jueves, 23 de julio de 2026

La corrupción de Carlo E. Ruspoli (2026)



I. La raíz de polvo (La constante del mundo)


Nació la trampa cuando nació el linde,

cuando el primer pastor miró la tierra

y dijo: «Esto es mío, que el resto se rinda»,

y cambió la simiente por la guerra.


No hay época limpia en los anales,

no hay siglo sin el brillo de la quiebra:

atropellaron Roma sus proconsules,

compraba la fe el oro de Ginebra.


Cambiaron las túnicas por capas,

las capas por casacas y levitas,

pero la misma mano firme y sucia

firmaba el pagaré y la ley prescrita.


El mundo siempre ha tenido su precio,

un peso en plata, un cargo, una moneda,

y en la balanza vil de los negocios

el hombre pasa, pero el fraude queda.


II. El gran teatro ibérico (La España de ayer y hoy)

Pero hablemos del suelo de esta corte,

de este viejo solar de sol y cal,

donde el honor se canta en los romances

y se vende por debajo del mantel.


Viene de lejos la costra en el escudo,

del valido, del duque, del privado,

del hidalgo pelado que en la sombra

soñaba con vivir del estrapado.


España, patria hermosa y malquerida,

donde el talento se muere de ayuno

mientras se sienta a la mesa servida

el pícaro de siempre, el importuno.


Ayer eran estancos y favores,

concesiones de indias, fueros reales;

hoy son los despachos con moqueta,

los trajes a medida y los avales.


III. Los nuevos señoríos (La corrupción actual)

Miren el mapa de la patria hoy día,

cubierto por una fina y gris resina:

ya no hay navaja ni ladrón de camino,

hoy el desfalco lleva corbata fina.


Es el contrato inflado a medianoche,

la mascarilla a precio de lingote,

el consejero que cobra en el coche

y el comisionista que exige su bote.


Son las mordidas bajo la moqueta,

el sobrecillo azul, la recalificación,

las puertas giratorias donde entra

el político tras vender la nación.


«No es nada personal», dicen sonriendo,

mientras recortan la sanidad y el pan,

mientras los trenes se paran muriendo

y las promesas con el viento se van.


Prometen la patria, la bandera, el pueblo,

se envuelven en lemas de izquierda o derecha,

pero bajo el discurso de seda y terciopelo

todos celebran la misma cosecha.


IV. El peso sobre la espalda

Y abajo, en el barro, la gente despierta

a las seis de la mañana a sudar el jornal,

pagando la cuota, la luz y la renta,

sosteniendo sobre sus hombros el mal.


El autónomo exhausto que cuenta los céntimos,

el joven que busca un techo sin fe,

el anciano que espera en el hospital público

mientras ellos se reparten el botín en el café.


¿Qué fue de la ética, qué de la vergüenza?

Se perdió en la bruma de la impunidad.

Si el delito es grande, la pena se aligera;

si el robo es pequeño, cae la gravedad.


V. Coda: La lección de la historia

Es la corrupción actual y la de siempre,

el mal de España, el veneno global:

la ambición que al humano la mente le pervierte

y convierte la patria en un gran tribunal.


Cambian los nombres, las siglas, los rostros,

los titulares del diario de hoy,

pero el monstruo es el mismo de los viejos siglos:

el ansia del que dice «yo tomo y no doy».


Y aunque la historia parezca condenada

a repetirse en un bucle infinito,

nos queda la palabra, la voz levantada,

para no normalizar jamás su delito. 

viernes, 10 de julio de 2026

Prim 37 San Sebastián



La intervención de Ramón Mendoza Satrústegui en Prim 37 no es solo una obra brillante: es una restauración completa que devuelve la dignidad a un edificio modernista construido hacia 1907, protegido por su valor histórico y por su presencia en la memoria urbana de San Sebastián. La complejidad de la licencia —larga, exigente, minuciosa— habla por sí sola del rigor con el que se ha abordado cada decisión, cada encuentro de materiales, cada gesto arquitectónico.



En sus 230 m² se percibe una modernidad serena que no invade, sino que dialoga con la estructura original. La obra respira proporción, luz y nobleza; demuestra oficio, sensibilidad y una comprensión profunda de lo doméstico en un edificio que, por su protección, obligaba a trabajar con precisión casi artesanal. El resultado es una vivienda que parece inevitable, natural, como si el edificio hubiese estado esperando precisamente esta forma para renacer.

Prim 37 es hoy un ejemplo de cómo la arquitectura contemporánea puede convivir con la historia sin someterla ni imitarla, sino elevándola.

 https://www.ballarinmendoza.com/proyectos-residencial/pr37

miércoles, 8 de julio de 2026

La Duquesa de Osuna (1950-2026)

 

Esta foto es de mi boda con su hermana María de Gracia, en 1975.

A Ángela María de Solís‑Beaumont Téllez-Girón, en su tránsito. En memoria de la Duquesa de Osuna, amiga y cuñada, guardiana de un amor de 45 años


En la casa antigua del tiempo,

donde las edades del alma se miran unas a otras,

hoy se ha cerrado una puerta con suavidad.

No con estrépito,

no con sombra,

sino con ese gesto noble

que sólo conocen quienes han vivido con dignidad.


Ángela María, 

nombre de estirpe y de luz,

tú que en los días primeros

defendiste mi lugar junto a María de Gracia,

como quien protege una llama recién nacida,

como quien sabe reconocer en un joven

la verdad de un destino compartido.


Fuiste puente,

fuiste amparo,

fuiste la voz discreta que aparta ruidos

para que el amor pueda escucharse a sí mismo.


Hoy tu ausencia pesa,

pero no cae:

se eleva.

Porque hay vidas que no se apagan,

sino que ascienden a la memoria

como un estandarte silencioso.


Te veo en Sevilla, en Espejo,

en Madrid,

en los nombres que heredaste y honraste,

pero sobre todo te veo

en aquel gesto tuyo —tan tuyo—

de mirar con bondad y decidir con firmeza.


Duquesa de Osuna, sí,

pero para mí siempre

Ángela María,Yaya :

la amiga,

la cuñada,

la presencia que acompañó mi historia

desde el primer latido de mi matrimonio

hasta este día en que te despido

con gratitud y con respeto.


Que tu paso sea leve,

que tu memoria sea alta,

que tu nombre permanezca

como permanecen las columnas antiguas

que sostienen el cielo de la familia.


Hoy, en silencio,

te doy gracias.

Y en ese silencio,

sé que me escuchas.

En 2019 con su inseparable vaso de Coca-cola


lunes, 6 de julio de 2026

Las Termas de Caracalla


Hay lugares donde la historia no duerme, sino que espera. Las Termas de Caracalla, levantadas para el ocio imperial y la magnificencia pública, son uno de esos espacios donde la piedra conserva memoria y la memoria se vuelve escenario. En verano, cuando Roma respira más lentamente y el aire se vuelve casi ceremonial, este recinto antiguo se transforma en un teatro al aire libre, como si la arquitectura quisiera recuperar su vocación de reunión, de espectáculo, de comunidad.

El mármol derruido, las bóvedas abiertas al cielo, los muros que aún guardan el eco de miles de vidas, se convierten en parte del decorado. No es un teatro que imita la antigüedad: es la antigüedad misma que se ofrece como teatro. Cada ópera, cada concierto, cada gesto sobre el escenario parece dialogar con los siglos, como si los intérpretes fueran huéspedes de un templo que nunca dejó de serlo.

Allí, el verano romano adquiere un tono distinto: la noche se vuelve liturgia, la música se eleva entre ruinas que no son ruinas, sino testigos. Y el público, sentado bajo las estrellas, participa de una ceremonia que une lo que fue con lo que es, lo que permanece con lo que se renueva.

Es un lugar donde el tiempo se abre como un abanico, y donde el arte —por unas horas— devuelve a las Termas su antigua grandeza: la de ser un espacio para el cuerpo, sí, pero también para el alma.

domingo, 5 de julio de 2026

Adolfo Suarez (1932-2014)

 

Adolfo Suárez: la dignidad que fundó nuestra democracia

Cincuenta años después de su llegada a la presidencia del Gobierno, el nombre de Adolfo Suárez sigue siendo, para muchos españoles, sinónimo de concordia, valentía y altura moral. Para otros, sorprendentemente, su figura permanece envuelta en una especie de silencio injusto, como si la Transición —ese milagro político y humano que permitió que España se reencontrara consigo misma— hubiera surgido por generación espontánea. Nada más lejos de la verdad.

Suárez fue el artífice decisivo de la Transición querida por el Rey Juan Carlos, el hombre capaz de convertir una visión regia en una realidad política. Y lo hizo con una mezcla de serenidad, audacia y sentido del deber que hoy resulta casi irrepetible.

Tuve la suerte de conocerlo personalmente. En su trato directo descubrí algo que los libros de historia apenas pueden transmitir: la nobleza silenciosa de quien sabe que está trabajando para un país entero, no para sí mismo. Su mirada transmitía una convicción tranquila, una certeza íntima de que España podía ser mejor si se la conducía sin miedo y sin rencor. Esa serenidad —tan poco frecuente en la política de cualquier época— fue la que permitió que millones de españoles confiaran en él.

La Transición no fue un proceso automático. Fue una obra humana, frágil y gigantesca a la vez. Suárez tuvo que enfrentarse a un país dividido, a un terrorismo que golpeaba sin descanso, a la desconfianza internacional y a la tentación permanente de los extremismos. Sin embargo, eligió siempre el camino más difícil: el de la concordia, el de la ley, el del respeto al adversario. Su legado no es solo político; es moral.

Esa grandeza se refleja también en su familia. Soy amigo de su hijo, Adolfo Suárez Illana, a quien tengo una simpatía profunda y sincera. En él reconozco la continuidad de una forma de estar en el mundo: discreción, cortesía, lealtad y una elegancia que no necesita estridencias. Lleva el apellido con dignidad, sin explotarlo, sin convertirlo en arma ni en escudo. Su presencia confirma que la herencia de Suárez no se limita a la historia: sigue viva en quienes la encarnan con honestidad.

Hoy, cuando España atraviesa momentos de confusión moral y política, conviene recordar que hubo un tiempo —no tan lejano— en que la palabra “política” significaba servicio, responsabilidad y grandeza. Suárez no fue perfecto, porque ningún ser humano lo es. Pero fue, sin duda, el presidente que hizo posible que España se reencontrara consigo misma.

Quizá no hemos sido del todo justos con él. Quizá la memoria pública no ha sabido agradecerle lo suficiente. Pero quienes lo conocimos, quienes tratamos a su familia, quienes vivimos aquella época, sabemos que su figura permanece intacta en lo esencial: la dignidad de un hombre que eligió unir cuando otros querían dividir.

Recordarlo no es nostalgia. Es un acto de justicia.

viernes, 3 de julio de 2026

Estados Unidos en su 250 aniversario



Canto a la cultura de Estados Unidos en su 250 aniversario


En dos siglos y medio se alza un canto,
nacido en la frontera y la esperanza,
que hizo del sueño un mapa de horizontes
y del coraje un modo de ser mundo.

Forjó su voz el jazz en Nueva Orleans,
y el alma ardió en guitarras de Memphis;
Hollywood encendió mitos eternos
que dieron luz al tiempo de la tierra.

La ciencia abrió las puertas del espacio,
la letra habló del hombre y sus abismos,
y el verso libre, hijo de Whitman, dijo
que toda vida es río hacia lo alto.

Protesta y fe, heridas y grandeza,
tejieron su relato contradictorio:
un pueblo que se inventa y se renueva
como quien busca siempre amaneceres.

Hoy, al cumplir su cuarto de milenio,
la nación que nació sobre un papel
ofrece al mundo un vasto testimonio:
la libertad es llama que se comparte.

Y así perdura, firme en su destino,
la cultura que abrió caminos nuevos:
un canto azul que cruza continentes
y en cada voz despierta otra frontera.


En el marco de los 250 años desde la Declaración de Independencia, la cultura norteamericana se revela como uno de los grandes torrentes creativos de la modernidad. Lo que Estados Unidos ha aportado al mundo no es solo una sucesión de iconos —literarios, musicales, cinematográficos, científicos— sino una gramática emocional y estética que ha moldeado nuestra manera de narrar la vida. Desde el jazz nacido en Nueva Orleans hasta Hollywood como fábrica global de mitos; desde la literatura que disecciona la conciencia moderna hasta la ciencia que abrió las puertas del cosmos; desde la protesta social convertida en música hasta la tecnología que transformó nuestra relación con el conocimiento, la cultura estadounidense ha sido un laboratorio de imaginación y contradicción, capaz de convertir la experiencia individual en relato universal.

Este aniversario no es solo una efeméride política: es la ocasión para reconocer que, con sus luces y sus sombras, Estados Unidos ha ofrecido al mundo una energía creativa inagotable, una capacidad única para generar símbolos, para reinventarse y para proyectar hacia el futuro una idea de libertad que sigue influyendo en cómo pensamos, cómo soñamos y cómo contamos nuestras historias.