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viernes, 20 de enero de 2017

Alwin van der Linde en Madrid

REALISMO CONCEPTUAL

Mi meta es desarrollar nuevas perspectivas dentro de la figuración, y de comunicar mi fascinación con la observación de la naturaleza a traves de mi obra. La interpretación de la realidad y su percepción son el resultado de una larga tradición y cada época impone el reto de una nueva interpretación estética y espiritual que hace que el Arte refleje su época y lleve a la Humanidad hacia una nueva etapa de expresión cultural.

Intento dar al llamado realismo tradicional un contenido espiritual y una estética particular que refleje una investigación hacia lo invisible. Creo que la intención creadora, o digamos la parte espiritual e invisible son igual de importantes que la parte visible y técnica de una obra de arte.

La realidad es territorio de los sueños, y los sueños son territorio de símbolos. Los símbolos ayudan a expresar y entender ideas, ordenan y conectan el consciente con el subconsciente. El uso de símbolos, referencias culturales, color, composición y el tema elegido crean la emoción. El tema de un cuadro es el mismo cuadro. Todos mis cuadros hablan de lo mismo, el constante esfuerzo al acercarme al misterio de la vida, expresar su complejidad, buscar la forma más eficaz, la estética más adecuada para mostrar la estructura del invisible.

Una obra de arte retiene el tiempo y desde su silencio la emoción que nos produce lleva al espíritu a infinitas direcciones. Al pintar un tema desde la observación de la realidad sale del fluir del tiempo para ponerlo en el silencio donde nuestros pensamientos le darán vida de nuevo.

Mi pintura no determina. Mis cuadros no son narrativos de una historia en particular, sino observaciones del mundo que llevan en si todos sus misterios. Tampoco son hiperrealistas. No tengo ningún interés en pintar una foto. Cada centímetro cuadrado lleva mi decisión estética y contribuye al equilibrio final. Lo que distingue la pintura de la fotografía es la trasmisión directa de la idea hacia la materia sin intervención de procedimientos técnicos. La creación reordena el caos de la información perceptiva en imágenes que a través de su armonía y equilibrio hablan de la estructura del universo. El Arte y la Filosofía o la libertad de pensar, son sinónimos en esencia como lo son la Verdad y la Belleza. Solo el Arte es capaz de trascender una experiencia personal en una verdad universal.

Una pintura bien ejecutada refleje un equilibrio perfecto dentro de la estructura de la sombra y de la luz, color puro e impuro, paz y conflicto. Las fuerzas opuestas crean una tensión y trasmiten el mensaje de la intención inicial. Crear es bailar alrededor del centro. El gesto lleva la emoción.

La pintura como materia no me interesa nada. Me interesa la posibilidad de crear una ventana abierta al misterio. Me siento a veces como una impresora ejecutando con mis manos lo que me dicta mi espíritu. La pintura es esa comunión directa entre la mente y la materia.

También creo música electrónica, videos y fotografía digital. Son caminos distintos con sus propios retos. Permiten una experimentación audio y visual que influyen en la creación de una nueva estética o forma de percibir el mundo contemporáneo.

Alwin van der Linde Madrid, 2009





miércoles, 20 de julio de 2016

Bosch o el Bosco en España

EL BOSCO

 El jardín de las delicias

El triunfo de la muerte

La mesa de los Pecados Capitales


Jheronimus van Aken, llamado familiarmente Joen y conocido como Jheronimus Bosch, en España el Bosco (Bolduque, c. 1450-1516) fue un pintor del norte del Ducado de Brabante, en los actuales Países Bajos, autor de una obra excepcional tanto por la extraordinaria inventiva de sus figuraciones y los asuntos tratados como por su técnica, al que Erwin Panofsky calificó como artista «lejano e inaccesible» dentro de la tradición de la pintura flamenca a la que pertenece.

El Bosco no fechó ninguno de sus cuadros y son relativamente pocos los que llevan una firma que pueda considerarse no apócrifa. Lo que se conoce de su vida y de su familia procede de las escasas referencias que aparecen en los archivos municipales de 's-Hertogenbosch y, en especial, en los libros de cuentas de la cofradía de Nuestra Señora, de la que fue miembro jurado. De su actividad artística tan solo se documentan algunos trabajos menores no conservados y el encargo de un Juicio Final que en 1504 le hizo Felipe el Hermoso. Ninguna obra se le puede atribuir con absoluta seguridad y las características de su singular estilo se han podido fijar únicamente a partir de un reducido número de obras mencionadas en las fuentes escritas, posteriores todas ellas a la muerte del pintor y, en algún caso, de dudosa fiabilidad, al no distinguirse desde muy pronto las obras del Bosco de las de sus imitadores. El Bosco adquirió aún en vida fama como inventor de figuras maravillosas y de imágenes llenas de fantasía y no tardaron en salirle seguidores y falsificadores que harían de sus temas e imaginaciones un verdadero género artístico, difundido también a través de estampas —muchas de ellas firmadas por Hieronymus Cock— y tapices bordados en Bruselas.

Felipe II, entre los primeros y más insignes coleccionistas de sus obras, pudo reunir un importante número de ellas en el Monasterio de El Escorial. En su entorno surgieron también los primeros críticos e intérpretes de la obra del Bosco. El jerónimo fray José de Sigüenza, historiador de la fundación escurialense, resumió las razones de esa preferencia en su singularidad como pintor, pues, explicaba: la diferencia que a mi parecer hay de las pinturas de este hombre a las de los otros, es que los demás procuraron pintar al hombre cual parece por de fuera; este solo se atrevió a pintarle cual es dentro.

Si me preguntaran, que no lo hacen, en que momento me hubiera gustado vivir y de qué manera, les diría que una de la épocas y fórmulas elegidas hubiera sido la de ser monje en uno de los conventos rurales de la Edad Media. Vida ordenada, buenos alimentos cultivados en las propias huertas y cuidados en sus corrales, buen vino, cerveza y licores  y buena gastronomía y repostería. A añadir la estimulante vecindad de buenas mozas que se acercaban por el convento. Y, por si fuera poco, facilidades  para tener una buena muerte e ir derecho al cielo o a través de una breve estancia en el purgatorio.

Pero, además, buenas lecturas de los papiros antiguos, estudios e investigaciones científicas y… sobre todo, el ejercicio de la pintura en el adorno de los libros que, imparablemente, transmitían a la posteridad. Verdaderas maravillas que todavía no están suficientemente reconocidas, valoradas y popularizadas.

Tenía el propósito de ver la exposición de El Bosco, uno de los santos de mi devoción, pero he tenido ocasión de ver, en pantalla gigante, un reportaje impresionante, sobre sus cuadros y su vida, que me hace dudar ante la alternativa de verlos entre el bosque de cogotes de la exposición.
Que deseable sería poder ver más películas sobre obras maestras de artistas. Encuentro algún defecto como es que los comentarios en otros idiomas no estén doblados lo que obliga a mirar los letreros de la traducción sacando la mirada del cuadro. También la habitual pedantería de los “expertos” que se desviven buscando y explicándonos lo “que quiso decir”, lo literario.

Menos mal que allí estaba Barceló para decirnos que a él no le interesa la interpretación (el mensaje), sino lo visual, lo pictórico. Los “expertos” pretenden, siempre, hacer literatura de una obra de arte, buscan anécdotas, mensajes y símbolos, mientras que para Barceló, los artistas buscan lo visual, la creatividad, la poesía. De ahí que el Arte Conceptual, que los “expertos” aplauden, apoyan y venden es, como su nombre indica, un 90% conceptual y un 10% Arte. Pero amigos, el Arte es otra cosa.

Se tiene a El Bosco como un pintor misterioso y enigmático porque se conoce poco de su biografía, pero es probable que no la tenga. Simplemente, creo yo, fue un pintor, hijo y nieto de pintores, ensimismado y ocupado, rutinariamente, en su labor. También se le tiene como a un pintor aislado, sin influencias precedentes, pero yo no lo veo así. Yo lo veo inmerso en una época en que muchos artistas vertían su imaginación y creatividad en la representación de seres fantásticos en convivencia con los humanos, como podemos contemplar en las alucinantes gárgolas y las fantásticas tallas, en la piedra y en la madera, de las catedrales góticas.

Y volviendo al principio, a las milagrosas fábricas de Arte y sabiduría que eran los conventos medievales, podemos considerar a El Bosco influido, también, por las maravillosas ilustraciones que inundan los libros en que los monjes nos transmitían la sabiduría antigua.

No cabe duda de que el tiempo, en aquellos recintos, debía tener otra dimensión pues aquellos maravillosos e incógnitos artistas no se limitaron a copiar y traducir los antiguos escritos que custodiaban, sino que inventaron nuevas caligrafías cuyas letras eran, ya, verdaderos hallazgos pictóricos y hacían de cada página, adornada de miniaturas de gran minuciosidad e inventiva, una obra maestra.

 Vemos, en ellas, infinidad de pinturas, ejecutadas con atractivas tintas, dando vida a motivos, desde la más exigente figuración a la más delirante abstracción, pasando por el surrealismo más imaginativo.

Nunca conoceremos los nombres de estos artistas a los que debemos tanto, pero sus obras, tan ignoradas, son comparables a las de los grandes maestros que se expresaron en lienzos, paredes y maderas.

El Bosco fue, sencillamente, uno más de ellos, que escapó saltando, artísticamente, la tapia del convento.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Miguel Ángel, los secretos ocultos en sus obras maestras, de William E. Wallace

Muy interesante este libro de Wallace patrocinado por Ocaso sobre los secretos de las obras del excelso artista. Michelangelo Buonarroti (Caprese, 6 de marzo de 1475-Roma, 18 de febrero de 1564), conocido en español como Miguel Ángel, fue un arquitecto, escultor y pintor italiano renacentista, considerado uno de los más grandes artistas de la historia tanto por sus esculturas como por sus pinturas y obra arquitectónica. Desarrolló su labor artística a lo largo de más de setenta años entre Florencia y Roma, que era donde vivían sus grandes mecenas, la familia Médici de Florencia y los diferentes papas romanos. Fue el primer artista occidental del que se publicaron dos biografías en vida: Le vite de' più eccellenti pittori, scultori e architetti, de Giorgio Vasari, publicada en 1550 en su primera edición, en la cual fue el único artista vivo incluido, y Vita de Michelangelo Buonarroti, escrita en 1553 por Ascanio Condivi, pintor y discípulo de Miguel Ángel, que recoge los datos facilitados por el mismo Buonarroti. Fue muy admirado por sus contemporáneos, que le llamaban el Divino. Benedetto Varchi, el 12 de febrero de 1560, le envió una carta en nombre de todos los florentinos diciéndole:...toda esta ciudad desea sumisamente poderos ver y honraros tanto de cerca como de lejos... Vuestra Excelencia nos haría un gran favor si quisiera honrar con su presencia su patria.Tolnay (1978, p. 14)
Triunfó en todas las artes en las que trabajó, caracterizándose por su perfeccionismo. La escultura, según había declarado, era su predilecta y la primera a la que se dedicó; a continuación, la pintura, casi como una imposición por parte del papa Julio II, y que se concretó en una obra excepcional que magnifica la bóveda de la Capilla Sixtina; y ya en sus últimos años, realizó proyectos arquitectónicos.


martes, 6 de octubre de 2015

Rogier van der Weyden

El descendimiento de la cruz (en neerlandés, De Kruisafneming), es considerada la obra maestra del pintor flamenco Rogier van der Weyden. Es un óleo sobre tabla, pintado con anterioridad al año 1443, probablemente hacia 1435. Mide 220 cm de alto y 262 cm de ancho. Se exhibe actualmente en el Museo del Prado de Madrid. Es conocido, generalmente, como El Descendimiento. Este cuadro es la sección central de un tríptico pintado por Rogier van der Weyden como encargo de la guilda o gremio de los ballesteros de Lovaina, para la capilla de Onze Lieve Vrouw van Ginderbuiten (Nuestra Señora Extramuros). En honor a dicho gremio, el artista incluyó diminutas ballestas en los ángulos de la composición. En la iglesia de Lovaina estuvo El Descendimiento durante más de cien años. La regente de los Países Bajos María de Hungría, reputada coleccionista y hermana de Carlos V, llegó a un acuerdo de canje con los responsables del templo: obtuvo la pintura original a cambio de un órgano valorado en 1.500 florines y una réplica del Descendimiento pintada por Michel Coxcie. Conforme está acreditado documentalmente por Vicente Álvarez, en el año 1549 el cuadro ya estaba en poder de María de Hungría. Durante un viaje realizado por los Países Bajos lo vio el príncipe Felipe de España, quien lo adquirió de su tía y en 1555 se lo llevó a España. La obra fue enviada en un barco, que naufragó, pero debido a que el embalaje que la preservaba era muy bueno la pintura apenas sufrió.


miércoles, 15 de julio de 2015

Francesco Ruspoli, artista surrealista.

Os presento un primo, gran pintor surrealista, que está haciendo furor en el mundo del arte contemporáneo. Es un movimiento artístico y literario que surgió en Francia después de la Primera Guerra Mundial y que se inspira en las teorías psicoanalíticas para intentar reflejar el funcionamiento del subconsciente, dejando de lado cualquier tipo de control racional. Masson adoptó enseguida las técnicas del automatismo, hacia 1923-1924, poco después de conocer a Breton. Hacia 1929 las abandonó para volver a un estilo cubista. Por su parte, Dalí utilizaba más la fijación de imágenes tomadas de los sueños, según Breton, «...abusando de ellas y poniendo en peligro la credibilidad del surrealismo...»; inventó lo que él mismo llamó método paranoico-crítico, una mezcla entre la técnica de observación de Leonardo da Vinci, por medio de la cual, observando una pared se podía ver cómo surgían formas y técnicas de frottage; fruto de esta técnica son las obras en las que se ven dos imágenes en una sola configuración. Óscar Domínguez inventó la decalcomanía (aplicar gouache negro sobre un papel el cual se coloca encima de otra hoja sobre la que se ejerce una ligera presión, luego se despegan antes de que se sequen). Además de las técnicas ya mencionadas de la decalcomanía y el frottage, los surrealistas desarrollaron otros procedimientos que incluyen igualmente el azar: el raspado, el fumage y la distribución de arena sobre el lienzo encolado. Miró fue para Breton el más surrealista de todos, por su automatismo psíquico puro. Su surrealismo se desenvuelve entre las primeras obras donde explora sus sueños y fantasías infantiles (El Campo labrado), las obras donde el automatismo es predominante (Nacimiento del mundo) y las obras en que desarrolla su lenguaje de signos y formas biomorfas (Personaje lanzando una piedra). Arp combina las técnicas de automatismo y las oníricas en la misma obra desarrollando una iconografía de formas orgánicas que se ha dado en llamar escultura biomórfica, en la que se trata de representar lo orgánico como principio formativo de la realidad.
René Magritte dotó al surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas y su significado denotado a través de palabras poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y el real. Paul Delvaux carga a sus obras de un espeso erotismo basado en su carácter de extrañamiento en los espacios de Giorgio de Chirico. El surrealismo penetró la actividad de muchos artistas europeos y americanos en distintas épocas. Pablo Picasso se alió con el movimiento surrealista en 1925; Breton declaraba este acercamiento de Picasso calificándolo de «...surrealista dentro del cubismo...». Se consideran surrealistas las obras del período Dinard (1928-1930), en que Picasso combina lo monstruoso y lo sublime en la composición de figuras medio máquinas medio monstruos de aspecto gigantesco y a veces terrorífico. Esta monumentalidad surrealista de Picasso puede ponerse en paralelo con la de Henry Moore y en la poesía y el teatro con la de Fernando Arrabal.
Otros movimientos pictóricos nacieron del surrealismo o lo prefiguran, como por ejemplo el Art brut. Y finalmente:
"Dalí aportó al surrealismo el llamado método paranoico-crítico, que consiste en la mezcla de imágenes creadas al azar con otras que le son obsesivas; la palabra surrealismo la empleó Apollinaire por primera vez en 1917".



jueves, 22 de mayo de 2014

El Greco en Toledo

 EL GRIEGO DE TOLEDO, PINTOR DE LO VISIBLE Y LO INVISIBLE

                    

La exposición del IV centenario de la muerte de Doménikos Theotokópoulos o, en España, Donico o Dominico Theotocópuli (1541-1614), intenta dar razón de la realidad del artista en 2014. Cien años después de su primera monografía, nuestra información sobre el Greco ha cambiado radicalmente. Entonces se conocían de él treinta y siete documentos, ni uno de su época cretense, como tampoco ninguna obra de sus años griegos o venecianos. Hoy contamos con varias tablas anteriores a 1570, año de su llegada a Roma, s de quinientos documentos y unas veinte mil palabras de su puño y letra, cartas o notas garabateadas en sus libros. Pintor de lo visible y lo invisible porque su vocación «filosófica» -así lo definió en 1611 Francisco Pacheco- le hizo ver su pintura religiosa como un instrumento de conocimiento de realidades naturales diversas: unas terrenales y visibles, y otras invisibles, porque trataban d
historias pretéritas o de lo sagrado, 10 divino y lo espiritual. ¿Cómo pintar lo invisible? El griego de Toledo escoglos mimbres de lo natural y visible y los transformó de forma poética en algo mejor, s bello, elegante, estilizado y dinámico, con un color más intenso, con luces y sombras más brillantes u oscuras. Era el privilegio de los poetas y él quiso ser tan libre y autor como ellos. Algunas veces ambos mundos
c
onveran: cuando se producía una epifanía, la irrupción de lo numérico en el mundo terrenal, que ya no podría seguir siendo el mismo. Esa capacidad del Greco de crear mundos hasta entonces no vistos elo que nos atrae de su arte, no solo como pintor sino como productor de conjuntos pluridisciplinares, en los que pinturas, esculturas y arquitecturas de retablos por él diseñadas, lienzos en las paredes y bóvedas, se orquestaban en unos espacios iluminados con su saber de pintor de la luz y el color.
En esta exposición de sus cuadros y sus conjuntos, se muestran sus obras y también se reproducen algunas de sus propias palabras, verdadero testimonio de su carácter e ideas. La muestra se inicia con la presentación del propio pintor -su autorretrato-, de su hijo -el retrato de un pintor- y de Toledo -el retrato de su ciudad de adopción-.
S
eguirán los iconos cretenses o venecianos, las tablas venecianas o romanas, los lienzos romanos o toledanos, y los retratos, que a todos gustaron aunque no alcanzara a ser el retratista de los arzobispos de Toledo o de Felipe II. El brazo norte del museo se dedica a sus lienzos de devoción, actividad que le permitió incrementar su producción, menos gubre y dramática, menos expresionista y torturada de lo que se nos ha hecho pensarEl brazo del fondo nos lleva a su nueva profesión en Toledo, más lucrativa pero que le exigía no solo el diseño de arquitecturas o pinturas sino su ejecución en un taller plural en oficios y competencias. Y mostrará que Doménico pensaba en sus espectadores y en establecer lazos entre su visión y las obras, situadas a veces en lugares inesperados y no solo dispuestas frontalmente o a la altura de la mirada, tal como se apreciará en la reproducción de la capilla Ovalle presente en la muestra. El Greco concebía sus obras retablísticas como completas instalaciones. Las proyecciones sobre los Espacios Greca en el crucero del museo nos descubrirán al Greco como artista total: diseñador, escultor, pintor e iluminador.
El último brazo nos hará entrar de lleno en el mundo de lo visible -sus retratos- y de lo invisible -sus imaginaciones de 10 solo revelado- y las formas de su interacción, en un cuerpo femenino o en un nocturno portal destartalado. Su retablo funerario, La adoración de los pastores, sería su verdadero y único testamento, solo pictórico.

Vista de Toledo, detalle. El lienzo de 1,2 x 1,1 m. cedido por el Museo Metropolitan de Nueva York