viernes, 3 de enero de 2014

Impuestos


Los planes del Gobierno para 2014: recaudar más...

(y una alternativa)


Seguramente han visto alguna vez a un crío pequeño, sea alguno de sus hijos, sobrinos o nietos, jugar con juguetes que simulan, en vivos colores, las herramientas de carpinteros, fontaneros y otros oficios manuales. Probablemente se han fijado también en que la herramienta favorita de los niños es el martillo, con el que igual clavan un clavo de juguete, que un tornillo, que les “arregla” alguna lámpara o cualquier otro objeto decorativo de su salón. Pues bien, esta conducta, formulada como “dele un martillo a un niño, y pensará que todo son clavos”, responde a lo que el filósofo Abraham Kaplan denominara la ley del instrumento en su obra de 1964 The Conduct of Inquiry, y es justamente lo que ocurre con el Gobierno, que creen que van a resolver a martillazos fiscales los problemas de nuestra economía.

Si por algo se ha caracterizado la acción de gobierno del gabinete de Mariano "yalopensarémañana" Rajoy durante el 2013 que hemos dejado atrás, es por su esmero en 'clavarnos' a impuestos, tasas, cotizaciones y otras exacciones fiscales a los españoles. Un atosigamiento fiscal capitaneado por el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Taxman Montoro, y al que alegremente se han unido otros miembros del Ejecutivo, como los ministros de Justicia –entrada en vigor desde enero de 2013 de las tasas judiciales–, de Industria, Energía y Turismo –nuevos impuestos a la generación vigentes también desde el 1 de enero de 2013– o de Empleo y Seguridad Social –subida de las bases de cotización el pasado mes de septiembre–.

Y es que a veces uno no puede evitar imaginarse las reuniones del Consejo de Ministros discurriendo como aquel delirante sketch de los irreverentes Monty Python titulado Tax on Thingy –impuestos a eso, en español– en la que altos cargos del Gobierno se devanan los sesos en encontrar todo tipo de nuevos conceptos disparatados para gravar a sus ciudadanos.

El último clavo ha sido la publicación el pasado 21 de diciembre de una nueva subida de los impuestos al trabajo cuyos efectos sufrirán en 2014 las empresas, especialmente aquellas intensivas en mano de obra y con márgenes más ajustados, y los trabajadores con los salarios más bajos –aquellos que no superan las bases máximas de cotización–. Así, la ministra Fátima Báñez nos ha colado de rondón un nuevo incremento de las cotizaciones a la Seguridad Social. Lo ha hecho, además, en sábado, en vísperas de Navidad, y como una disposición final deslizada, como quien no quiere la cosa, en un real decreto ley que, para mayor escarnio, reza en su título que es para "favorecer la contratación estable y mejorar la empleabilidad de los trabajadores".

Lo que necesita España no es más recaudación, sino menos gasto público y menos impuestos. Hasta que no entiendan esto, las medidas del Ejecutivo serán un obstáculo más que el sector privado tendrá que continuar sorteando para salir de la crisis
Y el año 2014 que acabamos de estrenar no parece que vaya a suponer un cambio de tendencia, tal y como dejaba muy claro el propio ministro de Hacienda en la entrevista publicada el pasado lunes en el diario Cinco Días. Así, ante la primera pregunta sobre la futura reforma tributaria, ofrecía una respuesta de tres párrafos en la que casi una de cada veinte palabras era “recaudar” –o alguna de sus formas léxicas–. La obsesión de Montoro por recaudar es digna de psicoanálisis. Todo ello, por cierto, recurriendo como argumento de autoridad a Milton Friedman, atribuyéndole erróneamente el dudoso mérito de ser inventor de la progresividad, tal y como acertadamente le enmendaba John Müller en su columna de El Mundo.

Víctima inequívoca de la ley del instrumento de Kaplan mencionada más arriba, racionalizaba Montoro el “que trate de recaudar más, porque, si no, este país nunca saldrá de la crisis”. Leyendo al ministro, no cabe la menor duda de que todos nuestros problemas económicos le parecen clavos a los que golpear con el 'martillo dorado' de la fiscalidad, como demuestra esta otra perla: “Recaudaremos más en el sentido sano de recaudar más”, que decía sin ruborizarse. Y, para colmo, proclamaba que “el ajuste de la plantilla pública ha concluido”. O sea, que para el titular de Hacienda y Administraciones Públicas ya estamos en el nivel óptimo de asesores, cargos de confianza, directivos de empresas públicas, etc.

Yerra de plano el ministro si así piensa que va a contribuir a que 2014 sea el año del inicio de la recuperación, como su jefe ha anunciado triunfalmente. Antes bien, si se sigue empeñando en lastrar el crecimiento económico con sus políticas confiscatorias, el fin de la crisis no llegará hasta día del Juicio Final –por la tarde– o hasta el día en que Rajoy tome una decisión, lo primero que ocurra. Pues lo que necesita España no es más recaudación, sino menos gasto público y menos impuestos. Hasta que no entiendan esto, las medidas del Ejecutivo serán un obstáculo más que el sector privado tendrá que continuar sorteando para salir de la crisis.

Imagínense, sin embargo, el boom que supondría para la economía española si se redujeran el IRPF y las cotizaciones sociales –para el empleado y la empresa– en un muy conservador 5%. Conque la actividad económica generada por la mayor renta disponible de los trabajadores y los menores costes salariales de las empresas supusiera una mínima reducción de 2 puntos en la tasa de paro –algo que no parece descabellado–, ello supondría un estímulo estimado de 24.000 millones de euros, que irían directos a la economía allí donde más se necesitan. Todo ello con un efecto estimado sobre el déficit de 16.000 millones que podrían compensarse eliminando las subvenciones, además de la reducción ya prevista de los costes financieros por la menor prima de riesgo.

Y las condiciones de contorno son incluso más propicias para acometerlas si se dispone de la perspicacia, pasión y agallas que pedíamos aquí mismo hace doce meses, y que los ciudadanos y empresas han demostrado tener de sobra durante este año, mientras que han brillado por su ausencia en el Gobierno. Si empezábamos el 2013 con la prima de riesgo en 400 y el Ibex en 8.100 puntos, imagínense qué no podrá hacerse en 2014 con la prima casi a la mitad, el selectivo acercándose ya a los 10.000 y un sector exterior pujante. Existen, pues, alternativas al martillo fiscal de Montoro basadas en la reducción de impuestos, el adelgazamiento del Estado y la liberalización real de la economía. Sólo falta que el Gobierno quiera reconocerlas.

La revolución del capitalismo decente


Empiezo el año con un ligero lío mental, repitiéndome mi vieja cantinela de que el capitalismo es bueno. Continúo con lo que digo siempre: que no existe el capitalismo salvaje. Existen salvajes que hacen de capitalistas.

Me encuentro con un libro fácil de leer, Dentro de Coca-Cola, de Neville Isdell, que fue presidente y consejero delegado de esa empresa durante cinco años. Lo hojeo, empezando por el final, que es lo que hago siempre, excepto con las novelas de intriga, porque ahí suele salir el nombre del asesino y, si me entero de quién es antes de tiempo, se acabó la emoción.

En esas últimas páginas, ese señor dice que “si el capitalismo falla, será porque nosotros, los capitalistas, hemos defraudado a la gente”. Me gusta, porque pienso que es una manera educada de decir lo del salvajismo.

Agarro La alegría del Evangelio, la exhortación que ha sacado el Papa Francisco a finales de noviembre, y me quedo en el índice, aunque para que no digáis que soy un frívolo, ya me la he leído casi del todo. Me faltan 20 páginas. En el índice pone cuatro cosas:

No a una economía de exclusión.
No a la nueva idolatría del dinero.
No a un dinero que gobierna en lugar de servir.
No a la inequidad que genera violencia.

Como yo procuro siempre llevar el agua a mi molino, pienso que el Papa, en muchas páginas y con mucha profundidad, también habla del salvajismo.

O sea, digo yo: estamos en un momento en el que muchos salvajes se han hecho dueños del universo. Salvajes que tienen nombre y apellidos, porque leemos a diario sus fechorías en los periódicos. Cuando veo que una serie de bancos están implicados en la manipulación del Euribor, no me da la gana decir que los culpables son esos bancos y que de ahí se deduce que los bancos son malos.

No. Son algunos –muchos, no todos– empleados de esos bancos. Y cuanto más alta su posición en la jerarquía del banco, más bestias.

Por tanto, como sigo creyendo que el capitalismo es bueno, pido una revolución de los capitalistas decentes, porque hay tanto salvaje que la gente sin formación, como yo, hace la siguiente ecuación: capitalista = ser monstruoso y repugnante que va a por la yugular de la gente.

Suelo decir que la defensa contra esta gentuza consiste en no comprar nada de lo que venden, si no se entiende perfectamente. Pero eso era hasta ahora. Con el cambio de año, me he vuelto más retorcido. Porque si estos bichos manejan el Euribor, la subida de ese índice no es porque unos no se fíen de otros, como yo decía, sino porque todos se fían de todos y lo arreglan de modo que mi recibo de la hipoteca suba y así ellos se forran.

Y yo, con poca formación económica, veo un banquero por la calle e, inmediatamente, mi primera reacción es cambiar de acera, porque pienso que podría ser un sinvergüenza. Aunque, en ese caso concreto, no lo sea, y tenga que volver a cambiarme de acera para, por lo menos, sonreírle y decirle adiós. Además, alguno es amigo mío... 

Pero no solamente hablo de los banqueros. Me paso el año venga a decir que si cada una de los tres millones de pymes que hay en España crease un puesto de trabajo, tres millones de parados menos. Pero luego me entero de que una empresa que va bien se reorganiza, y mil personas a la calle. Y se me caen los palos del sombrajo, porque tengo que decir a mil pymes que, para compensar, necesito que creen otro puesto de trabajo más.

Si me voy a nivel mundial y veo que una empresa ha decidido despedir a 34.000 personas, me desmoralizo. No voy a tener pymes suficientes para equilibrar la balanza.

Yo tuve una empresa de construcción en la que, en momentos de euforia, contraté a unas cuantas personas. Pocas. Al cabo de un tiempo vi que me había equivocado. Que realmente  aquellas personas no hacían falta. Y las despedí, una por una. Procuré hacerlo con firmeza amable. Les pagué lo que había que pagarles, sin regatear un céntimo. Gracias a Dios, hoy todas son muy amigas mías y algunas de ellas son hoy dueñas de la empresa.

Y pienso: aquellas personas trabajaron una temporada porque me equivoqué y las contraté, llevado por mis sueños de grandeza. Seguramente puedo decir que, gracias a esos sueños, tuvieron un sueldo durante unos años. Luego volví a la realidad. Como era el dueño del negocio, nadie me pidió cuentas del dinero que gasté en las indemnizaciones. Pero si hubiera habido accionistas, alguien podría haber dicho: “Oiga, don Carlo, ¿por qué se le fue la olla? ¿Por qué, con sus bobadas, nos ha costado ese dinero?”. Yo me habría defendido diciendo cosas sobre el entorno, la crisis, la generación de cash flow y otras varias…y me habría tenido que buscar otro empleo, porque me habrían echado.

Salvajes que hacen de capitalistas. Muchos. Pero, como soy de Roma, no retrocedo, o sea, sigo sin admitir que el capitalismo es malo. Lo que sí admito es que se han colado muchos que han aprendido muchos trucos y se han dedicado a hacer daño.

Cuando estaba en la facultad, siempre repetía que la empresa tiene que ganar dinero. Y que eso es la eficacia. Pero que si pensamos que lo único que tiene que hacer es ser eficaz, tenemos un modelo perfecto: la mafia. Porque a eficaces no les gana nadie. Sin embargo, como ya se ve que no podemos seguir ese modelo, yo, en Arquitectura, decía que faltaba algo. Y hablaba de la justicia, de la ética... de la decencia, en una palabra. Pero no es que haya que ser eficaz y decente: hay que ser decente y, si lo eres, tu eficacia vendrá empapada de decencia y tus relaciones con tus empleados también, y no los verás como números, sino como personas. Dirigir así es mucho más sofisticado que al estilo de la mafia.

A mí me gustaría que, cuando me muera, la gente pensara de mí que había intentado ser decente.

Y es lo que le deseo a esa cuadrilla de bandoleros que funciona por ahí, en España y en el extranjero, porque las ciencias avanzan mucho, pero, por ahora, se han muerto todos los que han nacido y, no sé por qué, pienso que ellos también se morirán y sería muy triste que, en su tumba, pusieran una lápida: “Fulano de tal, eficaz”. Y debajo, R.I.P., traducido no como requiescat in pace (descanse en paz), sino como requiescamus in pace, descansamos en paz los demás, gracias a que este tío se ha ido al otro barrio.

Voy en coche y pongo un CD que me han dejado. Es de un concierto de Joan Manuel Serrat. Escucho “Seria fantàstic”. La canción es en catalán. Me quedo enganchado en una frase: “Seria fantàstic que tots fóssim fills de Déu”.

Lo malo es que ya lo somos y algunos no se han enterado.

El Profeso y el opio

SINOPSIS

Los griegos le llamaron opion, diminutivo de opós (jugo vegetal), al jugo de las adormideras, cuyo poder hipnótico y euforizante ya conocían hace seis mil años los sumerios, que llamaban a la adormidera 'planta de la alegría'. Este nombre aparece documentado en latín por Plinio como opium, con el mismo significado, en el siglo I de nuestra era.
Homero describe en la Odisea los efectos de esta planta muy conocida en la Grecia clásica, aunque su uso, curiosamente, no se haya extendido al resto de Europa a partir de los griegos, sino de los árabes. Éstos recogían el opio en Egipto, donde era usado ampliamente en medicina, y lo llevaban para venderlo tanto en Oriente como en Occidente: fueron así los primeros narcotraficantes en un tiempo en que esa profe-sión estaba menos desprestigiada, aunque en compensación, rendía ganancias mucho menores que hoy.
El opio tiene un sinónimo que es poco conocido en español, a pesar de que figura en el Diccionario de la Real Academia: el anfión, documentado por primera vez en 1609 en el Diccionario de germanía, de Juan Hidalgo y que llegó a nuestra lengua a través del portugués anfião, que también proviene del griego opion. Hasta el siglo XIX, la venta de esta droga era libre, pues estaba rodeada por un aura de sustancia benéfica que aliviaba dolores y sufrimientos.
Los adversarios del filósofo comunista alemán Karl Marx (1818-1883) recuerdan con frecuencia que era un enemigo de la religión con base en una supuesta frase suya en la que afirmaba que la religión era el opio del pueblo. En realidad, el fundador del comunismo quiso decir que la religión servía como alivio al sufrimiento de los pobres, como vemos en la cita completa: «La religión es el suspiro del oprimido, el corazón de un mundo insensible, el alma de situaciones desalmadas. Es el opio del pueblo». (Karl Marx, Collected papers, 1844).
Esta novela histórica se centra alrededor del comercio del opio, una mezcla compleja de sustancias que se extrae de las cápsulas verdes de la adormidera (Papaver somniferum), que contiene la droga narcótica y analgésica llamada morfina y otros alcaloides. La adormidera (parecida a una amapola común) es una planta que puede llegar a crecer un metro y medio. Destacan sus flores blancas, violetas o fucsias. Es una planta anual que puede comenzar su ciclo en otoño, aunque lo habitual en el hemisferio norte es a partir de enero. Florece entre abril y junio dependiendo de la latitud, la altura y la variedad de la planta, momento en el que se puede proceder a la recolecta del opio.
En esta duodécima entrega de la saga, Fray Gian Galeazzo Ruspoli asume el papel de William Douglas, marinero del clan homónimo que originó en el siglo IX la dinastía Marescotti-Ruspoli en Italia, y regresa a Extremo Oriente. William Douglas echa sus raíces en la China del siglo XIX, creando un imperio comercial en una epopeya que tiene su telón de fondo la hegemonía de los piratas en los mares de China, las guerras del opio, las rebeliones, la corrupción de la corte  y las astutas maqui-naciones de la emperatriz viuda. Gian Galeazzo tendrá un papel doble, tanto de fundador del comercio, como años después de hijo, y en esta etapa contará con la valiosa colaboración de su mujer Ileana, en el papel de Herzeloyde Douglas y de su hija Ginebra, en el de Acheflow Douglas  así como su mayordomo Flash Gordon en el de Theobald Douglas.
Una dinastía inglesa echa sus raíces en la China del siglo XIX, y funda un gigantesco imperio comercial en una epopeya que tiene como telón de fondo la guerra del opio, la rebelión de los Taiping y las astutas maquinaciones de la emperatriz viuda.
El marinero escocés William, miembro del Clan Douglas  (este es el disfraz elegido por Fray Gian Galeazzo) llega a China en un buque inglés que hacía la ruta de las Indias Orientales, acompañando a una delegación comercial que le ha contratado sólo porque sabe hablar manchú. Lo que ofrecen estos traficantes es la venta de opio de la India. La misión fracasa cuando los manchúes rechazan la oferta, y Douglas es secuestrado por los piratas del temible Ching Shih y su compañera, Nǚ lóng. Douglas se convierte en amante de Nǚ lóng, y tras muchas peripecias consigue que el emperador manchú le conceda el monopolio del comercio marítimo.
Años después, la firma escocesa Douglas es rica y poderosa, y Archibald, uno de los hijos del fundador, denuncia los estragos que causa el opio. Los traficantes ingleses son detenidos, y el gobierno de su majestad británica inicia las hostilidades contra los manchúes. Estalla la guerra del opio. Archibald y su hermano Theobald, súbditos leales del emperador manchú, combaten contra sus antiguos compatriotas. Los manchúes pierden la guerra y los británicos conquistan Hong Kong y los privilegios que ambicionaban. Igualmente, el emperador manchú premia la lealtad de Archibald otorgándole el título de mandarín .
El mandarín escocés y su familia serán protagonistas de todas las alternativas posteriores de la historia china: la feroz rebelión Taiping, encabezada por un fanático que dice ser hijo de Dios y hermano de Je-sús; la quema del palacio de verano de Pekín durante una nueva guerra contra ingleses y franceses; las intrigas en el palacio y el harén imperiales, que culminan con la entronización de la emperatriz viuda; las tortu-ras y decapitaciones de rebeldes y conspiradores; la intervención de ejércitos mercenarios; el auge de los señores de la guerra y las bandas tribales.
Una novela pródiga en acción y aventuras, que recrea la opulencia y la sórdida miseria de las ocho tribus manchúes. Los episodios más deslumbrantes, violentos y decisivos de la historia china del siglo XIX, entretejidos con la saga de una dinastía escocesa que construyó su im-perio comercial bajo la dominación manchú. La hegemonía de los piratas en los mares de China. La corrupción de la corte. El poder de las concubinas y favoritas del harén imperial. La despiadada política del colonialismo inglés. La guerra del opio. La rebelión de los Taiping y su fanático caudillo. La destrucción del palacio de verano de Pekín. Las torturas y decapitaciones de prisioneros y vencidos. La contratación de ejércitos mercenarios. Y, como corolario, la designación del primer mandarín escocés.
Fumadero de opio en China

Guerra del opio

Guerra del opio

Las guerras del opio, también conocidas como las Guerras Anglo-Chinas, fueron dos guerras que duraron de 1839 a 1842 y de 1856 a 1860 respectivamente, el punto culminante de los conflictos comerciales entre China y el Reino Unido. Los intereses comerciales creados por el contrabando británico de opio de la India Británica hacia la China, y los esfuerzos del gobierno chino para imponer sus leyes contra el comercio de opio llevaron al conflicto. Francia luchó al lado de Gran Bretaña en la segunda guerra.
La derrota de China en las dos guerras forzó al gobierno a tolerar el comercio de opio. El Reino Unido coaccionó al gobierno a firmar Tratados Desiguales, abriendo varios puertos al comercio exterior y anexándose Hong Kong (ver Tratado de Nankín y cesión de Hong Kong a Gran Bretaña). Portugal siguió a Gran Bretaña, forzando términos de intercambio desiguales a China y la ampliación de Macao, bajo control portugués desde el s. XVI. Esta humillación por obra de potencias exte-riores contribuyó a la Rebelión Taiping (1850–1864), la Rebelión Boxer (1899–1901), y la caída de la Dinastía Qing en 1912, y terminó con el relativo aislamiento de China respecto a Occidente.
El comercio marítimo directo entre Europa y China comenzó en el siglo XVI, después de que los portugueses establecieran la colonia de Goa en la India, y poco después la de Macao en el sur de China. Después de la adquisición española de las Filipinas, el ritmo del intercambio entre China y Occidente se aceleró drásticamente. Los galeones de Manila trajeron más plata a China que la Ruta de la seda. El gobierno Qing intentó limitar el contacto con el mundo exterior a un mínimo. Los Qing sólo permitieron el comercio por el puerto de Cantón. Se establecieron monopolios y trámites rigurosos para restringir el flujo del comercio, teniendo como resultado altos precios de venta para los artículos importados y demanda limitada. España empezó a vender opio a los chinos, junto con productos del Nuevo Mundo tales como el tabaco y el maíz, para prevenir un déficit comercial. Con la implantación de las Compañías Británicas y holandesa de Indias Orientales, el comercio con China se multiplicó.
A causa de la alta demanda de té, seda y porcelana en Gran Bretaña y la baja demanda de mercancías británicas en China, Gran Bretaña tenía un gran déficit comercial con China y debía pagar estos ar-tículos con plata. Gran Bretaña comenzó a exportar ilegalmente opio a China desde la India Británica en el siglo XVIII para contrarrestar su déficit. El comercio del opio creció rápidamente, y el flujo de plata co-menzó a reducirse. El Emperador Daoguang prohibió la venta y el consumo de opio en 1829 a causa del gran número de adictos.
La disputa se desató debido al comercio del opio, el cual se veía desde ambos lados de maneras muy distintas. El emperador censuró el opio en China debido al efecto negativo de éste en la población. Los bri-tánicos en cambio, veían al opio como el mercado ideal que los ayudaría a compensar el gran comercio con China. Estas guerras y los subsiguientes tratados firmados entre las potencias dieron como resultado que varios puertos de China se abrieran al comercio con Occidente, lo que condujo en parte a la caída de la economía china. Estas guerras se consideran la primera guerra de drogas.
La dinastía imperial china era cada vez más asediada por potencias extranjeras que demandaban un mayor comercio bilateral con la China, tras una gran caída a principios del siglo XIX. Los europeos compraban porcelana, seda, condimentos y té chinos, pero eran incapaces de vender algún bien de interés para la China. En lugar de eso, se veían obligados a pagar con plata, lo cual significaba un gran esfuerzo para las ya apretadas finanzas europeas provocadas por las guerras napoleónicas.
El opio era producido en China desde el siglo XV. Se mezclaba con tabaco en un proceso inventado por los españoles, que luego fue dominado por los holandeses en el siglo XVII y generalizado de forma masiva por los británicos en el XVIII. Al observar los problemas de salud y sociales vinculados con el consumo de opio, el gobierno imperial chino lo prohibió en 1829.
Los británicos comenzaron la producción de opio a mediados del siglo XVIII en la India en cantidades significativas. Aprendieron el arte de los mogoles, quienes comerciaban con opio al menos desde el reino de Akbar (1556–1605), e iniciaron el comercio de opio por plata en el sur de China. Los británicos observaron las grandes ganancias que potencialmente traería el mercado del opio (previamente dominado por Yakarta controlada por Holanda) al invadir Bengala en 1764. Las ganancias se acercaban al 400 por ciento y la amapola crecía casi en todas partes.
Las exportaciones de opio de los británicos crecieron vertiginosa-mente, de aproximadamente 15 toneladas en 1730 a 75 toneladas en 1773, embarcadas en más de dos mil cajas con 70 Kg de opio cada una. Los productos triangulaban de la siguiente manera: Se transportaba el opio cultivado en Turquía, Irán y la India a China. Se pagaban con opio las porcelanas, sedas y té. Estas se llevaban a la Costa Este de los Estados Unidos y al Reino Unido, en donde se cobraban, y con el producido se iba a Turquía y la India para comprar más opio. En la primavera de 1830, ante el alarmante y desenfrenado abuso del comercio del opio en China, el Emperador Daoguang ordenó a Lin Hse Tsu que combatiera rápidamente esta plaga, y éste respondió atajando la corrupción del funcionariado imperial y ordenando la destrucción de más de 20.000 cajas de opio.
Lin Hse Tsu envió una carta a la Reina Victoria pidiéndole que respetara las reglas del comercio internacional y no comerciara con sustancias tóxicas. “Pero existe una categoría de extranjeros malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo, incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin de sacar provecho. (...) ahora el vicio se ha extendido por todas partes y el veneno va penetrando cada vez más profundamente (...) Por este motivo, hemos decidido castigar con penas muy severas a los mercaderes y a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a la propagación de este vicio. (...) Todo opio que se descubre en China se echa en aceite hirviendo y se destruye. En lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado (...) Lin Hse Tsu. Carta a la reina Victoria. 1839.
Como dato curioso, en el año 1865 se creó la banca HSBC (The Hongkong and Shanghai Banking Corporation) con el fin de administrar las enormes ganancias generadas por el tráfico de opio. Este banco sigue operando a nivel mundial.

jueves, 2 de enero de 2014

Feliz y duro año 2014



Si uno elude la dictadura del calendario, que fija un optimismo de obligado cumplimiento al estrenar el año 2014, verá sombras y nubarrones en el horizonte de este zurrado país. No sólo en lo económico, con la pesada cruz del paro a rastras. También en lo social, con el aumento de la pobreza y la ofensiva del Gobierno contra la clase media. En lo político, con la propuesta catalanista de fragmentación nacional, por un lado, y el desplome de los dos grandes pilares de la centralidad (PP y PSOE), por otro, amén de una profunda crisis institucional reconocible en el creciente desapego de los ciudadanos respecto a una gestión de lo público asociada a numerosos casos de corrupción.

Justamente por eso procede hablar de la calidad del año entrante, en comparación con el saliente, por lo que pase o deje de pasar en el bolsillo de los ciudadanos. No hay buenas noticias para los españoles de a pie porque los salarios, las pensiones, el sueldo de los funcionarios y el subsidio de los parados tienden a bajar o a quedarse congelados mientras los impuestos y los precios tienden a subir. En esas condiciones nada invita a esperar una España más habitable que la de 2013.

Sin embargo, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, nos ha dicho que, así como el año 2012 fue el de los recortes y el 2013 el de las reformas, 2014 será el del inicio de la recuperación. ¿La de quién? Si se refiere al saneamiento de la economía nacional, hasta puede tener razón. De hecho, ese cacareado fin de la recesión, medido en índices de crecimiento, aunque sean débiles, ya se ha producido. Otra cosa es que eso se traslade a la creación de empleo y, en general, al bolsillo de las familias.

No voy a negar, porque es un dato objetivo, que en el último tramo de 2013 España ha ido recuperando la confianza de los inversores mientras que, en paralelo, crecían la pobreza, la desigualdad y el deterioro de los servicios públicos. Es como si el sacrificio de las capas más desfavorecidas fuese el precio a pagar por la competitividad, el saneamiento de los mercados y el aumento de las exportaciones, que son tres de los presuntos éxitos de la política económica del Gobierno de la Nación.

Algo de eso debe de haber cuando observamos con estupor que se dispara la bolsa de Atenas (subió un 27% en 2013) mientras los griegos están al borde de la desesperación. Un fenómeno similar se ha dado en Portugal (17%), Italia (16%) y, por supuesto, en nuestro país, donde el Ibex cerró el ejercicio de 2013 con una subida del 21%. O sea, que subió la bolsa y los inversores se forraron mientras que los españoles de a pie veían cómo disminuía su poder adquisitivo y aumentaba el paro, la exclusión social y las desigualdades.

De momento, los españoles siguen instalados en el pesimismo, según se desprende de las encuestas. La de Sigma Dos, publicada el último día de 2013, desvela que un 71% de los ciudadanos no cree que la política económica del Gobierno (ajustes y reformas plasmados en los Presupuestos Generales del Estado para 2014) vaya a acortar el tiempo de salida de la crisis. Malas perspectivas, pues, para afrontar un año que llega anunciando salarios más a la baja, precios al alza, prórroga en los recargos fiscales del IRPF y el IBI y más españoles en las colas de los comedores sociales. Eso sí, baja la prima de riesgo, sube la bolsa y crece la confianza de los mercados en la economía nacional. Ya hemos visto cuál es el precio.

Manchuria

Límites históricos de Manchuria, destacando la actual Manchuria china en color más oscuro y la parte clara la anexada por Rusia.

Manchuria, también conocida por su nombre oficial de Dongbei Pingyuan (literalmente «Llanura del Noreste de China») es una región histórica ubicada al noreste de China y que cuenta con una superficie de 801.600 km². Comprende las provincias chinas de Liaoning, Heilongjiang y Jilin, así como la parte oriental de la región autónoma de Mongolia Interior. Su capital es Shenyang (la antigua Mukden). Cabe señalar que parte del antiguo terrirorio manchú se encuentran actualmente bajo soberanía de Mongolia y la parte nororiental bajo territorio ruso.

Es una región montañosa, cruzada por los valles de los ríos Sungari y Liao, los cuales son alimentados por los ríos de los mismos nombres respectivos. Su subsuelo es rico en hierro, zinc, carbón, plomo, cobre, plata y oro. Posee un clima riguroso con largos y muy fríos inviernos.
Alcance de Manchuria[editar · editar código]

Manchuria se puede referir a cualquiera de varias regiones de varios tamaños. 
Estos son, de menor a mayor:

  • China del Noreste (Manchuria): Provincias de Heilongjiang, Jilin y Liaoning.
  • Manchuria Interior: Ocupa parte de la actual Mongolia Interior (Hulun Buir, Hinggan, Tongliao y divisiones de Ulanhad);
  • La Manchuria Exterior (Manchuria rusa): Zona de los ríos Amur y Ussuri, la zona de Montes Stanovoi y el Mar del Japón. En términos administrativos ruso, ocupa el Krai de Primorie, sur del Krai de Jabárovsk, el Óblast Autónomo Hebreo y Óblast de Amur. Esos territorios formaban parte de la Dinastía Qing, de acuerdo con el Tratado de Nérchinsk del año 1689, pero fueron cedidas a Rusia por el Tratado de Aigun (1858).

Historia

En la antigüedad, fue hogar de belicosas tribus nómadas. China inició su control territorial desde la dinastía Han, pero con el paso del tiempo los chinos sólo se limitaron a tener guarniciones en el sur de la región. Luego, los tungús crearon el reino de Pohai, que fue destruido por la etnia mongola kitán, que creó el imperio Liao. Otras tribus, como los jurchen, vasallos de los tungús, fundaron su reino Chin en 1115 y se aliaron con los chinos de la dinastía Song, que aplastaron a los kitán en 1127, para posteriormente atacar a los chinos que les ayudaron.
Los mongoles de Gengis Khan acabaron con los reinos de Manchuria en 1234, iniciando el camino a la dominación de China, pero en 1368 la dinastía china de los Ming restableció el dominio en la región. Sin embargo, los jurchen empezaron a fortalecerse mientras los Ming se debilitaban. Desde entonces, dichas tribus se conocerían como manchúes. A finales del siglo XVI empezaron las hostilidades contra los chinos, que finalmente concluyeron con la caída de los Ming, a partir del suicidio de su último emperador.
En 1644, los manchúes fundaron la dinastía Qing, que reinó hasta 1911 e intentó detener la emigración china a Manchuria hasta finales del siglo XVIII, emigración debida en parte a los recursos existentes en la región.
Su frontera con Rusia fue modificada varias veces en 1689, 1858 y 1860, siendo en esta última fecha cuando se fijó entre los ríos Amur y Ussuri. Para el siglo XIX, la población china superaba a la nativa manchú.

Desde 1894 fue una región disputada tanto por el Japón como por Rusia, situación que provocó la guerra ruso-japonesa de 1904, ganada por el país del sol naciente. La región fue anexionada por el Japón en 1931, con lo que cambió de nombre a Imperio de Manchukuo, el cual fue proclamado Estado independiente (en realidad funcionaba como un protectorado japonés). El último emperador chino Puyi, para dar cierta legitimidad al nuevo país ante el mundo entero, fue investido como Emperador de Manchukuo bajo el nombre de Kang De. Cabe mencionar que la Unión Soviética, en la Batalla del Lago Jasán, el 11 de agosto de 1938, logró vencer al Ejército Imperial Japonés, consiguiendo recuperar la zona oriental de Manchuria. En 1939 hubo un enfrentamiento decisivo en la guerra fronteriza no declarada, entre el Imperio de Japón y la Unión Soviética, conocido como la Batalla de Jaljin Gol, en el que el mariscal Gueorgui Zhúkov, al mando de tropas soviéticas y mongolas, logró derrotar al ejército japonés, resguardando las fronteras soviéticas y mongolas ante las agresiones japonesas. El 8 de agosto de 1945, se desarrolló la Batalla de Manchuria o la llamada Operación Tormenta de Agosto, por los soviéticos, en la que el mariscal soviético Aleksandr Vasilevsky, al mando de tropas soviéticas y mongolas, logró el triunfo sobre las fuerzas japonesas. Consolidó con ello la recuperación de la soberanía soviética sobre la Isla Sajalín, las Islas Kuriles, terminó las reclamaciones japonesas de la ciudad rusa de Vladivostok y obtuvo la garantía de la soberanía mongola sobre su territorio. Después de la guerra, en 1948, la antigua región de Manchuria china volvió a ser parte integrante de la República Popular China y en 1959, la región fue dividida entre la Mongolia Interior y las provincias de Liaoning, Heilongjiang y Jilin.

miércoles, 1 de enero de 2014

Póster de la saga El Profeso




España: desahogo


Mapa de las 17 comunidades autónomas.

  • La Cultura, la Educación , la Sanidad , las clases altas, medias y bajas, expoliadas. Y el disparate administrativo-político-autonómico, ni tocarlo.
  • A ver si lo he entendido, señor presidente…
  • Hasta por morirme debo pagar un 21 %…
  • A ver si lo entiendo. Insisto.
  • Alemania tiene 80 millones de fulanos y 150.000 políticos. España, 47 millones y 445.000 políticos. Sin contar asesores,cómplices y colegas.
  • O en Alemania faltan políticos, o aquí sobran.
  • Si en Alemania faltan, apenas tengo nada que decir. Si en España sobran, tengo algunas preguntas. Señor presidente.
  • ¿Para qué sirven 390 senadores (con la brillantez media y la eficacia política media de un Iñaki Anasagasti, por ejemplo)?
  • ¿Para qué sirven 350 diputados y 54 eurodiputados? ¿Nos apañaríamos peor de lo que estamos con la mitad? ¿Me lo dice en serio?
  • ¿Para qué sirven 74.000 alcaldes y concejales, cada cual con su paquete adosado de asesores de ambos sexos y sexas?
  • Subpregunta: si un concejal de Villacantos del Botijo, por ejemplo, necesita contratar a 15 asesores…
  • ¿Para qué puñetas sirve ese concejal, aparte de para dar de comer a numerosos compadres y parientes?
  • ¿Para qué sirven 1.206 parlamentarios autonómicos y 1.031 diputados provinciales? ¿Sabe usted lo que cobra toda esa gente? ¿Y lo que come?
  • · Ese tinglado regional, repartido en diecisiete chiringuitos distintos, duplicados, nos cuesta al año 90.000 millones de euros.
  • Con ahorrar sólo la mitad… Eche usted cuentas, señor presidente. Que yo soy de Letras..
  • En vista de eso,¿cómo es posible que el Gobierno de este putiferio de sanguijuelas y sanguijuelas se la endiñe a las familias y no a ellos?
  • Que en vez de sangrar a esa chusma, se le endiñe a la Dependencia , a la Sanidad , a la Educación , a la Cultura , al pequeño comercio?
  • ¿A la gente que de verdad lucha y trabaja, en vez de a esa casta golfa, desvergonzada y manifiestamente incompetente?
  • A ese negocio autonómico absurdo e insostenible, del que tanta gentuza lleva viviendo holgadamente desde hace más de treinta años.
  • 17 parlamentos, 17 defensores del pueblo, embajadas propias, empresas, instituciones. Negocios casi privados(o sin casi)con dinero público.
  • El único consuelo es que a esa pandilla depredadora la hemos ido votando nosotros. No somos inocentes. Son proyección y criaturas nuestras.
  • Treinta años engordándolos con nuestras imbecilidad y abulia política. Cuando no con complicidad ciudadana directa: Valencia, Andalucía…
  • Con unos tribunales de Justicia cuando no politizados o venales, a menudo lentos y abúlicos.. El golfo, impune. Y el ciudadano, indefenso.
  • Esos políticos de todo signo (hasta sindicalistas,rediós) puestos en cajas de ahorros para favorecer a partidos y amiguetes.. Impunes, todos.
  • Me creeré a un presidente de Gobierno, sea del color que sea, cuando confiese públicamente que este Estado-disparate es insostenible.
  • Cuando alguien diga, señor pesidente, mirándonos a los ojos, “voy a luchar por un gran pacto de Estado con la oposición”
  • “Me voy a cargar esta barbaridad, racionalizándola, reduciéndola, controlándola, adecuándola a lo real y necesario”.
  • “Voy a desmontarles el negocio a todos los que pueda. Y a los que no pueda, a limitárselo al máximo. A lo imprescindible”
  • · “Aquí hay dos autonomías históricas que tendrán algo más de cuartelillo, dentro de un orden. Y el resto, a mamarla a Parla”.
  • “Y el que quiera entrar en política para servir al pueblo, que se lo pague de su bolsillo”.
  • Pero dudo que haga eso, señor presidente. Es tan prisionero de su propia chusma político-autonómica como el Pesoe lo es de la suya.
  • Ese toque de jacobinismo es ya imposible.
  • Tiene gracia. No paran de hablar de soberanía respecto a Europa quienes son incapaces de ejercerla en su propio país. Sobre sus políticos.
  • Dicho en corto, señor presidente: no hay cojones.
  • Seguirán pagándolo los mismos, cada vez más, y seguirán disfrutándolo los de siempre. El negocio autonómico beneficia a demasiada gente.
  • Usted, señor presidente, como la oposición si gobernara, como cualquiera que lo haga en España, seguirá yendo a lo fácil.
  • A cargar a una población triturada,con cinco millones de parados,lo que no se atreven a cargar sobre sus desvergonzados socios y compadres.
  • Seguirá haciéndonos aun más pobres, menos sanos, menos educados. Hasta el ocio para olvidarlo y la cultura para soportarlo serán imposibles.
  • Así que cuando lo pienso, a veces se me va la olla y me veo deseando una intervención exterior.
  • Que le vayan a frau Merkel con derechos históricos, defensores del pueblo, inmersiones lingüísticas, embajadas y golferías autonómicas.
  • De tanto reírse, le dará un ataque de hipo. De hippen, o como se diga allí.
  • Lo escribía el poeta Cavafis en “Esperando a los bárbaros”. Quizá los bárbaros traigan una solución, después de todo.
  • Para esto, que nos invadan los bárbaros de una puta vez. Que todo se vaya al carajo y el Sentido Común reconozca a los suyos. Si quedan.
  • Recristo. Qué a gusto me he quedado esta tarde, señor presidente.

El autor de este desahogo es Arturo Pérez-Reverte y suscribo una buena parte de sus opiniones, como podéis comprobar en este mismo blog. Pero sin tacos...