miércoles, 14 de mayo de 2014

El sol perpetuo

Persiguiendo al Sol: ¿sería posible vivir en un día perpetuo?

Imagina un viaje improvisado en el que no hubiese más objetivo que no perder nunca de vista el Sol. Si les suena la idea quizá sea porque han visto esta campaña publicitaria.

Más allá de lo romántico de la idea, ¿es posible moverse por la tierra de forma que siempre mantuviésemos el Sol en el mismo lugar sobre el cielo? ¿A qué velocidad habría que moverse? ¿En qué medio de transporte tendríamos que hacerlo? En Teknautas hemos consultado a Fernando Jáuregui, astrofísico del Planetario de Pamplona para responder a estas preguntas.

“Cada vez que viajas hacia el Oeste, en dirección a América, estás ganando horas al Sol”, explica Jáuregui. Por ejemplo, si sales de Madrid a las 8 de la mañana y vuelas 7 horas hasta llegar a Nueva York, cuando llegas allí no son las 15, como serían en España y como tu cuerpo interpreta, sino las 11 de la mañana. De ahí el famoso jetlag.

“Le has ganado al Sol unas cuantas horas porque has compensado un poco la rotación de la Tierra. Pero no lo has hecho suficientemente rápido. A la velocidad de los vuelos comerciales, no podrías mantener el Sol siempre en el mismo punto del cielo”, explica Jáuregui.

Cuarenta mil kilómetros en 24 horas

Entonces, ¿a qué velocidad tendríamos que movernos para conseguirlo? La respuesta depende de varios factores, principalmente de la altura a la que nos encontremos respecto a la línea del Ecuador y de la trayectoria que siguiésemos. “No es lo mismo recorrer el Ecuador, que es el paralelo más largo, que viajar por los polos”.

De forma que planteamos la situación a la altura del Ecuador y suponemos que viajaríamos siguiendo esa línea. Los aviones en los que volamos no suelen hacer esta ruta, ya que buscan el trayecto más corto. Por efecto de la curvatura terrestre, éste no se traza volando en línea recta hacia el oeste (en este caso), sino desviando la trayectoria hacia el norte o el sur.

“La línea del Ecuador mide unos 40.000 kilómetros. Si viajásemos siguiendo ese trayecto, con el objetivo de tener el Sol a la vista siempre en el mismo punto del cielo, tendríamos que recorrer 40.000 kilómetros cada 24 horas”, nos cuenta Jáuregui. Es decir, tendríamos que ir a 1.666,66 kilómetros por hora, siempre en dirección oeste.

“Volando en esa dirección compensaríamos la rotación de la Tierra y siempre tendríamos el Sol en el mismo punto. Volando en dirección este haríamos lo contrario: adelantaríamos la rotación de la Tierra y nos encontraríamos de nuevo con el Sol, pero antes, es decir, veríamos más amaneceres”. Esto es lo que en teoría hizo Phileas Fogg, el protagonista de La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne. 

Para movernos a esa velocidad, por no mencionar los accidentes geográficos obvios) no nos quedaría más remedio que volar en avión. Existen aeronaves que alcanzan estas velocidades, aunque no son los aviones comerciales de pasajeros.

Jáuregui puntualiza que, si efectivamente nos moviésemos en avión, habría que hacerlo un poco más rápido que esos 1.666,66 kilómetros por hora, puesto que la distancia a cubrir sería mayor: el avión no vuela a ras de suelo, sino que lo hace a aproximadamente unos 10 kilómetros de altura.


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