miércoles, 8 de julio de 2026

La Duquesa de Osuna (1950-2026)

 

Esta foto es de mi boda con su hermana María de Gracia, en 1975.

A Ángela María de Solís‑Beaumont Téllez-Girón, en su tránsito. En memoria de la Duquesa de Osuna, amiga y cuñada, guardiana de un amor de 45 años


En la casa antigua del tiempo,

donde las edades del alma se miran unas a otras,

hoy se ha cerrado una puerta con suavidad.

No con estrépito,

no con sombra,

sino con ese gesto noble

que sólo conocen quienes han vivido con dignidad.


Ángela María, 

nombre de estirpe y de luz,

tú que en los días primeros

defendiste mi lugar junto a María de Gracia,

como quien protege una llama recién nacida,

como quien sabe reconocer en un joven

la verdad de un destino compartido.


Fuiste puente,

fuiste amparo,

fuiste la voz discreta que aparta ruidos

para que el amor pueda escucharse a sí mismo.


Hoy tu ausencia pesa,

pero no cae:

se eleva.

Porque hay vidas que no se apagan,

sino que ascienden a la memoria

como un estandarte silencioso.


Te veo en Sevilla, en Espejo,

en Madrid,

en los nombres que heredaste y honraste,

pero sobre todo te veo

en aquel gesto tuyo —tan tuyo—

de mirar con bondad y decidir con firmeza.


Duquesa de Osuna, sí,

pero para mí siempre

Ángela María,Yaya :

la amiga,

la cuñada,

la presencia que acompañó mi historia

desde el primer latido de mi matrimonio

hasta este día en que te despido

con gratitud y con respeto.


Que tu paso sea leve,

que tu memoria sea alta,

que tu nombre permanezca

como permanecen las columnas antiguas

que sostienen el cielo de la familia.


Hoy, en silencio,

te doy gracias.

Y en ese silencio,

sé que me escuchas.

En 2019 con su inseparable vaso de Coca-cola


lunes, 6 de julio de 2026

Las Termas de Caracalla


Hay lugares donde la historia no duerme, sino que espera. Las Termas de Caracalla, levantadas para el ocio imperial y la magnificencia pública, son uno de esos espacios donde la piedra conserva memoria y la memoria se vuelve escenario. En verano, cuando Roma respira más lentamente y el aire se vuelve casi ceremonial, este recinto antiguo se transforma en un teatro al aire libre, como si la arquitectura quisiera recuperar su vocación de reunión, de espectáculo, de comunidad.

El mármol derruido, las bóvedas abiertas al cielo, los muros que aún guardan el eco de miles de vidas, se convierten en parte del decorado. No es un teatro que imita la antigüedad: es la antigüedad misma que se ofrece como teatro. Cada ópera, cada concierto, cada gesto sobre el escenario parece dialogar con los siglos, como si los intérpretes fueran huéspedes de un templo que nunca dejó de serlo.

Allí, el verano romano adquiere un tono distinto: la noche se vuelve liturgia, la música se eleva entre ruinas que no son ruinas, sino testigos. Y el público, sentado bajo las estrellas, participa de una ceremonia que une lo que fue con lo que es, lo que permanece con lo que se renueva.

Es un lugar donde el tiempo se abre como un abanico, y donde el arte —por unas horas— devuelve a las Termas su antigua grandeza: la de ser un espacio para el cuerpo, sí, pero también para el alma.

domingo, 5 de julio de 2026

Adolfo Suarez (1932-2014)

 

Adolfo Suárez: la dignidad que fundó nuestra democracia

Cincuenta años después de su llegada a la presidencia del Gobierno, el nombre de Adolfo Suárez sigue siendo, para muchos españoles, sinónimo de concordia, valentía y altura moral. Para otros, sorprendentemente, su figura permanece envuelta en una especie de silencio injusto, como si la Transición —ese milagro político y humano que permitió que España se reencontrara consigo misma— hubiera surgido por generación espontánea. Nada más lejos de la verdad.

Suárez fue el artífice decisivo de la Transición querida por el Rey Juan Carlos, el hombre capaz de convertir una visión regia en una realidad política. Y lo hizo con una mezcla de serenidad, audacia y sentido del deber que hoy resulta casi irrepetible.

Tuve la suerte de conocerlo personalmente. En su trato directo descubrí algo que los libros de historia apenas pueden transmitir: la nobleza silenciosa de quien sabe que está trabajando para un país entero, no para sí mismo. Su mirada transmitía una convicción tranquila, una certeza íntima de que España podía ser mejor si se la conducía sin miedo y sin rencor. Esa serenidad —tan poco frecuente en la política de cualquier época— fue la que permitió que millones de españoles confiaran en él.

La Transición no fue un proceso automático. Fue una obra humana, frágil y gigantesca a la vez. Suárez tuvo que enfrentarse a un país dividido, a un terrorismo que golpeaba sin descanso, a la desconfianza internacional y a la tentación permanente de los extremismos. Sin embargo, eligió siempre el camino más difícil: el de la concordia, el de la ley, el del respeto al adversario. Su legado no es solo político; es moral.

Esa grandeza se refleja también en su familia. Soy amigo de su hijo, Adolfo Suárez Illana, a quien tengo una simpatía profunda y sincera. En él reconozco la continuidad de una forma de estar en el mundo: discreción, cortesía, lealtad y una elegancia que no necesita estridencias. Lleva el apellido con dignidad, sin explotarlo, sin convertirlo en arma ni en escudo. Su presencia confirma que la herencia de Suárez no se limita a la historia: sigue viva en quienes la encarnan con honestidad.

Hoy, cuando España atraviesa momentos de confusión moral y política, conviene recordar que hubo un tiempo —no tan lejano— en que la palabra “política” significaba servicio, responsabilidad y grandeza. Suárez no fue perfecto, porque ningún ser humano lo es. Pero fue, sin duda, el presidente que hizo posible que España se reencontrara consigo misma.

Quizá no hemos sido del todo justos con él. Quizá la memoria pública no ha sabido agradecerle lo suficiente. Pero quienes lo conocimos, quienes tratamos a su familia, quienes vivimos aquella época, sabemos que su figura permanece intacta en lo esencial: la dignidad de un hombre que eligió unir cuando otros querían dividir.

Recordarlo no es nostalgia. Es un acto de justicia.

viernes, 3 de julio de 2026

Estados Unidos en su 250 aniversario



Canto a la cultura de Estados Unidos en su 250 aniversario


En dos siglos y medio se alza un canto,
nacido en la frontera y la esperanza,
que hizo del sueño un mapa de horizontes
y del coraje un modo de ser mundo.

Forjó su voz el jazz en Nueva Orleans,
y el alma ardió en guitarras de Memphis;
Hollywood encendió mitos eternos
que dieron luz al tiempo de la tierra.

La ciencia abrió las puertas del espacio,
la letra habló del hombre y sus abismos,
y el verso libre, hijo de Whitman, dijo
que toda vida es río hacia lo alto.

Protesta y fe, heridas y grandeza,
tejieron su relato contradictorio:
un pueblo que se inventa y se renueva
como quien busca siempre amaneceres.

Hoy, al cumplir su cuarto de milenio,
la nación que nació sobre un papel
ofrece al mundo un vasto testimonio:
la libertad es llama que se comparte.

Y así perdura, firme en su destino,
la cultura que abrió caminos nuevos:
un canto azul que cruza continentes
y en cada voz despierta otra frontera.


En el marco de los 250 años desde la Declaración de Independencia, la cultura norteamericana se revela como uno de los grandes torrentes creativos de la modernidad. Lo que Estados Unidos ha aportado al mundo no es solo una sucesión de iconos —literarios, musicales, cinematográficos, científicos— sino una gramática emocional y estética que ha moldeado nuestra manera de narrar la vida. Desde el jazz nacido en Nueva Orleans hasta Hollywood como fábrica global de mitos; desde la literatura que disecciona la conciencia moderna hasta la ciencia que abrió las puertas del cosmos; desde la protesta social convertida en música hasta la tecnología que transformó nuestra relación con el conocimiento, la cultura estadounidense ha sido un laboratorio de imaginación y contradicción, capaz de convertir la experiencia individual en relato universal.

Este aniversario no es solo una efeméride política: es la ocasión para reconocer que, con sus luces y sus sombras, Estados Unidos ha ofrecido al mundo una energía creativa inagotable, una capacidad única para generar símbolos, para reinventarse y para proyectar hacia el futuro una idea de libertad que sigue influyendo en cómo pensamos, cómo soñamos y cómo contamos nuestras historias.

domingo, 28 de junio de 2026

Recuerdos de Carlos Pinedo Texidor

 



Este libro es un año convertido en constelación. Cada página es una perla, sí, pero también una brújula: una tentativa de orientarse en el caos cotidiano sin perder la delicadeza de la mirada. El autor no busca construir una gran teoría de la vida; busca algo más difícil: escuchar lo que la vida le dice cuando baja la voz.

Hay en estas 365 impresiones una ética de la atención. El gesto de detenerse cada día —aunque sea un instante— para nombrar lo que importa, lo que duele, lo que salva. Y al hacerlo, el diario se vuelve un espejo: uno en el que el lector descubre que también su propio año está hecho de pequeñas epifanías que suelen pasar inadvertidas.

Lo más hermoso es que el autor no pretende enseñar nada. Solo comparte. Y en esa humildad está la fuerza del libro: la certeza de que la vida, cuando se escribe con verdad, no necesita adornos para ser luminosa.




viernes, 19 de junio de 2026

El Verbo en Verso de Carlo Emanuele Ruspoli (2026)

 


El Verbo en Verso no es solo un libro: es una invocación poética al misterio de la Palabra hecha carne, un intento de devolver al lenguaje su función original de revelación. En sus páginas, los cuatro Evangelios se transfiguran en canto, y cada verso se convierte en un acto de contemplación.

El lector —sea caballero, dama, creyente o buscador de sentido— encontrará aquí una liturgia íntima, donde la belleza y la fe se abrazan para despertar la vocación dormida del alma.

Este libro está destinado a quienes desean volver a la fuente, a quienes sienten que la Orden —tan rica en historia, servicio y dignidad— necesita reavivar su llama espiritual. En tiempos donde la acción corre el riesgo de eclipsar la contemplación, El Verbo en Verso recuerda que toda obra de misericordia nace de la oración y del silencio fecundo ante el misterio de Cristo.

Su lectura puede inspirar nuevas vocaciones, no solo religiosas, sino también morales y culturales: hombres y mujeres que comprendan que servir al prójimo es servir al Verbo.

Cada poema es una llamada a la obediencia interior, a la humildad que precede a la grandeza, a la caridad que da sentido al honor.

El Gran Maestre y el Soberano Consejo hallarán en estas páginas un espejo de la misión original de la Orden: custodiar la fe, sanar las heridas del mundo y mantener viva la llama de la esperanza.

La obra, editada (en principio) bajo los símbolos de la Orden de Malta, se convierte así en un testimonio de continuidad entre la palabra y la acción, entre la cruz y el servicio, entre la poesía y la obediencia.

Porque El Verbo en Verso no solo se lee: se reza, se contempla y se vive.



sábado, 13 de junio de 2026

Peregrinos de la belleza de María Belmonte



Peregrinos de la belleza es uno de esos libros que no se leen: se habitan. Sorprende por su riqueza serena, por la cantidad de pasajes maravillosos que despliega sin esfuerzo, por las anécdotas deslumbrantes que iluminan a cada viajero y por la sensibilidad exquisita con la que María Belmonte convierte el Mediterráneo en una patria espiritual. Es un libro que ensancha la mirada y devuelve al lector la antigua alegría de viajar con el alma despierta.