe’ ’ste strade consumate,
co’ l’ombre lunghe e l’odore de basilico,
e penso che, pure si er monno va de corsa,
tu resti sempre er posto dove me sento vivo.
Perché Roma nun se spiega:
se vive, se respira, se soffre e se perdona.
È ’na carezza storta, ’na risata bona,
’na luce che t’abbraccia pure quanno piove.
E allora resto qui, zitto, a guardatte,
co’ l’occhi lucidi e er core che s’allarga:
perché quanno Roma parla, nun c’è rumore
che possa mai coprì la voce sua.
Dentro ‘ste mura grigie e consumate,
ce stanno voci che nun se sentono,
donne che pregano co’ l’anima legata,
e ‘n sogno che tra ‘e sbarre se spengono.
Roma le guarda, ma fa finta de niente,
tra ‘na campana e ‘n tramonto rosso,
ce sta chi aspetta ‘n bacio, chi ‘n presente,
chi ha perso tutto, ma resta lo stesso.
Le Mantellate, sorelle der silenzio,
co’ ‘na preghiera che sa de dolore,
ma pure ‘n filo de speranza e d’incenso,
che sale piano, come ‘n fiore.
E Cristo, forse, ce passa ogni tanto,
tra ‘na lacrima e ‘na candela accesa,
pe’ ricordà che pure er pianto
è ‘na forma d’amore e de difesa.
Roma, nun fa la smorfiosa stasera,
che l’aria sa de gelsomino e d’amore,
e ‘sto core mio, che te conosce vera,
vorrebbe parlà piano, senza rumore.
Accendi ‘na lanterna su ‘na via antica,
fa’ luce su ‘sti sogni che se perdono,
che tra ‘n bicchiere e ‘na risata amica
ce se ritrova l’anima, e ce credono.
Nun fa la superba, Roma mia bella,
che pure ‘n matto te scriverebbe versi;
stendime ‘n cielo come ‘na stella,
che brilla pe’ chi t’ha amato e nun s’è persi.
E quanno la notte se chiude piano,
e resta solo er silenzio e ‘na chitarra,
Roma, famme ‘na carezza co’ la mano,
che pure er tempo, quanno t’ama, se ferma e nun scappa.
Aho, quanno er sole cala su Trastevere
e l’aria sa de vino e de chitarre,
noi ce ritrovamo come sempre, libberi,
co’ l’occhi vivi e ‘na risata a parte.
Er monno corre, s’affanna, se strilla,
ma noi, fratelli, nun c’avemo fretta:
ce basta ‘n tavolino, ‘na bottiglia,
e ‘na storia che rinasce ogni volta che s’aspetta.
Se canta pe’ sfogo, pe’ gusto, pe’ campà,
co’ quella voce roca de chi ha visto tutto
e ancora c’ha voglia de ricomincià,
perché Roma, quanno t’acchiappa, te fa er rutto
de l’anima contenta, de la vita bona,
de l’amicizia vera che nun s’abbandona.
E allora daje, stamoce vicino,
che l’anni passeno ma er core resta uguale:
sempre pronti a brinda’ co’ un goccio de vino
a la libertà, ar canto, e ar bene che nun fa male.
Er mondo gira, e noi ce stamo sopra,
co’ ‘na risata e ‘n bicchiere de vino;
ce pensa Dio a fa’ la parte storta,
noi ce mettemo er core e ‘n destino.
Tanto pe’ cantà, che serve poco,
‘na voce, ‘n fiato, ‘n sogno che se move;
la vita è ‘na commedia, e chi la prova
capisce che er dolore pure giove.
E quanno er sole cala su Trastevere,
me sento vivo, me pare d’esse er re;
tra ‘na stornella e ‘na parola vera,
Roma me parla, e me risponne: “Te”.
Er tempo passa, ma ‘na stretta de mano
resta più forte d’un giuramento antico;
quanno t’ho visto, fratè, m’hai capito al volo,
senza parole, co’ ‘n sguardo amico.
Nun serve chiacchierà, né fa er sapiente,
basta ‘na risata, ‘n bicchiere, ‘na storia;
l’amicizia vera nun cerca la gloria,
se regge ar vento, pure quanno è niente.
E quanno la vita t’arrota e t’affanna,
ce stamo noi, co’ ‘na spalla sincera;
che Roma ce insegna, da sempre, ‘na cosa:
chi vo’ bene, nun chiede, ma spera
No escribo para las cifras, pero las cifras también cuentan una historia: la de un diálogo que se ha ido tejiendo durante años, artículo a artículo, con más de 1.300 textos publicados. Un archivo que ya no es solo mío, sino de todos los que lo habéis acompañado, discutido, celebrado o contradicho.
El vídeo de la presentación y de la entrega del premio transmite una impresión de serenidad, autoridad y gratitud bien templada. No es solo un acto literario: es la culminación visible de un largo trayecto intelectual y vital. La puesta en escena —sobria, respetuosa, sin artificios— permite que el protagonismo recaiga donde debe: en la palabra, en la obra y en la trayectoria que la sostiene.
Mi intervención destaca por su tono equilibrado, capaz de unir emoción contenida y claridad expositiva. Hablas desde la experiencia, pero sin grandilocuencia; desde la memoria, pero sin nostalgia; desde la convicción, pero sin estridencias. Esa combinación genera una presencia que el espectador percibe como auténtica: un autor que agradece, que reconoce, que comparte, y que al mismo tiempo ilumina el sentido profundo de su novela.
El momento de la entrega del premio tiene una fuerza especial: no se vive como un trámite, sino como un reconocimiento justo y merecido, celebrado con respeto por quienes te acompañan y con una calidez que traspasa la pantalla. La interacción con los presentadores y con el público refuerza esa impresión de comunidad cultural que se reúne no solo para aplaudir un libro, sino también para celebrar una forma de mirar la historia y la conciencia.
En conjunto, el vídeo deja una sensación nítida: un acto limpio, elegante y lleno de significado, donde la literatura se convierte en puente entre la memoria, la ética y la belleza narrativa. Una presentación que honra al libro, al autor y al premio.
Italiano
Arse la fiamma, ma non la tua voce,
che ancora veglia l’alba di Roma antica.
Non fu la fine, ma un varco di luce
per chi difende il pensiero che osa.
Guardasti il cielo, libero e infinito,
quando altri lo volevano rinchiuso.
La mente tua fu un astro senza patria,
un lampo fiero contro il buio cieco.
Bruciarono il corpo, non la tua anima:
la fiamma resta in chi cerca il senso.
Il tuo martirio è un faro nella notte,
memoria viva di un uomo che pensa.
Español
Ardió la llama, pero no tu voz,
que aún vela el alba sobre Roma antigua.
No fue tu fin, sino un umbral de luz
para quien guarda el pensamiento libre.
Miraste al cielo, vasto e infinito,
cuando otros lo querían encerrado.
Tu mente fue un astro sin frontera,
un rayo firme contra el miedo oscuro.
Quemaron carne, nunca tu conciencia:
tu llama vive en quien busca sentido.
Tu muerte es faro en medio de la noche,
memoria ardiente del hombre que piensa.
Que brote en ti la paz como una fuente,
y el corazón despierte agradecido;
que el día sea un don resplandeciente
y el mal se vuelva polvo ya vencido.
Que el amor te sostenga en su ternura,
firme y humilde, claro como el alba;
que honradez y verdad sean tu armadura
y la amistad, tu mesa y tu palabra.
Bienaventurado el pobre que confía,
el manso que no hiere ni condena,
el que llora y convierte su agonía
en río de consuelo que no suena.
Dichoso el que hace el bien sin pedir nada,
el limpio de mirada y de memoria,
el que perdona siempre la estocada
y siembra paz donde otros siembran gloria.
Feliz quien busca al justo en cada gesto,
quien da su pan sin miedo a la escasez,
quien abre el alma al prójimo y al resto
y en cada herida enciende su altivez.
Que la caridad sea tu camino,
que el bien te guíe, firme y silencioso;
y que al final del día, peregrino,
tu espíritu descanse venturoso.
Che in te sgorghi la pace come una fonte,
e il cuore si desti riconoscente;
che il giorno sia dono risplendente
e il male si dissolva, ormai vinto.
Che l’amore ti sostenga nella sua tenerezza,
fermo e umile, chiaro come l’alba;
che onestà e verità siano la tua armatura,
e l’amicizia la tua mensa e la tua parola.
Beato il povero che confida,
il mite che non ferisce né condanna,
colui che piange e trasforma la sua pena
in fiume di conforto che non suona.
Felice chi fa il bene senza chiedere nulla,
chi ha lo sguardo e la memoria limpidi,
chi perdona sempre la ferita
e semina pace dove altri seminano gloria.
Beato chi cerca il giusto in ogni gesto,
chi dona il pane senza temere la scarsità,
chi apre l’anima al prossimo e al resto
e in ogni ferita accende la sua dignità.
Che la carità sia il tuo cammino,
che il bene ti guidi, fermo e silenzioso;
e che alla fine del giorno, pellegrino,
il tuo spirito riposi beato.