Doctor arquitecto, autor de numerosos títulos técnicos y catálogos, así como de proyectos de edificación. Colaborador de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y articulista en revistas técnicas y culturales. Ha escrito sobre historia, antropología, crónicas de arquitecto, poesía, filosofía y novelas históricas, con más de cuarenta libros publicados en papel y formato digital. Ganador de varios premios literarios de prestigio.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Felicidad exprés: trucos para levantar el ánimo en solo 30 segundos
La doctora estadounidense Jill Bolte dedicó toda su carrera al estudio de la enfermedad mental y a cómo se refleja en el cerebro. En el año 1996 la propia neuroanatomista padeció un severo derrame que la hizo profundizar aún más en la autoconciencia. Llegó a la conclusión de que cada uno de nosotros tiene “el poder de elegir en cada momento quién es y cómo quiere ser en el mundo”. Bolte aconseja “cruzar a la derecha del hemisferio izquierdo y, simplemente sentir”, ya que las emociones “se pasarán solas”. En concreto, llegó a cuantificar el tiempo de las emociones en 90 segundos, pasados los cuales la exaltación desaparece.
Aunque tranquiliza saber que sea una cuestión mental, ¿qué podemos hacer cuando no disponemos siquiera de minuto y medio para cambiar el chip? ¿Cómo confrontar los fantasmas de nuestro propio cerebro cuando se convierte en el enemigo? Aquí van algunos consejos exprés para alegrar el ánimo y convertirse en ese autocheerleader tan necesario como eficaz.
William James, psicólogo de la Universidad de Harvard, llegó a aseverar : “Si la persona no expresa la emoción, no llega a sentirla”
1. Sonreír. Es tan sencillo como mover los músculos de la boca hacia arriba. La RAE lo define así: "Reírse un poco o levemente, y sin ruido". Merece la pena intentarlo, porque la postura influye directamente en la emoción. Fue uno de los supuestos de Charles Darwin, y posteriormente ha sido avalado por eminentes psicólogos de la Universidad de Harvard como William James, quien llegó a aseverar que “si la persona no expresa la emoción, no llega a sentirla”. Es lo que se llama feedback facial, por el que “las expresiones faciales están conectadas a lo que sentimos”.
2. Contar un chiste sobre su tragedia. Funciona porque facilita el cambio actitudinal. La idea fue propuesta en Terapia Racional Emotiva, de Albert Ellis. Este psicólogo americano, considerado uno de los más influyentes de la historia, planteó en su día algunas técnicas terapéuticas que continúan en pleno vigor, y que hacen uso de los chistes y las hipérboles como fórmula “aniquiladora de tonterías”. Nada como exagerar las propias miserias y verbalizarlas para darse uno cuenta de lo ridículas que resultan. Con esta fórmula podremos permitirnos pensamientos catastrofistas del tipo: “Es terrible”, “Oh, dios mío” o “No puedo seguir así”.
3. Enviar un emoticono a un amigo. O una foto que le guste, el enlace a una canción, un simple "hola, ¿qué haces?". La soledad, tan necesaria en ocasiones, también conduce a la miseria, según múltiples estudios. Por tanto, una manera de combatir la infelicidad es socializar. Si no tenemos a mano a nuestro mejor amigo, siempre se puede tirar de tecnología. No todo va a ser un mal uso de nuestrosgadgets.
4. Ceder el sitio en el metro. Ir un paso más allá de lo social y mostrarse servicial tiene un efecto muy positivo en los demás, pero también en nosotros mismos. De hecho, nos hará más felices que ser hedonistas, tal y como expresaron varios psicólogos americanos en un artículo de Journal of Research in Personality. Sus datos coinciden con algunos preceptos de la PsicologíaPolítica, por la que se sabe que involucrarse en las propias creencias incrementa el bienestar. Aquí habría que ir un paso más allá y excederse a los 30 segundos, al involucrarse en una ONG o partido político con cuyas ideas comulgue. Los activistas, según los ensayos citados, manifiestan sentir mayor vitalidad que aquellos que no adquieren compromisos idealistas.
Aunque la ingesta desmesurada de comida es un síntoma de que algo no va bien, lo cierto es que una de las razones por las que comemos sin hambre es que mientras lo hacemos no nos angustiamos
5. Tomarse un caramelo. Aunque este consejo hay que tomarlo con cuidado si se es tendente a los hábitos compulsivos, existe una razón emocional para darse a la comida o para atiborrarse a chuches. Por algo se escucha tanto la cuestión de “comer por ansiedad o ansiedad por comer” sin saberse muy bien si va antes la gallina o el huevo. Aunque la ingesta desmesurada de comida es un síntoma de que algo no va bien, lo cierto es que una de las razones por las que comemos sin hambre es que mientras lo hacemos no nos angustiamos. Por definición, comer es una respuesta antagonista de la ansiedad, al igual que el propio sexo. Así lo explica el catedrático de Psicología Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). Tomando con cautela este consejo, un caramelo a tiempo bien puede salvarnos de algún disgustillo en momentos puntuales. Por aquello de que el orgasmo nos lleva algo más de tiempo…
6. Pseudocomprar en la Red. Es uno de los grandes clichés consumistas, pero existen pocas cosas tan efectivas para elevar el ánimo. ¿Hasta qué punto se sostiene científicamente el mito de las compras? Los estudios sobre la psicología del retail son casi infinitos, y se sabe que los americanos, por ejemplo, pasan hasta seis horas a la semana comprando. Aunque la etiología de la compra compulsiva no está del todo clara, los estudiosos de la materia lo relacionan con la dopamina; y neurocientíficos como Olsen descubrieron ya en el año 2011 que el comprar activa las mismas regiones cerebrales que las drogas. ¿Cómo aplicar estos preceptos para sentirnos bien sin caer en la ruina de la compra de impulso? Tan sencillo como realizar una compra online y no rematarla, o anularla después: engañaremos al cerebro, que vivirá la compra como real, pero sin el cargo en el extracto de nuestra visa.
7. Anotar, en una frase, algo hermoso de su vida. La expresión de gratitud es uno de los pilares de la psicología positiva, últimamente muy empleada en coaching. Se trata de “centrarse en el momento presente para apreciar tu vida tal y como es, sin dar las cosas por hechas y analizando las bondades y bendiciones con las que contamos”. Es uno de los consejos de la autora Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de California, autora del libro La ciencia de la felicidad. Recordar (o apuntar) dos o tres aspectos positivos de nuestra existencia nos llevará apenas unos segundos y, a cambio, tendrá unos resultados positivos impresionantes en nuestro estado de ánimo.
8. Mirar el vídeo de un gato. El gran fenómeno viral de quedarse embobado observando pequeños filmes de dulces animalitos ha resultado no ser casual, y lo ha demostrado una profesora de la Universidad de Indiana. Jessica Gal Myric se decidió a analizar la razón por la que los vídeos de gatos consiguen fascinar a los internautas. Para hacerlo encuestó a casi 7000 personas con el fin de descubrir por qué, en el año 2014, se subieron más de dos millones de vídeos de gatos a YouTube, obteniendo hasta 26 billones de visualizaciones y ganando por goleada a las demás categorías. Entre sus conclusiones estuvieron que los incondicionales de estos vídeos reportaban sentir más energía y positividad, a la vez que reducían el malestar emocional.
lunes, 3 de febrero de 2014
Consejos para vivir mejor
martes, 21 de enero de 2014
La columna vertebral
viernes, 20 de diciembre de 2013
Como evitar de engordar en Navidad
miércoles, 18 de diciembre de 2013
Vitaminas
domingo, 1 de diciembre de 2013
La suegra
Una relación complicada: reglas a seguir si quieres llevarte bien con tu suegra.
Pero, si bien gracioso, el asunto no es poco de pavo: según el sitio web Netmums, una de cada cuatro nueras desprecian a su suegra y la encuentran demasiado controladora. El sondeo se hizo con 2.000 mujeres, que consideraban que la suegra se inmiscuía como autoridad en los asuntos referidos a la educación de los hijos o en cómo se debe actuar como padres. Algunas hacían referencia a la suegra subestimando a la nuera frente a su marido y sus hijos. Otras quejas aludían a que la suegra expresa que la mujer no es lo suficientemente buena para su hijo o que era borde y metomentodo. Aproximadamente un tercio de las mujeres describía a su suegra como "criticona" o "entrometida".
Dicho esto, no sorprenderá que cerca de un cuarto de las participantes en la encuesta describiera la relación con su suegra como "mala" o "terrible". En los casos más radicales, la tensión con la familia política conduce a problemas serios en la pareja.
En opinión de la sexóloga y profesora Yvonne K. Fulbright, en la relación suegra-nuera es esta última quien juega con desventaja. Fulbright propone una serie de pasos a seguir o de consejos para controlar las emociones cuando, en estos casos, la situación se vuelve crítica: al fin y al cabo, se trata de tu bienestar y del de tu familia.
Intenta ser objetiva y pregúntate honestamente si ella tiene una criterio válido. Piensa si lo que dice o hace tiene una buena intención de fondo. Observa, también, que puede sentirse desplazada por haber dejado de ser la matriarca de la familia, y seguro que es fácil hacerla sentirse importante en su nuevo papel.
Piensa, pues, si puede haber algo que la esté molestando. ¿Eres una víctima realmente o dices y haces cosas que pueden incitar una respuesta negativa? Si es así, considera qué puedes cambiar para manejar más adecuadamente la situación y evitar el enfrentamiento.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Sueño y peso ideal
El secreto mejor guardado para mantenerse en el peso ideal.
Los hábitos de sueño influyen directamente en el peso corporal. Las personas que mantienen unos patrones regulares, acostándose y levantándose todos los días a la misma hora, y que además duermen unas ocho horas al día, tienen menos posibilidades de engordar que las que varían diariamente, según los resultados de un estudio publicado en el último número del American Journal of Health Promotion.
Los investigadores analizaron durante varias semanas los hábitos de más de 300 mujeres, de entre 17 y 26 años. Una evaluación que consistió en controlar su peso, la actividad física que mantenían durante el día y, principalmente, sus patrones de sueño. Como resultado, los investigadores también pudieron determinar la oscilación de tiempo que marca la diferencia entre mantenerse en el peso ideal o tener sobrepeso: 90 minutos a la semana. Es decir, si un día se duermen ocho horas y otro se rebaja a seis y media o se aumentan a nueve y media. Los casos en los que la variación era menor a 60 minutos no se relacionaron con desequilibrios de peso.
Alteraciones en los niveles de la “hormona del apetito”
Los investigadores sostienen la tesis de que las alteraciones en los ritmos biológicos tienen una consecuencia directa en la fisionomía. En la mayoría de organismos, los denominados relojes biológicos, que regulan todas las funciones vitales, determinan la noción del tiempo siguiendo un ciclo de 24 horas, en función de la llegada del día y la noche. Multitud de genes operan en función de estos ciclos, y sus funciones son alteradas si el oscilador circadiano no funciona correctamente, algo que ocurre en las personas con horarios muy cambiantes o que trasnochan demasiado.
El reloj alimenticio, en concreto, controla el trabajo de los genes que operan en nuestro aparato digestivo, y está diseñado para anticiparse a nuestros hábitos alimenticios, activando unos genes y desactivando otros. Es por ello que, si no comemos cuando nuestro cuerpo está acostumbrado a hacerlo, nos rugen las tripas y sentimos muchísima hambre, aunque no tengamos ninguna necesidad real de comer.
Otro estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Temple, en Filadelfia, similar a éste pero centrado en niños, determinó que dormir menos de lo recomendado estaba relacionado con el consumo de un media de 134 calorías más al día. Unas conclusiones que también se relacionaron con el aumento de los niveles hormonales de leptina y grelina, ambas responsables del apetito.
Cómo mejorar la calidad del sueño
Las dificultades para conciliar el sueño de deben a múltiples factores, que van desde el estrés y la alimentación a las enfermedades. Unas causas a las que se suma la perniciosa creencia de que “dormir es una pérdida de tiempo”, lo que provoca que durmamos menos de lo necesario para el correcto funcionamiento del organismo. El descanso nocturno no sólo es fundamental para evitar tener sobrepeso, sino también para recuperarnos del desgaste energético sufrido durante el día, consolidar las capacidades memorísticas y afianzar los conocimientos aprendidos.
Para disminuir la respuesta de ansiedad asociada a todo lo que tiene que ver con dormir, es importante aprender a respirar de manera profunda y a relajar los músculos. Para la mayoría de terapias psicológicas es fundamental aprender a no anticiparse, pensando “esta noche tampoco voy a dormir”. Por el contrario, deben alimentarse pensamientos positivos y racionales, y desterrar aquellos que vengan del temor o la desesperanza.
Respecto a las posturas, la mejor es dormir como un tronco. Es decir, boca arriba y con los brazos a lo largo del cuerpo, ya que se trata de una posición bastante estable. No da ninguna clase de problemas de respiración y además, no suele causar dolores de espalda, ya que no provoca que la espina dorsal tenga que hacer ningún esfuerzo.
domingo, 10 de noviembre de 2013
10 trucos para sacar todo el partido a las 24 horas del día
Tempus fugit, o el “tiempo vuela”, es una expresión latina que nos recuerda la velocidad con la que pasa el tiempo sin que seamos conscientes de ello. Otra locución en latín, “carpe diem” (es decir, “atrapa el día”) fue acuñada por el poeta Horacio para recordarnos aquella máxima de “vive cada momento como si fuese el último”.
Complicado resulta seguir dicho consejo en un mundo en el que los estímulos que demandan nuestra atención son incesables y nos distraen constantemente de lo que resulta realmente importante. Por eso, seguir determinados consejos que nos ayuden a manejar el tiempo que tenemos en las manos (que, en el fondo, es de lo poco que tenemos realmente en esta vida) puede ayudarnos no únicamente a ser más productivos, sino también a hacer más felices a los que nos rodean, como son nuestra pareja, nuestra familia o nuestros amigos.
- Planifícate
Parece un consejo obvio, pero cuando el estrés nos atenaza y sentimos que tenemos que hacer miles de cosas cada día, se trata de una de las cosas de las que prescindimos en primer lugar. Mal hecho: dedicarcinco o diez minutos a ordenar lo que vamos a hacer durante el día, a la larga puede ahorrarnos mucho tiempo gastado en vano.
- Deja huecos libres
En principio, si tantas cosas tenemos que hacer, lo mejor será apretar nuestra agenda y no dejar ni un minuto libre, ¿no? Pues no. Debemos descansar de vez en cuando –está demostrado que ayuda de manera positiva a la concentración–, y también, permitirnos cierta flexibilidad en nuestro horario. Si llenamos tanto este que no nos dé margen al error, solamente conseguiremos sentirnos aún más estresados al ver que no podemos cumplir con todos los compromisos.
- Sigue la regla del 80/20
Es una de las viejas máximas del management, que afirma que con tan sólo el 20% de las actividades podemos obtener el 80% de nuestros resultados a lo largo del día. En otras palabras, si nos centramos en ese pequeño pero importante porcentaje de tareas a cumplir, habremos avanzado más que si nos detenemos en lo accesorio.
- Separa el tiempo de las citas del tiempo discrecional
Diversos expertos en organización del tiempo nos recuerdan que, a lo largo de nuestra jornada laboral, hay dos clases de tiempo, el tiempo de cita y el tiempo discrecional. El primero es aquel que, a la fuerza, nos obliga a estar en un lugar a una hora determinada (por ejemplo, si tenemos una comida o una reunión, o si hemos de acudir a un evento); el segundo es aquel en el cual somos nosotros los organizadores, siempre y cuando no haya nada que nos interfiera. El primero es sagrado, el segundo es nuestro.
- Termina las cosas que empiezas
El célebre multitasking, o querer hacerlo todo a la vez, causa el efecto completamente contrario al que persigue: no sólo no tachamos tareas de nuestra lista con una mayor velocidad, sino que debido a que no nos concentramos, los resultados son peores. Resulta más eficiente completar cada actividad para poder eliminarla de nuestra mente y poder pasar a otra cosa.
- Estar ocupado no es ser productivo
Otra máxima en apariencia contradictoria pero bastante certera: en ocasiones pasamos el día llevando a cabo actividades accesorias que nos distraen de lo verdaderamente importante. En muchos casos, esas personas estresadas que se mueven de un sitio a otro con un café en la mano y que no parecen capaces de concentrarse en ninguna conversación no son gente que tengan la cabeza ocupada con grandes ideas, sino personas distraídas que creen que el movimiento perpetuo les llevará a algún lugar, aunque no sea así.
- Clasifica, clasifica y clasifica
Si pasamos cuatro horas fuera de la oficina, es posible que a la vuelta tengamos cien correos electrónicos por leer. Echar un vistazo a todos ellos nos puede llevar media hora, por lo que crear etiquetas que clasifiquen los correos según su importancia o el ámbito de su tarea puede ahorrarnos bastante tiempo. Algo semejante puede aplicarse a otras circunstancias de la vida, como la clasificación de las tareas o de las llamadas a realizar a lo largo de un día.
- Aprovecha la mañana
Ya se sabe que hay quien rinde mejor por la tarde y por la noche que por la mañana, pero hasta que el horario de oficina comience a las cuatro de la tarde, es a primer ahora del día cuando tendremos que organizarnos. Si podemos realizar las tareas más importantes de la jornada antes del mediodía, tendremos mucho ganado, y la pereza de la sobremesa (la hora menos productiva del día) no podrá con nosotros.
- No dejes que los demás organicen tu día
Hay citas que son ineludibles, pero dejando aparte estas, resulta importante hacer comprender a los que nos rodean (sean compañeros o familia) que debemos aprovechar el tiempo y ello nos hace que no estemos siempre disponibles para ellos. Eso quiere decir que quizá no debamos decir que “sí” cada vez que un colega nos propone ir a tomar un café, o dejar para otro momento esa conversación pendiente con un amigo. Al principio puede parecer duro, pero si logramos trazar las fronteras para que no nos molesten, terminaremos aprovechando mejor el tiempo en el trabajo y en el hogar.
- Ignora el correo electrónico, el WhatsApp y el teléfono
Todos hemos vivido esa situación en la que mientras estamos concentrados trabajando vemos cómo nos entra un correo a la bandeja de entrada del mail, el móvil vibra anunciando que ha llegado un nuevo mensaje y, de repente, el teléfono se pone a sonar. Si paramos para contestar a las tres cosas al momento, seguramente pasaremos quince minutos sin hacer nada de provecho. Cierto es que algunas cosas no pueden esperar, pero si malacostumbramos a nuestros compañeros a estar siempre disponibles para ellos, quizá no podamos ponernos a hacer lo que de verdad debemos hacer hasta las nueve de la noche.
martes, 5 de noviembre de 2013
Obesógenos: las sustancias que nos están haciendo engordar sin darnos cuenta
lunes, 4 de noviembre de 2013
Consejos para una vida sana
Para Adultos Contemporáneos seudo-intelecto-neuro-hipocondríacos... Es decir: nosotros...
Dicen que todos los días tenemos que comer una manzana por el hierro y un plátano, por el potasio. También una naranja, para la vitamina C, medio melón para mejorar la digestión y una taza de té verde sin azúcar, para prevenir la diabetes..
Todos los días hay que tomar dos litros de agua (sí, y luego mearlos, que lleva como el doble del tiempo que llevó tomárselos)..
Todos los días hay que tomarse un Activia o un Yogurt para tener 'L. Cassei Defensis', que nadie sabe qué mierda es, pero parece que si no te tomas un millón y medio todos los días, empiezas a ver a la gente como borrosa.
Cada día una aspirina, para prevenir los infartos, más un vaso de vino tinto, para lo mismo. Y otro de blanco, para el sistema nervioso. Y uno de cerveza, que ya no me acuerdo para qué era. Si te lo tomas todo junto, por más que te dé un derrame ahí mismo, no te preocupes pues probablemente ni te enteres.
Todos los días hay que comer fibra. Mucha, muchísima fibra, hasta que logres defecar un sweater. Hay que hacer entre cuatro y seis comidas diarias, livianas, sin olvidarte de masticar cien veces cada bocado. Haciendo un pequeño cálculo, sólo en comer se te van como cinco horitas.
Ah, después de cada comida hay que lavarse los dientes, o sea: después del Activia y la fibra los dientes, después de la manzana los dientes, después del plátano los dientes... y así mientras tengas dientes, sin olvidar pasarte el hilo dental, masajeador de encías, buche con Plax...
Mejor amplía el baño y mete el equipo de música, porque entre el agua, la fibra y los dientes, te vas a pasar varias horas por día ahí adentro.
Hay que dormir ocho horas y trabajar otras ocho, más las cinco que empleamos en comer, veintiuno. Te quedan tres, siempre que no te agarre algún imprevisto. Según las estadísticas, vemos tres horas diarias de televisión. Bueno, ya no puedes porque todos los días hay que caminar por lo menos media hora (dato por experiencia: a los 15 minutos regresa, si no la media hora se te hace una).
Y hay que cuidar las amistades porque son como una planta: hay que regarlas a diario. Y cuando te vas de vacaciones también, supongo. Además, hay que estar bien informado, así que hay que leer por lo menos dos diarios y algún artículo de revista, para contrastar la información. ¡Ah!, hay que tener sexo todos los días, pero sin caer en la rutina: hay que ser innovador, creativo, renovar la seducción. Eso lleva su tiempo. ¡Y ni qué hablar si es sexo tántrico!! (al respecto te recuerdo: después de cada comida hay que cepillarse los dientes!).
También hay que hacer tiempo para barrer, lavar la ropa, los platos, y no te digo si tienes perro u otra mascota... ¿hijos?!
En fin, a mí la cuenta me da unas 29 horas diarias. La única posibilidad que se me ocurre es hacer varias de estas cosas a la vez, por ejemplo: Te duchas con agua fría y con la boca abierta así te tragas los 2 litros de agua.
Mientras sales del baño con el cepillo de dientes en la boca le vas haciendo el amor (tántrico) parado a tu pareja, que de paso mira la TV y te cuenta, mientras barres. ¿Te quedó una mano libre? Llama a tus amigos.. ¡Y a tus padres!! Tómate el vino (después de llamar a tus padres te va a hacer falta). El Yakult con la manzana te lo puede dar tu pareja mientras se come el plátano con el Activia, y mañana cambian. Y menos mal que ya crecimos, porque si no nos tendríamos que clavar un Danonino Extra Calcio todos los días.
¡Úuuuf! Pero si te quedan 2 minutos, reenvíale esto a los amigos (que hay que regar como las plantas) mientras tomas una cucharadita de All Bran, que hace muy bien... Y ahora te dejo porque entre el yogur, el medio melón, la cerveza, el primer litro de agua y la tercera comida con fibra del día, ya no sé qué estoy haciendo pero necesito un baño urgente. Ah, voy a aprovechar y me llevo el cepillo de dientes...
SI YA TE LO ENVIÉ ANTES, PERDONA... ES EL ALZHEIMER QUE A PESAR DE TANTOS CUIDADOS NO LO HE PODIDO COMBATIR













