Leo, en el periódico EL MUNDO (21-4-14), otra Tribuna, en la que el ex presidente Rodríguez Zapatero, vuelve a la carga en su nueva actividad de limpiar o justificar su actuación política.
Doctor arquitecto, autor de numerosos títulos técnicos y catálogos, así como de proyectos de edificación. Colaborador de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y articulista en revistas técnicas y culturales. Ha escrito sobre historia, antropología, crónicas de arquitecto, poesía, filosofía y novelas históricas, con más de cuarenta libros publicados en papel y formato digital. Ganador de varios premios literarios de prestigio.
domingo, 4 de mayo de 2014
¿Resurrección política?
Leo, en el periódico EL MUNDO (21-4-14), otra Tribuna, en la que el ex presidente Rodríguez Zapatero, vuelve a la carga en su nueva actividad de limpiar o justificar su actuación política.
jueves, 1 de mayo de 2014
Los sindicatos en España
Sindicatos de lo suyo.
Las manifestaciones del Primero de Mayo, igual que muchas huelgas, son a los sindicatos lo que los mítines y las campañas electorales a los partidos políticos: actos de reafirmación que, antes que la representación de un estado de opinión en la calle, nos muestran la fortaleza de un partido o de un sindicato, su capacidad de movilización y de organización para trasladar a la ciudadanía su discurso político o sindical. Muestran músculo, pero ahí no sale la sociedad. Y ese es el problema justamente, que unos y otros acaben creyéndose sus propios montajes como si fueran expresiones de la realidad. Que en la endogamia en la que flotan siempre los cuadros políticos y sindicatos se acabe pensando que la sociedad es la que está detrás de sus mítines y de sus manifestaciones.
En el caso de los partidos políticos, la constatación del error llega siempre cuando, en las elecciones, los ciudadanos acuden a votar y el desapego, la desafección, se refleja en altos índices de abstención o en el auge inesperado de líderes extravagantes, demagogos y siempre peligrosos. O cuando, de forma periódica, las encuestas oficiales le recuerdan a la clase política que, para los españoles, la política, los políticos, se han convertido en uno de sus principales problemas. Lo de los sindicatos, por tanto, desde ese punto de vista es peor, porque la simulación que suponen estas manifestaciones, incluso las convocatorias de huelga, jamás van a trasladar la opinión real de la ciudadanía, como sí ocurre en unas elecciones.
El resultado de todo ello, como comprobaremos hoy, es que para lo que va a servir un Primero de Mayo como el de este año es para comprobar que los sindicatos siguen a su bola, como si nada de lo que ha ocurrido en España en los últimos años les afectara. Y alguna cosa, a ver, ha pasado en este tiempo tan convulso. Desde la forma en la que España se hundió por la crisis económica internacional por la inoperancia absoluta del Gobierno de Zapatero, hasta los escándalos de corrupción que se han ido conociendo y que afectan a los sindicatos, directamente, como el despropósito de los ERE o el fraude de los cursos de formación. ¿Cómo entender que los sindicatos no consideren necesaria la más mínima autocrítica? Alguna explicación merecerían los ciudadanos en los discursos de hoy, pero ya verán cómo el guion no se aparta ni un ápice de lo esperado, incluso con las expresiones previsibles.
Como en España somos muy dados a despeñar todos los debates por los extremos, blanco o negro, lo más complicado al hablar de los sindicatos es intentar desligar su importancia y relevancia histórica en la conquista de los derechos que hoy disfrutamos, la necesidad de que existan aún en la actualidad como garantes de esos derechos, desligar todo eso, ya digo, de la crítica severa a la realidad que hoy se puede contemplar en esas organizaciones. En muchos aspectos, sencillamente, los sindicatos han dejado de cumplir su papel, se han alejado de la calle, y han pasado a formar parte del sistema.
Los acuerdos de concertación, la dependencia económica de los distintos Gobiernos, han convertido a los sindicatos en meros agentes del poder político. Burocracia sindical. ¿Qué hacen los sindicatos impartiendo cursos de formación por toda España, que ni se justifican ni tienen incidencia alguna en el desempleo, mientras las universidades están en la ruina y a los investigadores y científicos los tienen a pan y agua? ¿Alguien puede entender eso? ¿Y de qué han servido los acuerdos de concertación multimillonarios sino para que los Gobiernos compren ‘paz social’? Haber llegado a esos absurdos no es más que síntoma evidente del mal interno que padecen. Crisis de identidad.
Son sindicatos de lo suyo, de sus intereses, de sus cosas. Los sindicatos españoles “se han domesticado”, como decía Marcelino Camacho en una de sus últimas entrevistas. La crisis económica, la tiesura de la calle, ha abierto la brecha entre esa clase sindical y la calle, la sociedad, la realidad. La clase sindical y la clase trabajadora parece que van por caminos distintos y esa división, sencillamente, es letal para el movimiento sindical.
El paro en España
El paro entra en campaña
Aunque la EPA del primer trimestre del año suele ser un mal mensajero del empleo, no podemos matarlo. Eso sí, hemos de asumir que sólo la preocupante merma de la población activa permite hacer las cuentas del Gran Capitán. A saber: son los mejores datos ínter anuales desde 2005 porque, efectivamente,bajan la masa y la tasa de parados, con 344.900 personas menos en paro y un punto menos de porcentaje sobre esa población activa que se ha reducido en 424.500 personas disponibles para trabajar.
La aritmética selectiva, propia de las vísperas electorales, también da de sí para sostener sin mentir en absoluto que España es el país europeo donde más baja el paro (datos de Eurostat). Como lema electoral, seguro que al PP le cundiría más que el insulso eslogan elegido para la campaña (“Lo que está en juego es el futuro”). Los números cantan un cierre del primer trimestre del año con 2.300 parados menos, lo cual, en efecto, es excepcional si comparamos con todos los primeros trimestres de la crisis por el devastador efecto estacional de la cuesta de enero, redoblado en época de vacas flacas, claro. En todos ellos subió el paro. Habría que remontarse a 2005 para encontrar un estreno del año con paro a la baja.
Si bien todo eso es matemáticamente cierto, no responde al anhelo central del discurso político y económico al uso, según el cual sólo la creación de puestos de trabajo nos pone en la senda de la verdadera recuperación. Y lo que está ocurriendo es que, por desgracia, se sigue destruyendo empleo, aunque las alteraciones en la base de cálculo (población activa) arrojen descensos en la cola del paro. Por reducción al absurdo podemos llegar al paro cero el día en que todos los inmigrantes desocupados se hayan repatriado a sus respectivos países, los parados de solemnidad abandonen aburridos la cola del paro y nuestros jóvenes profesionales hayan encontrado un puesto de trabajo en el extranjero. El Gobierno, entonces, podría sacar pecho sosteniendo, con razón, que había conseguido acabar con el paro. Sin embargo, eso no significaría haber recobrado la España próspera y habitable que nos viene prometiendo desde que se evitó el rescate, bajó la prima de riesgo, subió la bolsa, se dispararon las exportaciones y se recuperó la confianza de los mercados.
A la vista de los últimos datos, los de la EPA de abril, si nos atenemos a la creación de puestos de trabajo como el verdadero precursor de la salida de la crisis, de lo único que puede presumir el Gobierno es de haber cerrado un trimestre con la cifra más baja de destrucción de empleo desde 2008. También es rigurosamente cierto, pero escasamente consolador. Es verdad que el trimestre se fue con la cifra de ocupados más baja desde 2002 y que durante el último año se han destruido 79.600 puestos de trabajo. Claro que eso es mejor que si se hubieran destruido 100.000. El que no se consuela es porque no quiere.
O porque no puede, como el creciente número de familias con todos sus miembros en paro y riesgo de exclusión. O las víctimas de la precariedad laboral, los desahucios, el empeoramiento de las condiciones de trabajo y la galopante pobreza denunciada por la UE, la OCDE, Cáritas Europa y Save the Children. No sé si me explico.
Nuevo timo que podría llegar a España
Los contratos de permanencia. Ya se sabe, uno se deja llevar por el entusiasmo de la oferta. ¿Un iPhone por cero euros? ¿Quién se puede resistir a eso? Bien, sabemos que es un gancho, un cebo socialmente aceptado y que cuenta con todos los parabienes en materia de la legislación de consumo. Uno entra en la tienda del operador y en un breve trámite en el que rubrica un par de documentos, sale por la misma puerta con el codiciado tesoro. Todo muy limpio y sencillo. Tanto como la relación existente entre la presa y su cebo.
Y todos sabemos que es una treta, aunque sea legal: el operador financia el móvil a un coste final que en muchos casos pondría los pelos de punta al desprevenido usuario que nunca firmaría un préstamo en esas condiciones en su banco. El usuario rubrica y se ata al operador, y cuando pasados unos meses el móvil pierde todo el glamour del momento, el romance con el proveedor del servicio sigue vigente y que tenga cuidado el que no pague un recibo o quiera divorciarse antes de tiempo...
Ya se sabe, en estos lazos la entrada es muy sencilla pero la salida casi imposible salvo que se pague hasta el último céntimo de lo comprometido o se abone una indemnización por la cancelación anticipada. Es un trato en el que en teoría ganan todos: el fabricante porque ve dinamizada la venta de sus móviles, el operador porque incrementa las altas de líneas con el gancho del smartphone, y el usuario porque por fin puede acceder a un móvil premium que al contado nunca podría permitirse.
Sin embargo, en Estados Unidos se ha descubierto una desgarradora estafa en torno a esta relación comercial que está poniendo los pelos de punta a una sociedad azotada por las duras imágenes de la crisis que está disparando el número de los sin techo por sus calles.
Y precisamente nos referimos a los homeless porque son los tristes protagonistas de esta historia. El canal te noticias 9News ha destapado un estremecedor asunto mediante el cual un desaprensivo ofrece a los sin techo que deambulan por las calles de Denver un importe que ronda los 200 dólares a cambio de que entren en una tienda de telefonía y adquieran un iPhone a coste cero a cambio de rubricar un contrato de permanencia, con sus datos, lógicamente.
Una vez en el exterior y con el móvil activado. La víctima entrega al estafador el móvil y éste le paga el importe convenido. ¿Dónde está el negocio? El instigador de este timo revende con posterioridad el móvil libre a través de una tienda online de su propiedad y a precios cercanos a los 700 dólares. Dinero fácil, sin riesgos y... ¿legal?
Sin un duro… y atados a un contrato de permanencia
¿Y dónde está la estafa? Promete a sus víctimas que podrán cancelar sin problemas el contrato de permanencia con posterioridad, algo que todo el mundo sabe que no es cierto, y que a partir de ese momento serán perseguidos por un ejército de abogados con amenazantes cartas y previsibles demandas.
Algunas de las víctimas se creen realmente la promesa, mientras otras prefieren mirar a otro lado y coger corriendo el dinero y luego Dios dirá. Los dramas personales de cada uno, en los que puede haber hijos sin comida en casa o bien amenazas de embargo acuciantes hacen que sean pocos los que digan que no al verde de los billetes. Tan cerca, tan fácil.
El escándalo ha pillado a todos con el pie cambiado: Apple poco puede hacer en este asunto puesto que la venta la efectúa el operador de telefonía y estos en su mayoría se han negado a efectuar declaraciones.
El único que se ha mojado en el asunto es Sprint, que ha confirmado que tiene presentadas cerca de cuarenta demandas en todo el país intentando poner coto a este asunto. Y sí, parece que la estafa es bastante más generalizada de lo que parece, y a plena luz del día. El propio protagonista de esta historia volvió al día siguiente de ser preguntado por las cámaras del canal de noticias como si nada hubiera sucedido...
Sial Pigmalión
domingo, 27 de abril de 2014
Diálogo de besugos entre políticos
miércoles, 23 de abril de 2014
Venezuela: diálogo entre gobierno y oposición
Diálogo y resultados
Toda la comunidad internacional, incluyendo los EEUU, la Unión Europea y el Vaticano, claman por el diálogo entre gobierno y oposición en Venezuela. Por tanto, quien se opone al diálogo comete más que un error una solemne estupidez, como diría Talleyrand. El debate con el cual se inició el proceso de diálogo fue diáfanamente provechoso para la alternativa democrática. Algunos exigen que el diálogo siga siendo público, sin embargo la teoría de la negociación enseña que las reuniones de trabajo en una negociación seria deben ser privadas, porque en caso contrario las partes le hablarían siempre a sus “galerías” y el resultado sería el fracaso de la negociación. En cambio, los resultados del diálogo-negociación deben ser públicos. En la primera reunión privada del incipiente proceso, los resultados manifestados públicamente fueron limitados: una comisión de la verdad ampliada con personalidades independientes aceptables para ambas partes y la aparente exclusión de Diosdado Cabello, una junta médica paraSimonovis y la participación de los gobernadores y alcaldes de la oposición en los planes de seguridad del gobierno. Los objetivos mínimos de la oposición en este proceso deberían ser: 1) la liberación de los presos políticos, empezando porSimonovis, Leopoldo y los alcaldes Scarano y Ceballos; 2)La restauración de sus derechos de diputada electa a María Corina Machado;3) El desarme de las bandas armadas oficialistas; 4)La elección de acuerdo a la letra y al espíritu de la Constitución del CNE, el Tribunal Supremo de Justicia y de los integrantes del Poder Ciudadano, en otras palabras,los miembros de estas instituciones deben ser aceptables para las partes. Es fundamental precisar que, en el caso del CNE únicamente deben ser posibles dos alternativas, la ideal: 5 personas decentes, aceptables para ambas partes y la más realista: 2 personas cercanas al gobierno, 2 cercanas a la oposición y una aceptable para ambas partes.
Muchos en la oposición argumentan que es de ilusos creer que el régimen aceptará conceder estas solicitudes y que por tanto no sólo es inútil negociar, sino que se les da un “respiro” al gobierno legitimándolo y enfriando la “calle”. Antes que nada, hay que decir que las protestas no violentas por el desastre socioeconómico pueden y deben seguir. Lo fundamental es que si el diálogo terminase en un fracaso, este debe ser claramente atribuido, frente a la comunidad internacional, representada por UNASUR y la S.Sede, al rechazo del gobierno a respetar la Constitución. Así se haría definitivamente evidente la carencia de legitimidad democrática del régimen. El “chavomadurismo” es un sistema político híbrido que la ciencia política contemporánea podría calificar como un autoritarismo plebiscitario o competitivo con vocación totalitaria de estirpe comunista. Pero es un régimen que, en este siglo y en este hemisferio, requiere para mantenerse de un fuerte apoyo popular. Ese apoyo que fue mayoritario por unos años, se basó en el carisma del extinto caudillo, en una chequera petrolera muy abultada y sostenida en el tiempo y en la carencia de una alternativa creíble en la oposición. Esas tres variables ya no existen y efectivamente todas las encuestas serias recientes, por primera vez en doce años, reflejan que los que se definen “chavistas” son menos que los que se proclaman de oposición, además a diferencia del “comandante supremo y eterno”, una gran mayoría de la población le achaca la grave crisis socioeconómica a Maduro. En conclusión, es evidente que el diálogo le conviene a la oposición democrática que a su vez, para no perder su existencial condición de alternativa creíble, debe necesariamente mantener la indispensable Unidad, por encima de las normales diferencias tácticas y personales. Sin Unidad, sólo hay suicidio político, exilio, estupidez y fracaso.








