Mostrando entradas con la etiqueta Necrología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Necrología. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de marzo de 2021

Mi dulce mujer María



La conocí al poco tiempo de llegar a España. En una comida en un jardín de Puerta de Hierro habían convidado a dos jóvenes solteras muy guapas. Quedé prendado de una de ellas cuyo encanto era único. Guapa, divertida, inteligente y muy joven de 17 años, pero ya madura. Comprendí enseguida que solo había dos momentos en que quería estar con ella, desde entonces y para siempre. 
Me casé con María de Gracia de Solís-Beaumont y Téllez-Girón el 11 de octubre de 1975 y desde entonces alcancé la felicidad que había sido esquiva hasta ese momento en mi vida. El amor llena los momentos y los momentos comienzan la eternidad. Mi mente desde entonces se pasó los días, meses y años hablándome de ella. Marìa me ha regalado 45 años de felicidad y siempre estará en mi corazón porque tuve la suerte de encontrar mi alma gemela. Tuvimos una hija preciosa que se llama como su madre y dos nietas encantadoras que han alegrado la vida de los últimos años de Marìa.
Cuando le diagnosticaron su enfermedad, ella no quiso cambiar su vida ni angustiar a sus seres queridos y siguió adelante con una fuerza y un coraje dignos de una admiración incomparable. Mucho antes de eso y durante los trece años de tratamientos e intervenciones quirúrgicas, María siguió con su entrega y altruismo. Fue Dama Enfermera Voluntaria de la Cruz Roja y hasta aprendió y se convirtió en maestra de Reiki, una terapia que tiene un origen espiritual. Es la transmisión de energía vital a través de las manos para utilizarla como una técnica más de relajación y meditación que puede curar enfermedades. Doy fe que muchas personas se han beneficiado de esa terapia que Marìa dominaba, hasta yo mismo.  Incontables obras benéficas, de tipo material, espiritual o psicológico, han permitido a muchas personas recuperarse de sus enfermedades, angustias o problemas económicos. Marìa fue un ángel para quien quiso o tuvo la suerte de conocerla. Nunca olvidaré su primera obra benéfica, tras casarse conmigo, fue para una mujer pobre muy mayor que iba a ser desahuciada de su apartamento de renta antigua en el barrio de Tetuán de Madrid. La había conocido trabajando como enfermera en la Cruz Roja. Marìa, en una época que contábamos con recursos muy limitados, le compró el apartamento y se lo donó. Devolvió la felicidad a esa persona. Podría seguir relatando muchos más ejemplos de su generosidad pero Marìa era muy discreta y quiero respetar su voluntad.
Fue para mi un orgullo y un honor inconmensurable haber compartido tantos años con María, mi tesoro preciosa, y solo espero al momento en que pueda volver a estar con ella para la eternidad, tras intentar ayudar a mi hija y a mis nietas.


La carta que escribió San Agustín a su madre me ofrece un poco de consuelo. 


No llores si me amas…
¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!
¡Si pudieras oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos!
¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes,
los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso!
¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo,
la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!
¡Cómo! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?
Créeme; cuando la muerte venga a romper las ligaduras,
como ha roto las que a mí me encadenaban,
y cuando un día, que Dios ha fijado y conoce,
tu alma venga a este Cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a ver a aquel que te amaba y que siempre te ama,
y encontrarás tu corazón con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme, pero transfigurado,
extático y feliz, no ya esperando la muerte,
sino avanzando contigo,
que me llevarás de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida,
bebiendo con embriaguez a los pies de Dios
un néctar del cual nadie se saciará jamás.
Enjuga tu llanto y no llores si me amas…
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
La muerte no es nada.
No he hecho nada más que pasar al otro lado.
Yo sigo siendo yo.
Tú sigues siendo tú.
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste.
No emplees un tono distinto.
No adoptes una expresión solemne, ni triste,
sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos.
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue,
sin énfasis alguno, sin huella alguna de sombra.
La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado,
¿Por qué habría de estar yo fuera de tus pensamientos?
¿Sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos… tan solo a la vuelta del camino.
Lo ves, todo está bien…
Volverás a encontrar mi corazón, volverás a encontrar su ternura acendrada.
Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas.
Con todo mi cariño, con toda tu alegría.


martes, 31 de marzo de 2020

Juan José Luna (1946-2020)

Nota necrológica.

Prof. Juan José Luna (1946-2020).

Una vi­da de pa­sión por la his­to­ria del ar­te.



Fran­có­fi­lo, fue je­fe de De­par­ta­men­to de Pin­tu­ra del si­glo XVIII del Mu­seo del Pra­do

A mediados de los años 80 del siglo pasado Juan José Luna era conservador de Pintura Francesa, Inglesa y Alemana del Museo del Prado, antes de ascender en 2003 a jefe de Departamento de Pintura del siglo XVIII. En esa época yo era becario del Instituto Diego Velázquez, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En cierta ocasión me sorprendió con una llamada telefónica en la que me ofrecía la que fue mi primera conferencia en el Prado. Al advertir mi sorpresa, me propuso sin dudar: «Panini» y, tras una breve conversación, colgó el teléfono. Muchos de los que llegaron a conocerle reconocerán en esta anécdota algunos de los rasgos más característicos de su personalidad, la de un hombre resuelto, que siempre plantó cara con optimismo a las dificultades que encontró a su paso.
Juan Luna perteneció a una generación pionera de la historia del arte en España que comenzaba a dar sus primeros pasos a principios de los años 70. Buena parte de sus integrantes se formaron en el CSIC con Diego Angulo Íñiguez, quien distribuía los temas de las tesis en función de las carencias de la disciplina y las afinidades del doctorando. Y con un francófilo como Luna, la elección estuvo pronto clara. Defendió su tesis doctoral en 1979, dedicada a «La Pintura Francesa de los siglos XVII y XVIII en España». Todavía hoy resultan imprescindibles sus publicaciones de esa época, en las que ofreció un renovado semblante de artistas entonces completamente olvidados como Michel Ange Houasse, a quien tuvo la oportunidad de dedicarle una exposición monográfica organizada por el Ayuntamiento de Madrid (1981); Jean Ranc, que este año ha sido objeto por fin de su primera exposición (Montpellier, 2020), o Louis-Michel Van Loo, que todavía espera su oportunidad. Junto a ellos, las investigaciones de Luna llamaron la atención sobre una pléyade de artistas de menor entidad, pero que permitieron dibujar con mayor nitidez el panorama de la presencia de artistas franceses en España: Charles-Joseph Flipart, Jean Pillement, Pierre Gobert o Julien de Parme, entre muchos otros.
A pesar de que el siglo XVIII fue su terreno preferente de investigación y Francia el país que con mayor pasión captó su interés, una parte de sus investigaciones estuvieron centradas en el siglo XVII, como la exposición dedicada en el Prado a Georges de La Tour (1986), con motivo de la compra del «Tocador de zanfonía». Sin duda, una de las adquisiciones más brillantes del último cuarto del siglo XX en el Prado, cuya azarosa adquisición con final feliz tuvo en este profesor a uno de sus protagonistas.
Hoy ha concluido en Madrid este largo camino. Queda su grato recuerdo y una vida de pasión por la historia del arte que es ahora más rica gracias a su trabajo.

martes, 24 de octubre de 2017

En memoria de Enrique Trenor y Lamo de Espinosa, Grande de España

Nos ha dejado un buen amigo y un gran señor. Cuando alguien cercano a nuestro corazón muere no hay forma de evitar la tristeza y tener pena pero tenemos la paz que nos da saberlo en el paraíso junto a Dios. Descansa en paz, querido Enrique.







lunes, 7 de noviembre de 2016

Carlos Oswaldo Ruspoli y Morenés

Cuando llegué a España a principios de los años 70, mis tres primos españoles de mi generación, Carlos, Luis y Enrique Ruspoli me acogieron con cariño, pese a que no nos conocíamos personalmente.  Yo fui testigo de Carlos en su boda con Rosario Herbosch representando a la familia italiana. Fue un matrimonio exitoso, pues ambos se quisieron durante toda la vida. No tuvieron hijos pero si muchos sobrinos, hijos de Luis, que les acompañaron. Cuando conocí a mi mujer María, la homonimia supuso que tras nuestro noviazgo, muchos amigos felicitaron tanto a mi mujer como a mi primo, porque yo trabajaba fuera de Madrid y era muy poco conocido.
Descansa en paz, querido Carlos, te recordaremos en nuestras oraciones como el gran señor que siempre fuiste.



Carlos Oswaldo Rúspoli y Morenés, V duque de Sueca y Alcudia (San Sebastián, 05 de agosto de 1932-Madrid, 25 de octubre de 2016) fue un aristócrata español.

Desde 1975 fue V duque de Sueca, V duque de Alcudia y XIX conde de Chinchón, los tres títulos con grandeza de España de primera clase. Además de príncipe del Sacro Imperio.

Nacido en San Sebastián, sus padres fueron Camilo Rúspoli y Caro, IV duque de Sueca y Alcudia, XVIII conde de Chinchón y VI marqués de Boadilla del Monte, y María Belén Morenés y Arteaga, XVIII condesa de Bañares. Su padre era tataranieto de Manuel Godoy y María Teresa de Borbón, mientras que su madre nieta de los duques del Infantado.

El duque tenía dos hermanos: Luis Rúspoli, VII marqués de Boadilla del Monte; y Enrique Jaime de Rúspoli, XIX conde de Bañares.

En 1980, se casó en el palacio del Infante don Luis, Madrid, propiedad de la familia, con María del Rosario Herbosch y Huidobro, hija de Olivier Herbosch y Rosario Huidobro. El matrimonio no tuvo hijos.

viernes, 22 de julio de 2016

Alfonso de Puig y Pérez de Guzmán

Alfonso de Puig y Pérez de Guzmán




Esta noche, Alfonso falleció tras una larga enfermedad. Perteneciente a una destacada y noble familia, Alfonso era licenciado en derecho por la Universidad Complutense de Madrid y MBA (Master Business Administration) por el Instituto de Empresa de Madrid. Casado en 1975 con doña María Luisa Cañal y de Orozco, tuvieron dos hijos Almudena y Alfonso. Era Gerente en Refancon, S.L. una empresa de construcción con sede en Las Rozas de Madrid.  Fue para mí un honor ser su amigo, un ejemplo de fortaleza, de integridad, de sentido del humor y de generosidad. Pese a su encarnizada lucha contra el mal que le atormentaba, nunca dejó de actuar en el coro benéfico religioso en bodas y funerales.  Atrajo en sus actividades a mucho amigos, entre ellos yo mismo que formé parte de un grupo de jugadores de golf presidido por él y que estuve a punto de formar parte del coro donde se habían incorporado otros buenos amigos. Como arquitecto, colaboré en ocasiones y con excelentes resultados con la empresa Refancon que Alfonso creó. Le echaremos mucho de menos, porque Alfonso era el alma de nuestro grupo de amigos, era capaz de unir por medio de su ironía. Creaba una corriente de reacciones a sus mordaces comentarios alrededor suyo, cuyo único fin era el de consolidar la amistad del grupo. ¡Cuántas horas pasé con él hablando de nuestras experiencias!
Para despedirme de ti, mi gran amigo, tomaré prestadas las hermosas palabras de San Agustín que tal vez sirvan de consuelo para todos los que te quisimos: « No llores si me amas. ¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudieras oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo, la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras, y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades? Créeme: cuando la muerte venga a romper tus ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban, y cuando un día que Dios ha fijado y conoce, tu alma venga a éste Cielo en que te ha precedido la mía, ese día volverás a ver a aquél que te amaba y que siempre te ama y encontrarás su corazón con todas sus ternuras purificadas. Volverás a verme, pero transfigurado, extático y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando contigo, a quien llevaré de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios néctar del cual nadie se saciará jamás. Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas. Cuando tenga que dejarte por un corto tiempo, por favor no te entristezcas ni derrames lágrimas ni te abraces a tu pena a través de los años. Por el contrario empieza de nuevo con valentía, con una sonrisa por mi memoria. En mi nombre vive tu vida y haz todas las cosas igual que antes. No alimentes tu soledad con días vacíos sino llena cada hora de manera útil. Extiende tu mano para confortar y dar ánimo y a cambio yo te confortaré y te tendré cerca de mí; ¡Y nunca, nunca tengas miedo de morir porque yo estaré esperándote en el Cielo!»


De derecha a izquierda: Alfonso Puig, Carlo Ruspoli y César Álvarez



lunes, 13 de julio de 2015

Emmanuela Dampierre y Ruspoli

Emanuela fue una prima muy querida. Tuve la suerte de visitarla poco tiempo antes de su muerte. Durante su vida muy desafortunada recibió muchos golpes, lo peor fueron las muertes de sus dos únicos hijos, Alfonso por un accidente de esquí y Gonzalo por una leucemia fulminante, así como la de su nieto mayor Francisco por un accidente de coche. Encontré este vídeo en YouTube y decidí colgarlo de mi blog, pese a que Emanuela murió en 2012. Aún conservo entre mis recuerdos su cariñosa carta de pésame cuando murió mi abuela paterna, tía política suya.

viernes, 10 de julio de 2015

Omar Sharif

Había tres leyendas que rodeaban al actor egipcio Omar Sharif: su buena mano con las mujeres, sus cabreos homéricos y que sus días empezaban al mediodía. Todas eran ciertos, y todas bien visibles. También sus gustos refinados, su apostura y su pasión por el bridge: esa sabiduría en el vivir y en la interpretación se han acabado hoy en El Cairo, donde la leyenda del cine ha fallecido esta tarde a los 83 años de un infarto de corazón en un hospital del barrio de Heluán, en el sureste de la ciudad, donde llevaba ingresado casi un mes. Según cuenta la agencia EFE, el arqueólogo egipcio y exministro de Antigüedades Zahi Hawas, amigo íntimo de Sharif, explicó al diario Al Ahram que el actor sufría de pérdida de apetito. Su negativa a ingerir alimentos -que provocó un deterioro de su salud, acuciado por su alzhéimer-  llevó a su hospitalización
Cualquier entrevista con el ídolo suponía primero esperar a que el protagonista de Doctor Zhivago, Che!, Funny girl, Orgullo de estirpe y de docenas de filmes egipcios, el hombre que surgía de la inmensidad del desierto en Lawrence de Arabia, firmara autógrafos a diestro y siniestro: hasta sus últimos días mantuvo su fama mundial. Nacido en Alejandría en 1932, con el nombre de Michel Demitri Chalhoub, el actor empezó en el cine en 1954 con Shaytan al-Sahra. Al año siguiente trabajó con su amigo el gran cineasta egipcio Youssef Chahine en Siraa Fil-Wadi (y fue al festival de Cannes en 1955). En poco más de seis años filmó 18 películas seguidas, y cuando el equipo de David Lean llegó en 1962 a Egipto a rodar parte de Lawrence de Arabia, allí estaba Sharif para encarnar al jerife Alí -personaje conseguido por su perfecto inglés, que para eso había estudiado en la Royal Academy of Dramatic Art de Londres-: su figura se lanzó en el cine mundial. Por ese drama ganó un Globo de Oro y su única candidatura al Oscar. Su segundo Globo de Oro le llegó con su otra colaboración con David Lean: Doctor Zhivago. Gracias a su físico, realizó bastantes personajes históricos (el Che Guevara, el zar Nicolás II y Genghis Khan son buenos ejemplos). Su único César, el gran galardón del cine francés, lo ganó con El señor Ibrahim y las flores del Corán en 2003, película que le recuperó para las nuevas generaciones.
Entre sus títulos más populares están La caída del imperio romano, Y llegó el día de la venganza, El Rolls-Royce amarillo, La conquista del imperio, La noche de los generales, El oro de Mackenna, Che!, Funny girl -en ese rodaje surgió su relación sentimental con Barbra Streisand-, Orgullo de estirpe, La isla misteriosa, Top Secret, El guerrero número 13 y Océanos de fuego
Sharif hablaba un español preciso: cuando ganó algo de dinero trajo a su familia a Madrid, y hasta la muerte de su madre, en 1998, el intérprete pasaba largas temporadas en España. "No he vuelto porque me duele mucho el recuerdo. Aunque tengo sobrinos y sobrinos nietos madrileños", recordaba en el festival de Granada en 2009. En Madrid, en el barrio de Salamanca, aún está abierta la tienda de camisas de algodón egipcio Sharif.
Nacido cristiano -se convirtió al islam para casarse-, Sharif hablaba mucho sobre el entendimiento entre religiones y al final se definía como ateo: "Aunque soy bondadoso y cuando las cosas me iban mal Dios me ponía películas para que volviera a ganar dinero. Sospecho que en España no me entenderían, y en Egipto me matarían". La mujer que logró su conversión religiosa fue la actriz Faten Hamama, a la que hasta su muerte consideró el gran amor de su vida, y con la que tuvo a su único hijo. Con ella se casó en 1955 y se divorció en 1974. Hamama falleció el pasado enero.
"De mi galanura", confesaba en Granada, donde recibió un premio del Festival de Cines del Sur, "ya no queda nada. Desde 2004 no tengo novia. Bueno, ahora sí, dos de 35 años, una en El Cairo y otra en París, pero quedamos para cenar de vez en cuando. Al acabar nos damos dos besos en la mejilla y cada uno a su casa".
El actor vivió siempre en hoteles, con pocas posesiones, y hasta 2006, como buen jugador apasionado, se movía de torneo en torneo de bridge. Hasta escribía de este juego de cartas en el Chicago Tribune. "Llegué a perder un millón de dólares en una noche. Lo dejé porque me he centrado en mis nietos. Mi hijo Tarek vive en El Cairo, y allí está con sus tres hijos". Aunque siguió trabajando hasta hace unos dos años, cuando le diagnosticaron alzhéimer (sus últimas películas, ambas de 2013, son Rock the Casbah y Un castillo en Italia, de Valeria Bruni Tedeschi), era muy crítico con su carrera. "Doctor Zhivago era mediana, la segunda parte de El señor Ibrahim y las flores del Corán sobraba... Sólo salvaría algunas de mis primeras películas con Chahine y Lawrence de Arabia". Ya no veía cine. "Sólo me atraen en la tele los filmes mudos de Chaplin".
Además de actor, Omar Sharif fue también, como dije antes, un gran jugador de bridge. Solía participar a campeonatos siendo pareja del campeón mundial italiano Belladonna. Le conocí hacia 1970 en Roma, precisamente en un selecto club de la capital, durante un torneo. Yo jugaba como pareja de mi madre, una jugadora muy experta. Cuando se sentaron Sharif y Belladonna a nuestra mesa, tras las presentaciones que nos dejaron estupefactos, empezamos a jugar. Nunca había jugado contra campeones y me puse muy nervioso. En una mano cometí un error en la subasta, precisamente por mi estadoHabía tres leyendas que rodeaban al actor egipcio Omar Sharif: su buena mano con las mujeres, sus cabreos homéricos y que sus días empezaban al mediodía. Todas eran ciertos, y todas bien visibles. También sus gustos refinados, su apostura y su pasión por el bridge: esa sabiduría en el vivir y en la interpretación se han acabado hoy en El Cairo, donde la leyenda del cine ha fallecido esta tarde a los 83 años de un infarto de corazón en un hospital del barrio de Heluán, en el sureste de la ciudad, donde llevaba ingresado casi un mes. Según cuenta la agencia EFE, el arqueólogo egipcio y exministro de Antigüedades Zahi Hawas, amigo íntimo de Sharif, explicó al diario Al Ahram que el actor sufría de pérdida de apetito. Su negativa a ingerir alimentos -que provocó un deterioro de su salud, acuciado por su alzhéimer-  llevó a su hospitalización.
Cualquier entrevista con el ídolo suponía primero esperar a que el protagonista de Doctor Zhivago, Che!, Funny girl, Orgullo de estirpey de docenas de filmes egipcios, el hombre que surgía de la inmensidad del desierto en Lawrence de Arabia, firmara autógrafos a diestro y siniestro: hasta sus últimos días mantuvo su fama mundial. Nacido en Alejandría en 1932, con el nombre de Michel Demitri Chalhoub, el actor empezó en el cine en 1954 con Shaytan al-Sahra. Al año siguiente trabajó con su amigo el gran cineasta egipcio Youssef Chahine en Siraa Fil-Wadi (y fue al festival de Cannes en 1955). En poco más de seis años filmó 18 películas seguidas, y cuando el equipo de David Lean llegó en 1962 a Egipto a rodar parte de Lawrence de Arabia, allí estaba Sharif para encarnar al jerife Alí -personaje conseguido por su perfecto inglés, que para eso había estudiado en la Royal Academy of Dramatic Art de Londres-: su figura se lanzó en el cine mundial. Por ese drama ganó un Globo de Oro y su única candidatura al Oscar. Su segundo Globo de Oro le llegó con su otra colaboración con David Lean: Doctor Zhivago. Gracias a su físico, realizó bastantes personajes históricos (el Che Guevara, el zar Nicolás II y Genghis Khan son buenos ejemplos). Su único César, el gran galardón del cine francés, lo ganó con El señor Ibrahim y las flores del Corán en 2003, película que le recuperó para las nuevas generaciones.
Entre sus títulos más populares están La caída del imperio romano, Y llegó el día de la venganza, El Rolls-Royce amarillo, La conquista del imperio, La noche de los generales, El oro de Mackenna, Che!, Funny girl -en ese rodaje surgió su relación sentimental con Barbra Streisand-, Orgullo de estirpe, La isla misteriosa, Top Secret, El guerrero número 13 y Océanos de fuego.Sharif hablaba un español preciso: cuando ganó algo de dinero trajo a su familia a Madrid, y hasta la muerte de su madre, en 1998, el intérprete pasaba largas temporadas en España. "No he vuelto porque me duele mucho el recuerdo. Aunque tengo sobrinos y sobrinos nietos madrileños", recordaba en el festival de Granada en 2009. En Madrid, en el barrio de Salamanca, aún está abierta la tienda de camisas de algodón egipcio Sharif.
Nacido cristiano -se convirtió al islam para casarse-, Sharif hablaba mucho sobre el entendimiento entre religiones y al final se definía como ateo: "Aunque soy bondadoso y cuando las cosas me iban mal Dios me ponía películas para que volviera a ganar dinero. Sospecho que en España no me entenderían, y en Egipto me matarían". La mujer que logró su conversión religiosa fue la actriz Faten Hamama, a la que hasta su muerte consideró el gran amor de su vida, y con la que tuvo a su único hijo. Con ella se casó en 1955 y se divorció en 1974. Hamama falleció el pasado enero.
"De mi galanura", confesaba en Granada, donde recibió un premio del Festival de Cines del Sur, "ya no queda nada. Desde 2004 no tengo novia. Bueno, ahora sí, dos de 35 años, una en El Cairo y otra en París, pero quedamos para cenar de vez en cuando. Al acabar nos damos dos besos en la mejilla y cada uno a su casa".
El actor vivió siempre en hoteles, con pocas posesiones, y hasta 2006, como buen jugador apasionado, se movía de torneo en torneo de bridge. Hasta escribía de este juego de cartas en el Chicago Tribune. "Llegué a perder un millón de dólares en una noche. Lo dejé porque me he centrado en mis nietos. Mi hijo Tarek vive en El Cairo, y allí está con sus tres hijos". Aunque siguió trabajando hasta hace unos dos años, cuando le diagnosticaron alzhéimer (sus últimas películas, ambas de 2013, son Rock the Casbah y Un castillo en Italia, de Valeria Bruni Tedeschi), era muy crítico con su carrera. "Doctor Zhivago era mediana, la segunda parte de El señor Ibrahim y las flores del Corán sobraba... Sólo salvaría algunas de mis primeras películas con Chahine y Lawrence de Arabia". Ya no veía cine. "Sólo me atraen en la tele los filmes mudos de Chaplin".
Además de actor, Omar Sharif fue también un gran jugador de bridge. Solía participar a campeonatos siendo pareja del campeón mundial italiano Belladonna. Le conocí hacia 1970 en Roma, precisamente en un selecto club de la capital, durante un torneo. Yo jugaba como pareja de mi madre, una jugadora muy experta. Cuando se sentaron Sharif y Belladonna a nuestra mesa, tras las presentaciones que nos dejaron estupefactos, empezamos a jugar. Nunca había jugado contra campeones mundiales y me puse muy nervioso. En una mano cometí un error en la subasta, precisamente por mi estado de excitación, interviniendo sin tener las cartas para ello. Los adversarios consideraron mi intervención como un barrage y no cumplieron con el contrato, obteniendo un top para nosotros. Cuando acabamos, los dos señores se levantaron y cumplimentaron a mi madre diciendo: 
- Nosotros solemos presentarnos para impresionar nuestros adversarios que, por regla general, juegan atemorizados, pero su hijo nos ha cazado con una defensa insospechada. ¡Enhorabuena! 
Al final mi madre y yo resultamos segundos en el premio que ganaron precisamente Sharif y Belladonna... 
Pasaron los años y no volví a ver a ninguno de los dos, pero veinticinco años después coincidí en Casa Lucio, típico restaurante de Madrid, con Sharif que estaba cenando con su nuera. Le saludé y ¡sorpresa! Omar aún se acordaba de aquella jugada. Me presentó a su nuera y me trató como a un viejo amigo. Estuvimos conversando un buen rato. Le presenté a mi mujer y a unos amigos que cenaban con nosotros. 
Hace un par de meses estuve cenando en un restaurante italiano de su hijo Tarek en Zamalek, El Cairo, pero ni él ni su hijo estaban, una pena.
¡Descansa en paz, viejo amigo!



martes, 23 de junio de 2015

Laura Antonelli

La actriz Laura Antonelli, mito del cine italiano de los años 70 y 80, ha fallecido este lunes de un infarto a los 73 años de edad. El cuerpo de la intérprete fue encontrado en su apartamento de Ladispoli, cerca de Roma, a primera hora de la mañana por su asistenta. Ha muerto sola y al borde de la indigencia. Un triste final para una larga vida delante de los focos llena de luces y sombras.
La conocí cuando era aún desconocida y gracias a mi buena amistad con los hijos de los grandes productores de cine de entonces, Carlo Ponti y Dino De Laurentiis pude llevar su book a Cinecittà, la meca del cine italiano. La llamaron, hizo unas pruebas y la contrataron, gracias a su talento. Yo solo me limité a abrirle una puerta. Tras su éxito, jamás volví a verla. Su debut con sólo 25 años en 'Le sedicenni', ópera prima de Luigi Petrini (1966), la dio conocer en la industria cinematográfica, aunque su salto hacia el gran público no se produjo hasta unos años más tarde cuando protagonizó 'Malizia' (1973), una película de Salvatore Samperi, donde interpretó a una provocativa y sensual camarera. Un papel que le persiguió el resto de su carrera. 'Sessomatto', de Dino Risi, 'Pasión de amor', de Ettore Scola, y sobre todo, 'El inocente', de Luchino Visconti, la convirtieron en el sueño erótico de los italianos. De ella Visconti llegó a decir que era "la mujer más bella del universo". Los periódicos de la época la definían como "una cara de ángel en un cuerpo de pecadora". Pero Laura, insegura y tímida como dicen que era, siempre respondía: "Soy bajita, gordita y con las piernas un poco cortas. A saber por qué gusto..." Estuvo nueve años con el actor Jean Paul Belmondo, aunque nunca vivieron juntos. Una diva amada y atormentada a partes iguales. Conoció al actor Jean Paul Belmondo durante el rodaje de 'Gracias y desgracias de un casado del año II', de Jean Paul Rappeneau (1971). Y un año más tarde se reencontraron en 'Doctor Casanova', de Claude Chabrol (1972). Juntos estuvieron casi nueve años, aunque nunca llegaron a vivir juntos -él vivía en París, ella en Roma--, y su romance estuvo salpicado de notorias crisis. Probó fortuna en el cine cómico de la época, para intentar superar su imágen de sex symbol, pero después de varios fracasos sentimentales, comenzó un retiro voluntario. A finales de los años 80 la actriz dejó de aparecer poco a poco en la gran pantalla pero unos años más tarde Salvatore Samperi la convenció para que protagonizara la segunda de parte de 'Malizia'. Lo que debía ser un regreso triunfal de la diva a las pantallas del cine se convirtió en un auténtico fracaso comercial y un infierno para la actriz. La intérprete se sometió a una operación de cirugía que le desfiguró el rostro y cayó en una profunda depresión. Fue entonces cuando buscó refugió en la religión y las drogas. En 1991 fue acusada de tráfico de estupefacientes después de que la policía encontrara 36 gramos de cocaína en su casa. Condenada a tres años y medio de prisión, fue absuelta nueve años más tarde después de que la defensa lograra demostrar que la droga era para uso personal y no para ser vendida. La larga odisea judicial junto a una profunda depresión le pasaron factura. En 1996 la actriz fue internada en un centro psiquiátrico de Civitavecchia, en Roma. En 1991 fue acusada de tráfico de estupefacientes después de que la policía encontrara 36 gramos de cocaína en su casa. Laura Antonelli vivió los últimos años de su vida gracias a una pensión de 510 euros, la ayuda de la Iglesia y de algunos fans incondicionales que le mandaban dinero y regalos. En 2010 uno de sus mejores amigos, uno de los pocos que ha estado a su lado hasta el final, el actor Lino Banfi, luchó para que la interprete obtuviera asistencia por parte del Estado gracias a una ley italiana que contempla una ayuda económica a aquellas personas que han sido protagonistas del mundo de la cultura, el arte o el deporte, y en la actualidad se encuentran en situación de indigencia. "Salvemos a Laura Antonelli", escribió Banfi en una carta dirigida al entonces primer ministro, Silvio Berlusconi, y publicada en 'Il Corriere della Sera'. Pero la intérprete, ya en graves condiciones psíquicas y físicas, expresó a través de su abogado su deseo de permanecer en la sombra. "Agradezco a Lino Banfi y a todos los que se están preocupando por mí. Me gustaría vivir en un modo más sereno y digno, aunque la vida terrenal ya no me interesa. Querría ser olvidada".

domingo, 7 de junio de 2015

La XVI Duquesa de Osuna


Feria de Sevilla, en la casa sevillana de la duquesa de Osuna

Ángela María, en la foto acompañada por su hija Maria, fue para mí como una madre. La conocí hace más de cuarenta años, poco tiempo después de que su hija María y yo hiciéramos amistad, porque su madre quería conocer a los amigos que frecuentaba. Desde el primer momento, Ángela María me sorprendió, porque me hablaba como a una persona conocida de siempre o como a alguien de su familia, mientras yo no la comprendía o mejor dicho, la entendía muy poco porque acababa de llegar de Italia y aún no dominaba el español. Pero ese trato que me dispensó entonces ganó mi corazón para siempre. 

Su vida fue difícil, empezando por el año de su nacimiento que fue terrible para la pequeña Ángela María porque su padre Mariano murió. Estando en San Sebastián, Mariano dijo a su mujer que tenía que operarse de urgencia y que presentía que no saldría de la intervención, como así fue. Petra estaba esperando otro hijo y lo perdió. Las dos señoras se quedaron solas, y así fue durante mucho tiempo, porque Petra nunca volvió a casarse. Ángela María nació bajo la dictadura de Primo de Rivera, asistió a la abdicación y exilio del rey Alfonso XIII y a la proclamación de la segunda República el 14 de abril de 1931. Tras cinco años de política republicana desastrosa, vivió junto con su madre la guerra civil española, tres años que marcaron su infancia. Tuvieron que marcharse de Andalucía.

Empezó para Ángela María un periodo relativamente más tranquilo, solo agrietado por las consecuencias de la segunda guerra mundial, y siete años después, un año después de finalizar la segunda guerra mundial, contrajo matrimonio con el valiente voluntario de la Legión a los diez y seis años, Pedro de Solís-Beaumont. Los veinte y un años transcurridos desde la muerte del padre Mariano, la tragedia de la guerra civil española y las consecuencias de la guerra mundial habían pasado una factura tremenda sobre las propiedades de Ángela María, pero su marido decidió emprender una tarea de saneamiento global de las fincas de su mujer. 

Esa época fue feliz para Ángela María y su marido Perico no desdeñaba ningún trabajo en el campo donde vivían. Mientras ella se ocupaba de la casa, él conducía el tractor y realizaba las labores del campo, a la vez que organizaba el resto del personal. Fue extraordinariamente innovador, creó sistemas de riego, una mini central hidroeléctrica y muchas otras mejoras y obras necesarias para devolver la rentabilidad a las fincas. El matrimonio tuvo descendencia y nació su hija primogénita que llamó como ella, Ángela María. Tras unos años de intentos fallidos, nació su segunda hija, María con la que estoy felizmente casado. Pero la tragedia se cernió nuevamente sobre ella, sus dos hijas y su madre, porque Perico murió cuando su hija pequeña contaba con menos de dos años de edad. 

Las consecuencias fueron las mismas que se habían producido tras la muerte de su padre Mariano. Ángela María estaba sola y se sentía desamparada, sin ganas de ocuparse más que de sus hijas y de su madre. Pero aún era joven y muy guapa, contaba solo con treinta y cuatro años y poco a poco fue considerando la posibilidad de volver a empezar a reconstruir su vida. Entre sus numerosos admiradores, eligió casarse cinco años después de la muerte de Perico, con el diplomático José María de Latorre. Su vida cambió, acompañó a su nuevo marido en destinos extranjeros y en España. Del segundo matrimonio nacieron dos hijas, María del Pilar y María de la Asunción. 

Vivió el periodo franquista con serenidad y se adaptó al nuevo régimen, pero nunca olvidó a la monarquía y contribuyó a su mantenimiento en el exilio de Estoril. Justo al final de la etapa franquista, fue cuando nos conocimos. Yo procedía de Italia, un país que había sufrido una gran transformación tras los horrores de la segunda guerra mundial. Sin embargo, Italia fue uno de los países fundadores de la actual Unión Europea y Ángela María estaba muy interesada en conocer los cambios que se habían producido en la sociedad italiana, pensando con clarividencia que lo mismo sucedería en España tras la muerte de Franco. Era una de sus facetas más destacadas, tenía un instinto prodigioso de supervivencia acompañado de una inteligencia brillante. Y así fue como aceptó mis consejos para administrar su patrimonio con vistas al futuro posible de España. 

Ángela María fue una persona muy generosa, realizó constantes obras benéficas y ningún necesitado que llamó a su puerta se fue con las manos vacías. Presidió UNICEF en Sevilla y no se a cuantas cofradías religiosas pertenecía. Hasta un amigo periodista me comentó que cuando era pequeño vio a Ángela María como camarera, vistiendo a la Virgen de las Aguas. Frente a su casa de Sevilla se encuentra la hermandad de la Redención de la que ella fue su benefactora. Vivió una larga vida llena de dificultades que supo superar, y, tras la muerte de su madre y de su segundo marido, convirtió a sus hijas  y a sus nietas en el centro de su mundo. 

Ángela María fue para mí como una madre y yo espero haber sido para ella como un hijo.

Carlo Emanuele Ruspoli, duque de Plasencia.

Homilía preparada para su Funeral en la Iglesia de San Francisco de Borja


Ángela María, fue descendiente directa en grado catorce de nuestro hermano tercer general de la Compañía de Jesús, San Francisco de Borja, Santo Patrono en España: de la nobleza, de la cetrería y de las ciudades de Gandía, Valencia y Bonares. En Perú: de la Provincia de Yunguyo. En Colombia: protector y patrono de la ciudad de Medellín, en la aflicción de terremotos, temblores, borrascas y tempestades.
Su vida fue difícil, pues el año de su nacimiento fue terrible para la pequeña porque su padre Mariano murió. Estando en San Sebastián, Mariano dijo a su mujer que tenía que operarse de urgencia y que presentía que no saldría de la intervención, como así fue. Petra estaba esperando otro hijo y lo perdió. Las dos señoras se quedaron solas, y así fue durante mucho tiempo, porque Petra nunca volvió a casarse.
Ángela María nació bajo la dictadura de Primo de Rivera, asistió a la abdicación y exilio del rey Alfonso XIII y a la proclamación de la segunda República en abril de 1931. Tras cinco años de política republicana desastrosa, vivió junto con su madre la guerra civil española, tres años que marcaron su infancia. Tuvieron que marcharse de Andalucía.
Empezó para Ángela María un periodo relativamente más tranquilo, solo agrietado por las consecuencias de la segunda guerra mundial, y siete años después, un año después de finalizar la guerra, contrajo matrimonio con el valiente voluntario de la Legión a los diez y seis años, Pedro de Solís-Beaumont. Los veinte y un años transcurridos desde la muerte del padre Mariano, la tragedia de la guerra civil española y las consecuencias de la guerra mundial habían pasado una factura tremenda sobre las propiedades de Ángela María, pero su marido decidió emprender una tarea de saneamiento global de las fincas de su mujer. Esa época fue feliz para Ángela María y su marido Perico no desdeñaba ningún trabajo en el campo donde vivían. Mientras ella se ocupaba de la casa, él conducía el tractor y realizaba las labores del campo, a la vez que organizaba el resto del personal. Fue extraordinariamente innovador, creó sistemas de riego, una pequeña central hidroeléctrica y muchas otras mejoras y obras necesarias para devolver la rentabilidad a las fincas. El matrimonio tuvo descendencia y nació su hija primogénita que llamó como ella, Ángela María. Tras unos años de intentos fallidos, nació su segunda hija, María. Pero la tragedia se cernió nuevamente sobre ella, sus dos hijas y su madre, porque Perico murió cuando su hija pequeña María contaba solo con menos de dos años de edad.
Las consecuencias fueron las mismas que se habían producido tras la muerte de su padre Mariano. Ángela María estaba sola y se sentía desamparada, sin ganas de ocuparse más que de sus hijas y de su madre. Pero aún era joven y muy guapa, contaba solo con treinta y cuatro años y poco a poco fue considerando la posibilidad de volver a empezar a reconstruir su vida. Entre sus numerosos admiradores, eligió casarse cinco años después de la muerte de Perico, con el diplomático José María de Latorre. Su vida cambió, acompañó a su nuevo marido en destinos extranjeros y en España. Del segundo matrimonio nacieron dos hijas, Pilar y Asunción.
Vivió el periodo franquista con serenidad y se adaptó al nuevo régimen, pero nunca olvidó a la monarquía y contribuyó a su mantenimiento en el exilio de Estoril. Ángela María estaba además muy interesada en conocer los cambios que se habían producido en la sociedad italiana, pensando con clarividencia que lo mismo podría suceder en España tras la muerte de Franco. Era una de sus facetas más destacadas, tenía un instinto prodigioso de supervivencia acompañado de una inteligencia brillante. Y así fue como aceptó consejos para administrar a su patrimonio tomando ideas de Italia, con vistas al futuro posible de España.
Ángela María fue una persona muy generosa, realizó constantes obras benéficas y ningún necesitado que llamara a su puerta se fue con las manos vacías. Presidió UNICEF en Sevilla y no se a cuantas cofradías u órdenes religiosas pertenecía o colaboraba. Hasta un amigo periodista me comentó que cuando era pequeño vio en más de una ocasión a Ángela María como camarera, vistiendo a la Virgen de las Aguas. Frente a su casa de Sevilla se encuentra la hermandad de la Redención y ella fue su benefactora. Vivió una larga vida llena de dificultades que supo superar, y, tras la muerte de su madre y de su segundo marido, convirtió a sus hijas  y a sus nietas en el centro de su mundo.


La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado. Yo soy yo, vosotros sois vosotros. Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo. Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste. Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí. Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra. La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado. ¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista? Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino. ¿Veis? Todo está bien. No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen! Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban\ y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas. Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás. (San Agustín)


martes, 2 de junio de 2015

La duquesa de Osuna

Reproduzco a continuación en dos mitades el magnífico artículo de Patricia Espinosa de los Monteros, ABC de Madrid, sábado 30 de mayo, página 64. En la primera foto de la derecha, Ángela María leyendo un cuento a su segunda hija María de Gracia en presencia de la mayor Ángela María, bajo la pintura de Bartolomé Esteban Murillo titulada "El reposo de Jesús durante la huida a Egipto". La segunda es del día de su boda con Pedro de Solís-Beaumont y Lasso de la Vega en el castillo de Espejo en la provincia de Córdoba, que se puede ver brevemente en este enlace: https://youtu.be/U2CdNkQiL-I ; la tercera es un salón del Palacio de La Puebla de Montalbán del siglo XV en la provincia de Toledo; la siguiente es Ángela María viendo los toros desde el palco de la Maestranza de Sevilla y la última es bailando flamenco con Lucero Tena en una caseta de la Feria de Sevilla.





martes, 3 de marzo de 2015

José Luis Tubilla, sacerdote pasionista




Con gran dolor os informo que el 18 de febrero de 2015 falleció prematuramente don José Luis Tubilla, sacerdote pasionista. La Congregación de la Pasión viste con hábito negro, con broches en el cuello, sin alzacuellos, escudo negro con la cruz y un corazón blancos en cuyo interior están incisas las palabras "JESUXPI PASSIO" y los tres clavos. 

Josechu fue un ángel en vida así que pienso que Dios le ha recogido para llevarlo consigo y tenerle a su lado. Pero nos ha dejado huérfanos de su presencia, de sus consejos, de su cariño y de su amistad. No estoy en condición de escribir una nota necrológica porque Josechu fue siempre tan discreto. Sin embargo a lo largo de los cuarenta años que ha durado nuestra relación pude conocer a fondo su gran vocación que ha sido una guía espiritual para muchas personas y para mí. De origen vasco, Josechu perteneció a una familia de terratenientes productores de un  excelente vino tinto - siempre decía que era vino de verdad, sin aditivos - y en sus años de juventud tuvo una novia con la que no pudo casarse por su tardía vocación. Años después fue el sacerdote que ofició la boda de su antigua novia, lo cual demuestra el cariño que le rodeaba. Durante muchos años, Josechu fue el rector del Colegio San Gabriel en Alcalá de Henares hasta que un infarto de miocardio le obligó a reducir su trabajo. El superior general de su Orden le quiso siempre con él en los capítulos generales que se celebraban en Roma, en la casa principal de la Orden, frente al Coliseo. Cuando tenía un poco de tiempo libre, Josechu se levantaba muy temprano para coger el primer tren a Florencia, una ciudad que le encantaba. - Si alguna vez me buscáis en Italia - decía - estaré en Florencia -. Nunca dejó de aprender, pese a sus distintas licenciaturas en teología, literatura, filología, pedagogía, antropología, lengua inglesa Josechu no dejaba de apuntarse a masters y cursos todos los años de su vida. Leía y comprendía el arameo y el hebreo que le sirvieron para estudiar en el Centro de Estudios Bíblicos de Jerusalén los textos antiguos de la Biblia. Fue mi director espiritual y gracias a la formación que me impartió pude tomar mi voto de Obediencia en la Orden de Malta. Luego ofició la ceremonia de la boda de mi hija y cada vez que había una inquietud de cualquier tipo allí estaba Josechu para ayudar. Solía cenar en nuestra casa de vez en cuando y su presencia siempre fue gratificante. Solía utilizar ejemplos, como las parábolas de Jesús, para aconsejarnos. Nunca olvidaré sus citas de Cervantes, de la Farisea de Mauriac, pero sobre todo de la Biblia donde - afirmaba Josechu - se encontraba una respuesta para todas las preguntas. Cuando empezó mi vocación literaria, Josechu fue el corrector de los primeros textos que salieron de mi pluma. Me llamaba su amigo italiano y así me conocían tanto en la comunidad religiosa de San Gabriel, como en la de Santa Gema en Madrid.  



     


Para despedirme de ti, querido amigo que siempre estarás en nuestro corazón, aprovecharé las palabras de San Agustín: La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado. Yo soy yo, vosotros sois vosotros. Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo. Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste. Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí. Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra. La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado. ¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista? Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino. ¿Veis? Todo está bien. No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen! Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban\ y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas. Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.