Mostrando entradas con la etiqueta Arte conceptual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arte conceptual. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de mayo de 2017

Cuadrado mágico

Un cuadrado mágico es una tabla de grado primario donde se dispone de una serie de números enteros en un cuadrado o matriz de forma tal que la suma de los números por columnas, filas y diagonales principales sea la misma. Usualmente los números empleados para rellenar las casillas son consecutivos, de 1 a n², siendo n el número de columnas y filas del cuadrado mágico.

Los cuadrados mágicos actualmente no tienen ninguna aplicación técnica conocida que se beneficien de estas características, por lo que sigue recluido al divertimento, curiosidad y al pensamiento matemático. Aparte de esto, en las llamadas pseudo-ciencias ocultas y más concretamente en la magia tienen un lugar destacado.

El cuadrado mágico de Alberto Durero, tallado en su obra Melancolía I está considerado el primero de las artes europeas. En el cuadrado de orden cuatro se obtiene la constante mágica (34) en filas, columnas, diagonales principales, y en las cuatro sub-matrices de orden 2 en las que puede dividirse el cuadrado, sumando los números de las esquinas, los cuatro números centrales, los dos números centrales de las filas (o columnas) primera y última, etc. y siendo las dos cifras centrales de la última fila 1514 el año de ejecución de la obra.



Alberto Durero (en alemán Albrecht Dürer; (Núremberg, 21 de mayo de 1471-Núremberg, 6 de abril de 1528) es el artista más famoso del Renacimiento alemán, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte. Ejerció una decisiva influencia en los artistas del siglo XVI, tanto alemanes como de los Países Bajos, y llegó a ser admirado por maestros italianos como Rafaelllo Sanzio. Sus grabados alcanzaron gran difusión e inspiraron a múltiples artistas posteriores, incluyendo los nazarenos del siglo XIX y los expresionistas alemanes de principios del siglo XX.


miércoles, 20 de julio de 2016

Bosch o el Bosco en España

EL BOSCO

 El jardín de las delicias

El triunfo de la muerte

La mesa de los Pecados Capitales


Jheronimus van Aken, llamado familiarmente Joen y conocido como Jheronimus Bosch, en España el Bosco (Bolduque, c. 1450-1516) fue un pintor del norte del Ducado de Brabante, en los actuales Países Bajos, autor de una obra excepcional tanto por la extraordinaria inventiva de sus figuraciones y los asuntos tratados como por su técnica, al que Erwin Panofsky calificó como artista «lejano e inaccesible» dentro de la tradición de la pintura flamenca a la que pertenece.

El Bosco no fechó ninguno de sus cuadros y son relativamente pocos los que llevan una firma que pueda considerarse no apócrifa. Lo que se conoce de su vida y de su familia procede de las escasas referencias que aparecen en los archivos municipales de 's-Hertogenbosch y, en especial, en los libros de cuentas de la cofradía de Nuestra Señora, de la que fue miembro jurado. De su actividad artística tan solo se documentan algunos trabajos menores no conservados y el encargo de un Juicio Final que en 1504 le hizo Felipe el Hermoso. Ninguna obra se le puede atribuir con absoluta seguridad y las características de su singular estilo se han podido fijar únicamente a partir de un reducido número de obras mencionadas en las fuentes escritas, posteriores todas ellas a la muerte del pintor y, en algún caso, de dudosa fiabilidad, al no distinguirse desde muy pronto las obras del Bosco de las de sus imitadores. El Bosco adquirió aún en vida fama como inventor de figuras maravillosas y de imágenes llenas de fantasía y no tardaron en salirle seguidores y falsificadores que harían de sus temas e imaginaciones un verdadero género artístico, difundido también a través de estampas —muchas de ellas firmadas por Hieronymus Cock— y tapices bordados en Bruselas.

Felipe II, entre los primeros y más insignes coleccionistas de sus obras, pudo reunir un importante número de ellas en el Monasterio de El Escorial. En su entorno surgieron también los primeros críticos e intérpretes de la obra del Bosco. El jerónimo fray José de Sigüenza, historiador de la fundación escurialense, resumió las razones de esa preferencia en su singularidad como pintor, pues, explicaba: la diferencia que a mi parecer hay de las pinturas de este hombre a las de los otros, es que los demás procuraron pintar al hombre cual parece por de fuera; este solo se atrevió a pintarle cual es dentro.

Si me preguntaran, que no lo hacen, en que momento me hubiera gustado vivir y de qué manera, les diría que una de la épocas y fórmulas elegidas hubiera sido la de ser monje en uno de los conventos rurales de la Edad Media. Vida ordenada, buenos alimentos cultivados en las propias huertas y cuidados en sus corrales, buen vino, cerveza y licores  y buena gastronomía y repostería. A añadir la estimulante vecindad de buenas mozas que se acercaban por el convento. Y, por si fuera poco, facilidades  para tener una buena muerte e ir derecho al cielo o a través de una breve estancia en el purgatorio.

Pero, además, buenas lecturas de los papiros antiguos, estudios e investigaciones científicas y… sobre todo, el ejercicio de la pintura en el adorno de los libros que, imparablemente, transmitían a la posteridad. Verdaderas maravillas que todavía no están suficientemente reconocidas, valoradas y popularizadas.

Tenía el propósito de ver la exposición de El Bosco, uno de los santos de mi devoción, pero he tenido ocasión de ver, en pantalla gigante, un reportaje impresionante, sobre sus cuadros y su vida, que me hace dudar ante la alternativa de verlos entre el bosque de cogotes de la exposición.
Que deseable sería poder ver más películas sobre obras maestras de artistas. Encuentro algún defecto como es que los comentarios en otros idiomas no estén doblados lo que obliga a mirar los letreros de la traducción sacando la mirada del cuadro. También la habitual pedantería de los “expertos” que se desviven buscando y explicándonos lo “que quiso decir”, lo literario.

Menos mal que allí estaba Barceló para decirnos que a él no le interesa la interpretación (el mensaje), sino lo visual, lo pictórico. Los “expertos” pretenden, siempre, hacer literatura de una obra de arte, buscan anécdotas, mensajes y símbolos, mientras que para Barceló, los artistas buscan lo visual, la creatividad, la poesía. De ahí que el Arte Conceptual, que los “expertos” aplauden, apoyan y venden es, como su nombre indica, un 90% conceptual y un 10% Arte. Pero amigos, el Arte es otra cosa.

Se tiene a El Bosco como un pintor misterioso y enigmático porque se conoce poco de su biografía, pero es probable que no la tenga. Simplemente, creo yo, fue un pintor, hijo y nieto de pintores, ensimismado y ocupado, rutinariamente, en su labor. También se le tiene como a un pintor aislado, sin influencias precedentes, pero yo no lo veo así. Yo lo veo inmerso en una época en que muchos artistas vertían su imaginación y creatividad en la representación de seres fantásticos en convivencia con los humanos, como podemos contemplar en las alucinantes gárgolas y las fantásticas tallas, en la piedra y en la madera, de las catedrales góticas.

Y volviendo al principio, a las milagrosas fábricas de Arte y sabiduría que eran los conventos medievales, podemos considerar a El Bosco influido, también, por las maravillosas ilustraciones que inundan los libros en que los monjes nos transmitían la sabiduría antigua.

No cabe duda de que el tiempo, en aquellos recintos, debía tener otra dimensión pues aquellos maravillosos e incógnitos artistas no se limitaron a copiar y traducir los antiguos escritos que custodiaban, sino que inventaron nuevas caligrafías cuyas letras eran, ya, verdaderos hallazgos pictóricos y hacían de cada página, adornada de miniaturas de gran minuciosidad e inventiva, una obra maestra.

 Vemos, en ellas, infinidad de pinturas, ejecutadas con atractivas tintas, dando vida a motivos, desde la más exigente figuración a la más delirante abstracción, pasando por el surrealismo más imaginativo.

Nunca conoceremos los nombres de estos artistas a los que debemos tanto, pero sus obras, tan ignoradas, son comparables a las de los grandes maestros que se expresaron en lienzos, paredes y maderas.

El Bosco fue, sencillamente, uno más de ellos, que escapó saltando, artísticamente, la tapia del convento.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

La bienal de Venecia 2013


          

         Me había prometido no volver a escribir sobre el Arte Conceptual, pero los “artistas” de esta disciplina son más provocativos que la música de “Paquito el chocolatero” y a mi, contra mi voluntad, se me van los pies cuando veo algunas de las “chorradas” con que, incesantemente, nos siguen sorprendiendo.
         Y no se con que quedarme que abra mas las compuertas de mi estupefacción si con la pretensión de genialidad e inventiva del artista, la estolidez de la ejecución de la obra, la inutilidad de su contemplación, la “sutileza, novedad, ingenio y profundidad” del inevitable mensaje, la oportunidad del comisario al elegir a esta artista entre miles o la tontuna de nuestra administración al dedicar nuestros impuestos a promocionar a estos genios, apreciados, sin duda, por mas de una docena de “entendidos”.
         He aquí la descripción de la penúltima genialidad: “el pabellón español en la Bienal de Venecia es una ESCOMBRERA, ver la foto de arriba. Y es que las grandes montañas de escombros que invaden los espacios, que apenas permiten cruzar de una sala a otra—o que impiden completamente el paso—representan exactamente todos los materiales empleados para construir el mismo edificio donde se ubica, solo que reducido a escombros.
         Así encontramos enormes montones de cascotes, tejas y ladrillos reducidos a grava y otros montones menores de serrín, cristales rotos o hierro, que son al mismo tiempo una representación abstracta del edificio y una reflexión sobre como los escombros pueden hablarnos de la transformación urbana, pues en un edificio actual habría mucho mas acero y hormigón y mucha menos piedra, por ejemplo”. La ejecución de la obra artística,”representación abstracta del edificio”, queda en manos de peones y con el desprecio, habitual, de los artistas conceptuales, hasta el punto de que la obra misma sea prescindible por la renuncia a cualquier valor artístico y quede todo a expensas del interés del “mensaje” o de la inevitable critica social que, a la vista del vehiculo de expresión, quizá fuese oportuno hacerlo de otra manera, literaria, por ejemplo.
Y como tendrá que ser de sublime el mensaje, que el “artista” tiene a bien desvelarnos, para paliar el negativo impacto de su repelente envoltorio. Pues helo aquí: “España ha querido expresar los desastres de la crisis inmobiliaria, el exceso de urbanismo y de  sus materiales que inundan muchas partes del mundo, a través de la obra de la artista Lara Almarcegui y el comisario Octavo Zaya. El proyecto “Materiales de Construcción” aporta toneladas de escombros que simulan los materiales que se usaron para construir la infinidad de edificios”
          Aquí está, queda desvelado, este es el mensaje que justifica este despliegue de talento: el descubrimiento y valiente denuncia de la burbuja inmobiliaria. Hallazgo original, sorprendente, insospechado, sutil y descojonante.  Nunca agradeceremos suficiente la preocupación de estos artistas conceptuales por abrirnos los ojos a estos desmanes sociales. ¡Que seria de nosotros sin estos visionarios!. ¿Será posible?. los ojos a estos desmanes sociales. ¡Que seria de nosotros sin estos visionarios!. ¿Será posible?.