Canto del Espejo de las Edades del Alma
En el andar por sombras de la vida,
busqué la voz que nunca se marchita,
ni al tiempo rinde su verdad cumplida.
Y por senda remota e infinita
vi al hombre, peregrino caminante,
que busca aquello que la vista evita.
Mas habla lo eterno en su semblante,
en la breve alegría y la amargura,
con firme paso y corazón constante.
De aquella escucha nace esta escritura,
espejo no de edades ya perdidas,
sino del alma y de su siempre albura.
Aquí se hallan señales recogidas
en las estaciones del viaje interior,
por donde van las almas conducidas.
Cada edad trae un propio resplandor,
su caída, su nuevo nacimiento,
su herida oculta y su secreto amor.
A veces se oscurece el firmamento
y todo sentido parece extraviado,
cubierto por clamor y sufrimiento.
Mas sigue un fuego al fondo conservado,
que llama al corazón más allá de sí,
hacia un destino más humanizado.
De aquella luz recibe forma aquí
la memoria de antiguos caminantes,
que guarda lo que somos hasta el fin.
Con ella avanzan idas y retornos,
esperanzas antiguas y dolores,
que visten y desnudan los contornos.
Y como el río baja entre clamores
desde la altura hacia la mar abierta,
venciendo de la tierra los rigores,
así la vida cruza la desierta
región de las tormentas y del llanto,
buscando siempre una verdad despierta.
Interroga al umbral celeste en tanto,
pregunta por el fin de su jornada
y por la causa última del canto.
La gran tradición queda aquí guardada,
del mundo antiguo al verbo del Evangelio,
como huerta que nunca ve agotada
la sazón de su fruto ni su celo.
Desde Dante hasta el tiempo que habitamos,
resuena el mismo anhelo bajo el cielo.
Y aunque entre dudas hoy peregrinamos,
y el mundo se fracture en soledades,
un fuego vive aún que conservamos.
Por eso este libro busca amistades
entre experiencia, pensamiento y canto,
más allá de frágiles mitades.
No ofrece ciencia vana ni quebranto,
mas quiere abrir con fiel serenidad
una puerta a la voz del Espíritu Santo.
Porque fue derramada en su verdad
mi propia vida, con dolor y gozo,
transfigurada en otra claridad.
No para alzar memoria vanidosa,
ni para hacer del nombre monumento,
sino amistad más vasta y generosa.
Pues vive en cada humano pensamiento
aquello mismo que en mi pecho ardía,
cuando buscaba el íntimo fundamento.
Y así la senda de la humanidad
se hizo palabra abierta y testimonio,
del bien entrevisto en la oscuridad.
Si hallaren estas páginas dominio
en el corazón atento que las lea,
será por un antiguo parentesco divino:
que el alma, cuando hacia la luz desea
volver sus ojos y su entendimiento,
en otra alma su origen reconoce y crea.
Entonces el Espejo será viento
que guíe al caminante en la espesura,
como los astros guían el firmamento.
Y sus edades, llenas de hermosura,
mostrarán el principio de la fuente
de donde nace toda criatura.
Y lo que fue búsqueda ferviente
se vuelva oración bajo la altura,
y lo que fue memoria, canto ardiente;
hasta que la noche, oscura e impura,
se abra por fin en resplandor entero
y nazca la verdadera aurora pura.








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