Madrid
La tarde cae despacio en los balcones,
y el cielo afina un gris casi dorado.
Madrid respira en hondos pulsaciones,
como un latido antiguo y sosegado.
Camino entre los restos de la prisa,
los nombres que la calle me devuelve,
la luz que en cada esquina se desliza
y el tiempo que se esconde y se resuelve.
Hoy todo es un rumor de despedida,
un gesto que se inclina hacia lo eterno,
un hilo que sostiene nuestra vida
mientras la sombra avanza desde el invierno.
Y aun así, en lo pequeño, se ilumina
la gracia de seguir, de estar, de ahora:
la voz que en lo invisible nos destina,
la paz que en lo más frágil se atesora.
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