jueves, 1 de agosto de 2013

La cuarta versión de Rajoy

Siempre soñamos con una revelación, una confesión general de todo aquello que se nos oculta. “Hemos mentido por la mañana, por la tarde y por la noche. Y no quiero seguir así”. Al propietario de esta frase le decían ‘el Zapatero de los Cárpatos’ por las indiscutibles coincidencias que se daban entre los dos presidentes, en el español y el húngaro, Ferenc Gyurcsany. Los dos pertenecen al Partido Socialista, los dos llegaron a la Presidencia del Gobierno en 2004, cuando casi nadie lo esperaba, y los dos se adentraron en la crisis económica alardeando falsamente de sus economías para justificar la espiral de gastos de sus políticas. “Hungría es un puma que vuela”, decía el presidente húngaro cuando le preguntaban por su país, igual que Zapatero nos colocaba en la Champions.

De aquella primera versión, absolutamente exculpatoria, el Partido Popular se va distanciando lenta y soterradamente, a medida que el escándalo judicial se va complicando. Pero lo hace sin aspavientos, como demuestra aquel episodio rocambolesco de la “indemnización en diferido” que se le estuvo pagando al extesorero hasta diciembre de 2012 cuando Bárcenas abandonó todas sus responsabilidades, las públicas como senador y las orgánicas en la cúpula del PP. Tras ese interregno de disimulo, la segunda versión llega cuando, en enero de este año, comienzan a filtrarse los ‘papeles de Bárcenas’, la denuncia de la doble contabilidad. El desmentido de entonces, la segunda versión de Rajoy, también pasará a los anales de la torpeza política: “Todo lo que se refiere a mí y que figura allí, y a los compañeros de mi partido que figuran allí, no es cierto, salvo alguna cosa que es la que han publicado los medios de comunicación, o dicho de otra manera es total y absolutamente falso”.

Lo de “cuando considere que tenga algo que decir lo diré”, lo dijo Rajoy el 15 de julio y menos de una semana después, el pasado día 22, Rajoy volvió a rectificar, admitió las “dudas que legítimamente tienen muchos ciudadanos” y anunció la comparecencia de hoy en el Congreso para dar “su versión” de los hechos, que será la cuarta. Veremos. Porque con Bárcenas en la cárcel, y su mujer atrapada por el acoso judicial de embargos y fianzas millonarias, mejor será que, por primera vez, Rajoy mire a los españoles a los ojos y ofrezca una explicación creíble de lo ocurrido en su partido. Lo que ya no es posible imaginar es otra versión maquillada que, al cabo de unos días, se vea desmentida y vapuleada por nuevas revelaciones que engorden el escándalo. Si eso sucede, antes o después, Rajoy acabará como aquel presidente húngaro porque no tendrá otra salida. “Hemos mentido por la mañana, por la tarde y por la noche. Y no quiero seguir así…”

Cuando la realidad se impuso, el presidente húngaro se reunió a puerta cerrada con sus parlamentarios y les contó la verdad: todo era mentira. “El país vive por encima de sus posibilidades y no hemos hecho nada durante años. No se puede mencionar ninguna medida gubernamental de la que enorgullecerse, aparte de haber salido de la mierda para lograr el gobierno. Hemos mentido por la mañana, por la tarde y por la noche. Y no quiero seguir así”. La grabación se filtró a la prensa, el Fondo Monetario Internacional tuvo que acudir al rescate con 20.000 millones de euros y la calle se incendió cuando los húngaros se miraron al espejo y descubrieron la cara que se les había quedado, engañados y, encima, maltratados por los severos recortes sociales. El presidente húngaro todavía resistió en el cargo tres años más, hasta que, también como Zapatero, la previsión de una gran debacle electoral lo hizo dimitir para intentar salvar a su partido.
En días como hoy, ante la comparecencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso, siempre soñamos con una revelación, la confesión general de aquello que, como sospechamos, se nos ha venido ocultando. Las sospechas, vamos a ver, de que nadie en el Partido Popular ha estado diciendo la verdad hasta el momento en lo referente a las finanzas del partido, al menos toda la verdad, se deduce no sólo de las revelaciones que se han ido conociendo, sino del mero análisis de los cambios de opinión de los dirigentes de ese partido. En el caso de Rajoy, por ejemplo, si se repasan sus declaraciones desde el momento en el que se inicia este escándalo, podríamos encontrarhasta tres versiones distintas.

La primera se produjo, antes incluso de ser presidente del Gobierno, en abril de 2009, cuando por primera vez se señala en un auto judicial al entonces tesorero del PP, Luis Bárcenas, por recibir diversas cantidades de dinero de la trama Gürtel. Entonces, con toda solemnidad, Mariano Rajoy improvisó en el País Vasco una de esas puestas en escena que tanto se repiten: habla el líder y se rodea, a sus espaldas, de un nutrido grupo de dirigentes que asienten con la cabeza cada palabra. “Ellos afirman su inocencia y yo estoy convencido de que nadie podrá probar que no son inocentes", dijo entonces Rajoy en referencia a Bárcenas y a Gerardo Galeote. Qué vértigo da repasar ahora aquella declaración a la luz de lo que conocemos… Porque puede ser Mariano Rajoy un tipo honesto que jamás ha percibido un sobresueldo, tal y como afirma, pero lo que jamás podrá justificar es la ceguera absoluta ante todo lo que le rodeaba y dirigía.

Tras el ingreso de Bárcenas en prisión, las declaraciones de éste ante el juez y la documentación aportada, Rajoy ofreció una tercera versión, meramente defensiva, envuelto en la bandera de la defensa de España y de la estabilidad económica. “No vamos a distraernos de nuestro propósito de transformar el país y sacar a España de la crisis. Como presidente, no voy a permitir ataques al programa reformista y la estabilidad política (…) El Estado de Derecho no se somete a chantaje (…) Cuando considere que tenga algo que decir lo diré”. Y entretanto, los portavoces de su partido ceñían todo el escándalo a las andanzas en solitario “de un delincuente que está en la cárcel”.

En las encuestas posteriores al debate, Mariano Rajoy ganó con más del 72% de los votos, mientras que Alfredo Pérez Rubalcaba del PSOE solo consiguió un 22%. Y mirando el barómetro del CIS se puede decir que el PP pierde un punto en las intenciones de voto, mientras que el PSOE no es capaz de ganarlo, así que pierde fuelle. La diferencia, es decir, los únicos que salen ligeramente reforzados son UPyD e IU. Así que, de momento, todo sigue igual...




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