CLAMOR POR LA PAZ
En un teatro de espejismos viejos
desfila un rey que inventa su reinado.
Promete auroras, niega los reflejos,
y alza castillos sobre un mar cansado.
Habla de islas, muros y consejas,
de un mundo en ruinas que él solo repara.
Pero la historia, muda entre sus rejas,
mira su fábula y jamás la aclara.
Y el pueblo escucha, crédulo o vencido,
la voz que truena desde un sueño ajeno.
Mientras la tierra, a golpes, ha aprendido
que el truco es humo y el poder, veneno.
Hoy la verdad camina sin escolta,
y el tiempo escribe, firme, su dictamen.
Ningún titán sostiene lo que inventa:
la luz desnuda siempre cae y llama.
Que callen ya los dioses del estruendo,
que el odio ceda al paso de la aurora.
No hay patria en ruinas que resista el viento
si el hombre olvida al hombre que lo implora.
Que el niño duerma sin temer la noche,
que el viejo encuentre un pan sobre la mesa.
Que nadie trace mapas con un broche
de sangre ajena o de ambición aviesa.
Que vuelva el agua limpia a los caminos,
que el campo cure el fuego de la guerra.
Que el mundo escuche, al fin, sus propios trinos
y aprenda a ser hermano en esta tierra.
Hoy clamo paz, la pido sin banderas:
la paz que nace humilde y se desborda.
La paz que enciende luces verdaderas
y al corazón, cansado, lo recuerda.
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