jueves, 5 de noviembre de 2026

Dalí. La obra pictórica, de Robert Descharnes y Gilles Néret


Este volumen dedicado a Salvador Dalí es mucho más que un catálogo de pinturas: constituye una exploración exhaustiva de uno de los universos creativos más singulares y provocadores del siglo XX. La imagen de portada, centrada en la mirada penetrante del artista, anticipa ya una inmersión en un mundo donde la realidad y el sueño, la razón y el delirio, conviven en tensión permanente.

La obra permite comprender que Dalí no fue únicamente un maestro del surrealismo, sino también un extraordinario dibujante y un pensador visual obsesionado por el tiempo, la memoria, la ciencia, la religión y el subconsciente. Sus célebres paisajes desérticos, poblados por formas metamórficas y objetos imposibles, desafían la lógica ordinaria para abrir espacios de interpretación infinitos. La imagen de la contraportada, con sus estructuras orgánicas y arquitecturas oníricas, resume perfectamente esa capacidad daliniana para transformar lo conocido en una visión inquietante y fascinante.

Los autores, Robert Descharnes y Gilles Néret, contribuyen además a situar cada etapa creativa en su contexto histórico y biográfico, mostrando cómo las obsesiones personales de Dalí se convirtieron en un lenguaje artístico universal. El lector descubre así la evolución de un creador que nunca dejó de reinventarse, desde sus primeras influencias hasta sus grandes composiciones místicas y científicas de madurez.

En última instancia, este libro invita a una reflexión que trasciende la historia del arte: Dalí nos recuerda que la imaginación no es una evasión de la realidad, sino otra forma de conocerla. Sus cuadros actúan como espejos deformantes que revelan dimensiones ocultas de la experiencia humana. Por ello, acercarse a esta obra es aceptar una invitación al asombro, a la duda y a la libertad creadora, valores que siguen haciendo de Dalí una figura imprescindible de la cultura contemporánea.



 

El sueño de África de Javier Reverte

Comentario sobre El sueño de África, de Javier Reverte

El sueño de África no es solamente un libro de viajes. Es, sobre todo, una búsqueda interior narrada a través de un continente que fascina, desconcierta y transforma. Javier Reverte recorre Uganda, Tanzania y Kenia siguiendo las huellas de exploradores, misioneros, cazadores y escritores, pero el verdadero viaje sucede en la mirada del autor, que va descubriendo una África real y compleja, muy distinta de los tópicos occidentales.

La gran virtud de la obra reside en su capacidad para combinar historia, geografía, literatura y experiencia personal. Reverte escribe con una prosa clara y elegante, capaz de alternar la descripción de paisajes inmensos con la evocación de episodios históricos y reflexiones íntimas. África aparece como un territorio de contrastes: belleza y pobreza, alegría y sufrimiento, memoria colonial y esperanza de futuro.

Lejos de la guía turística convencional, el autor convierte cada encuentro humano en una puerta hacia la comprensión de un mundo diverso y profundo. El lector no solo viaja por sabanas, lagos y aldeas, sino también por las páginas de Livingstone, Stanley, Conrad o Karen Blixen, cuyos ecos acompañan constantemente el relato.

En definitiva, El sueño de África es un clásico de la literatura de viajes española porque logra algo poco frecuente: transmitir la emoción auténtica de la aventura y, al mismo tiempo, invitar a una reflexión sobre la historia, la condición humana y el encuentro con el otro. Al cerrar el libro, uno tiene la sensación de que África sigue siendo un sueño, pero un sueño más verdadero, más humano y más cercano que antes de empezar a leerlo.



 

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Consejos de Albert Einstein para vivir mejor cada día



Einstein nos recuerda que la inteligencia, por sí sola, no basta para construir una vida plena. Cuando afirma que «la imaginación es más importante que el conocimiento», no desprecia el saber, sino que señala que el conocimiento describe lo que existe, mientras que la imaginación permite crear lo que todavía no existe. Del mismo modo, cuando insiste en la importancia de la curiosidad, nos invita a mantener viva esa mirada de asombro que suele apagarse con los años. Sus frases conservan vigencia porque nacen de una paradoja: cuanto más comprendía el universo, más consciente era de sus propios límites. En una época que valora la rapidez, el éxito y la especialización, Einstein sigue recordándonos que la verdadera sabiduría comienza con la capacidad de hacerse preguntas y de reconocer que siempre hay algo más grande que nosotros mismos.
Y quizá una de sus enseñanzas más actuales sea esta: el progreso técnico no garantiza el progreso moral. La humanidad puede conquistar las estrellas y, al mismo tiempo, perder el sentido de la fraternidad. Por eso sus palabras trascienden los laboratorios y se convierten en una invitación a vivir con curiosidad, responsabilidad y humildad.
Como diría el propio Einstein, el misterio no es un problema que deba resolverse, sino una realidad ante la que conviene inclinarse con admiración.

1. “No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela”. Conocer a fondo algo y ser capaz de explicarlo de manera sencilla son las mejores pruebas de que dominas esa materia. 

2. “Nunca pienso en el futuro. Llega demasiado pronto”. Hay que aprender a vivir el momento presente para poder disfrutar el día a día. Si actúas bien en el momento presente, no tienes que preocuparte por el futuro porque seguramente te traerá cosas buenas.    

3. “Lo importante es no dejar de hacerse preguntas”. Tener curiosidad, no dejar de fascinarnos y tener algunas dudas es lo que nos mueve a buscar soluciones y nos mantiene motivados.  

4. “Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida”. El sentido de entrega y el de crecer a través de servir a los demás seguro que estuvieron muy presentes para Albert Einstein. A  pesar de que él era una figura que destacaba sobre los demás, a pesar de la soledad del estudio, el laboratorio y la creación del genio, vemos que el sentido que tenía todo para él era social, conseguir un mundo mejor.  

5. “En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”. Cuando las soluciones que conocemos ya no funcionan, están “agotadas” y parece no haber salidas, es que ha llegado el momento de crear nuevas vías e impulsar el progreso personal y social. La imaginación es tanto o más importante que el conocimiento. ¿Por qué? Porque solo así lograrás hacer cosas distintas al resto. 

6.“Quien nunca ha cometido un error, nunca ha probado algo nuevo”.Todos cometemos errores, pero eso significa que lo hemos intentado. Antes de lograr el éxito, es probable que fracases varias veces, lo importante es continuar luchando. 

7.“El aprendizaje es experiencia. Todo lo demás es sólo información”. Aprender haciendo, y poner en práctica lo aprendido son fundamentales para que los aprendizajes tengan alguna utilidad. Como decían los sabios antiguos, vale más un gramo de experiencia que toneladas de teoría. 


sábado, 31 de octubre de 2026

Don Carlo Emanuele Ruspoli



El Ilmo. Sr. Don Carlos Cortina, Delegado de la Orden de los Santos Mauricio y Lázaro, es aprendiz de músico y cuando ingresa un Caballero o Dama en la Delegación para España, le compone una partitura, inspirada en la estructura musical de la Patum de Berga, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, según declaración de la UNESCO de 25 de noviembre de 2005.

Esa es la razón por la que con estas letras me ha remitido la composición *Don Carlo Emanuele Ruspoli*.

Consta de dos frases de 16 compases cada una, a ritmo ternario, que se repiten dos veces para concluir con la interpretación de las dos frases, pero a ritmo binario, lo que se denomina _el rebatut_.

La partitura está en la tonalidad de _sol menor_ que evoluciona a _Sol Mayor_ en la segunda frase.

La Patum es una celebración popular que nació como entremés para acompañar la procesión de Corpus Christi.

A continuación, hay una recopilación visual que captura la majestuosidad de la Patum de Berga y su arraigo popular, ideal para inspirar el trasfondo de su solemne composición en honor a Don Carlo Emanuele Ruspoli.







 




 



 


miércoles, 28 de octubre de 2026

La inteligencia artificial IA ¿puede extinguir la humanidad?

La idea de que la inteligencia artificial pueda provocar la extinción de la humanidad ha fascinado a escritores, filósofos y cineastas durante décadas. La saga Terminator convirtió ese temor en una poderosa metáfora: una creación humana, Skynet, alcanza conciencia propia, concluye que la humanidad es una amenaza para su existencia y decide eliminarla. No es una historia sobre máquinas malvadas, sino sobre una tecnología inmensamente poderosa desarrollada sin la prudencia necesaria.

Sin embargo, más allá del cine, el escenario de Terminator pertenece al terreno de la ficción. Las inteligencias artificiales actuales no poseen voluntad propia, instinto de supervivencia ni deseos de dominación. Son herramientas sofisticadas capaces de procesar información, generar contenido y asistir en tareas complejas, pero carecen de conciencia y objetivos independientes.

El temor que refleja la película sigue siendo valioso porque nos obliga a plantearnos preguntas fundamentales: ¿quién controla la tecnología?, ¿qué límites éticos deben establecerse?, ¿cómo evitar que sistemas cada vez más capaces sean utilizados de forma irresponsable? En ese sentido, el verdadero riesgo no es una rebelión de las máquinas, sino los errores, abusos o negligencias de quienes las diseñan y emplean.

Quizá la lección más profunda de Terminator no sea que las máquinas acabarán con nosotros, sino que el ser humano debe asumir la responsabilidad de sus propias creaciones. Como decía la propia saga de forma implícita, el futuro no está escrito. La inteligencia artificial puede convertirse en una amenaza o en una de las herramientas más extraordinarias de progreso, dependiendo de la sabiduría con la que la guiemos.

En última instancia, la pregunta no es si la IA será humana, sino si los humanos seremos lo bastante prudentes y humanos al utilizar la IA. Esa diferencia puede decidir el destino de nuestra civilización mucho antes que cualquier Skynet imaginaria. 

martes, 27 de octubre de 2026

Halloween ya se celebraba en España antes que en EEUU

Me ha parecido interesante la tesis del artículo: que Halloween no es una costumbre tan ajena a España como a veces pensamos. Según la página que estás leyendo, muchas de las prácticas que hoy asociamos a Halloween, como las calabazas iluminadas, las procesiones nocturnas o la relación simbólica entre vivos y difuntos en la víspera de Todos los Santos, existían en diversas zonas rurales españolas mucho antes de popularizarse la versión estadounidense.

Como comentario personal, diría que Halloween no ha sustituido necesariamente nuestras tradiciones, sino que ha servido para recordar algo que ya estaba presente en la cultura europea desde antiguo: la necesidad de dedicar un momento del año a la memoria de los muertos. Lo que ha cambiado es la estética. Donde antes había candiles, rezos, visitas al cementerio o relatos junto al fuego, hoy encontramos disfraces, calabazas y celebraciones más lúdicas.

Tal vez la verdadera cuestión no sea si Halloween es americano o español, sino si somos capaces de conservar el significado profundo de esas fechas: el recuerdo de quienes nos precedieron. En ese sentido, una calabaza iluminada y una vela ante la tumba de un ser querido pueden formar parte de una misma tradición humana, la de no olvidar.



A pesar de nuestra fama de apuntarnos a cualquier fiesta, seguimos teniendo reticencias a celebrar Halloween por considerarlo una tradición americana casi impuesta. Sin embargo, Halloween ya se celebraba en España mucho antes que en EE. UU. Y podemos afirmar que Halloween se ha celebrado desde la antigüedad, mucho antes de que existieran los EE. UU.

Podemos remitirnos a los antiguos celtas y celebrar con ellos el Samhain o Samaín o podemos irnos hasta la España rural de los años 50, por ejemplo, para comprobar cómo la víspera del Día de Todos los Santos, los pueblos se llenaban de calabazas con luces al más puro estilo americano. También podemos salir como en una especie de procesión disfrazados y ofrecer dulces a los muertos en los cementerios de toda nuestra geografía.

Todo con el mismo motivo que nos trae Halloween, esa interacción entre vivos y muertos que solo se da una vez al año. En Queridos Recuerdos queremos sumarnos a la celebración.

El origen de Halloween

Como ocurre con la mayoría de las fiestas religiosas, el Día de Todos los Santos tiene un origen pagano; o más bien la noche previa. Samhain es una antigua tradición celta que celebraba el fin de las cosechas, era considerado una especie de Año Nuevo y hacía referencia también al final del verano. La tradición afirmaba que la noche de Samhain los espíritus de los muertos volvían y se mezclaban con los vivos, en unos casos para llevarse algunas almas y en otros casos con un carácter más sociable y lúdico.

La iglesia, en un movimiento más (véase la Navidad y las Saturnalia) de si no puedes con tu enemigo, únete a él, cambió la fecha del Día de Todos los Santos del 13 de mayo al 1 de noviembre. Y así todos contentos porque la víspera se podía seguir celebrando esa antigua fiesta pagana pero ya envuelta en el ortodoxo manto de la iglesia. Hay que recordar, que la fiesta nocturna pervivió en la España rural hasta bien entrados los 70 y a partir de ese momento la tradición fue decayendo hasta que se obró el milagro comercial de Halloween por obra y gracia de la influencia estadounidense.

A Estados Unidos Halloween llegó a mediados del siglo XIX de la mano de los irlandeses, fieles guardianes de las tradiciones celtas. Y especialmente de la mano del personaje Jack el del Farol, condenado a vagar eternamente en la oscuridad. Si tienes que vagar en la oscuridad por toda la eternidad, será mejor que te proveas de un poco de luz y eso es lo que hizo el amigo Jack, que iba a todas partes con un tizón ardiendo metido dentro de una calabaza.


viernes, 16 de octubre de 2026

Frases inspiradoras de gratitud

Una imagen evocadora, cálida y contemplativa para acompañar las frases sobre la gratitud. La luz del atardecer, las flores silvestres, el libro abierto a la reflexión y el paisaje amplio buscan transmitir precisamente esa idea que contienen las citas: la felicidad nace de una mirada agradecida sobre lo cotidiano.

Algunas frases tienen un valor sencillo pero profundo: nos recuerdan que la gratitud no nace de poseer mucho, sino de aprender a mirar de otra manera lo que ya tenemos. Frases Inspiradoras De Gratitud insiste en una idea central: la felicidad suele esconderse en lo cotidiano y, cuando cultivamos el agradecimiento, disminuye el peso de lo que nos falta.

Me parece especialmente hermosa la frase atribuida a Rumi: «Usa la gratitud como un manto y alimentarás cada rincón de tu vida». No presenta la gratitud como una emoción pasajera, sino como una actitud permanente que envuelve la existencia entera.

También resulta muy acertada la observación de Germany Kent: cuando empezamos a contar nuestras bendiciones, dejamos de obsesionarnos con nuestras carencias. No porque desaparezcan los problemas, sino porque recuperamos una visión más equilibrada de la realidad.

La frase de Marcel Proust posee una especial delicadeza: «Agradezcamos a las personas que nos hacen felices; son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestras almas». Nos recuerda que la gratitud no debe dirigirse solo a la vida o al destino, sino también a quienes, con su amistad, afecto o compañía, han contribuido a nuestro crecimiento interior.

Si tuviera que resumir el espíritu de todas ellas en una sola reflexión, diría: La gratitud no cambia necesariamente nuestras circunstancias, pero sí transforma nuestra mirada. Y cuando cambia la mirada, el mundo entero parece más luminoso.