jueves, 19 de mayo de 2016

El hombre invisible


El presidente Rajoy es “el hombre que espera”, descubren Lionel Barber y Tobias Buck, los periodistas de Financial Times que han pasado algunas horas con el “hombre invisible” de La Moncloa –como también lo definen–, antes de publicar esta jugosa entrevista que el martes rebotó pletórica en el patio local. Lo comparan con Wilkins Micawber, el personaje de David Copperfield que Dickens esbozó del natural de su propio padre, siempre entrampado en asuntos de deudas. Toma nota de este parentesco literario. Han tenido que venir los ingleses a ilustrarlo, siempre barriendo para casa, como desmereciendo nuestra propia genealogía, como si no tuviéramos ya nuestro Guzmán de Alfarache, nuestro Gregorio Guadaña, nuestro Marcos de Obregón, nuestro Periquillo el de las gallineras con los que entroncarle. Como Mr. Micawber, Rajoy es es “el hombre que espera”, un estoico o un budista que alcanza el conocimiento a través de la fatalidad… de los demás. Como el príncipe Siddhartha, como Marco Aurelio, como la esfinge, Rajoy contempla. Su nirvana, su aceptación, es ver caer a sus rivales, uno tras otro, sin dejar de meditar.

Micawber sabe que las deudas llevan a una gran tribulación. “Ingresar 20 libras al año y gastar 19,96, significa la felicidad. Ingresar 20 libras al año y gastar 20,6 significa la miseria”, dice el paciente inglés. En su reunión de este miércoles, la Comisión Europea debe decidir si impone sanciones a Portugal y España por incumplir ostensiblemente el objetivo de déficit indicado por Bruselas. En el caso de España, el objetivo era situar el déficit en el 4,1%, pero los políticos españoles del Estado central y las Comunidades Autónomas gastaron un 5,1% más que la riqueza producida por el país. Puedes seguir la comparecencia del presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, en la que anunciará las medidas sobre el incumplimiento de los objetivos de déficit de Portugal y España.

Wilkins Rajoy Micawber no está preocupado. Sabe que no habrá una sanción de Bruselas, o que será simbólica, o que se aplazará hasta que pasen las elecciones generales del 26 de junio. Bruselas no quiere hacer nada que dañe las expectativas electorales del PP, sabiendo que la alternativa a Rajoy sería un gobierno anti-austeridad de PSOE, Podemos, Izquierda Unida y los nacionalistas. Y es otra de las paradojas de la paciencia de Rajoy: sus deudas suelen acabar en felicidad propia y perdición de sus adversarios. Más que Mr. Micawber, su efigie es el “sí” del Magnificat: contemplar el misterio y guardarlo en su corazón.

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