Doctor arquitecto, autor de numerosos títulos técnicos y catálogos, así como de proyectos de edificación. Colaborador de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y articulista en revistas técnicas y culturales. Ha escrito sobre historia, antropología, crónicas de arquitecto, poesía, filosofía y novelas históricas, con más de cuarenta libros publicados en papel y formato digital. Ganador de varios premios literarios de prestigio.
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lunes, 26 de febrero de 2018
jueves, 30 de enero de 2014
Leyenda china
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| Orquídea labiata |
miércoles, 22 de mayo de 2013
El burro
Había una vez un rey que quería ir de pesca.
Llamó a su pronosticador del tiempo y le preguntó el estado del mismo para las próximas horas.
Éste lo tranquilizó diciéndole que podía ir tranquilo pues no llovería.
Como la novia del monarca vivía cerca de donde éste iría, se vistió con sus mejores galas.
Ya en camino se encontró con un campesino montado en su burro quien al ver al rey le dijo:
“Señor es mejor que vuelva pues va a llover muchísimo.”
Por supuesto el rey siguió su camino pensando:
“Que sabrá este tipo si tengo un especialista muy bien pagado que me dijo lo contrario.
Mejor sigo adelante.”
Y así lo hizo… y, por supuesto llovió torrencialmente.
El rey se empapó y la novia se rió de él al verlo en ese estado.
Furioso volvió a palacio y despidió a su empleado.
Mandó llamar al campesino y le ofreció el puesto pero éste le dijo:
“Señor, yo no entiendo nada de eso,
pero si las orejas de mi borrico están caídas quiere decir que lloverá”
Entonces el rey contrató al burro.
Así comenzó la tradición de contratar burros como asesores
que desde entonces tienen los puestos mejor remunerados en los gobiernos.
Llamó a su pronosticador del tiempo y le preguntó el estado del mismo para las próximas horas.
Éste lo tranquilizó diciéndole que podía ir tranquilo pues no llovería.
Como la novia del monarca vivía cerca de donde éste iría, se vistió con sus mejores galas.
Ya en camino se encontró con un campesino montado en su burro quien al ver al rey le dijo:
“Señor es mejor que vuelva pues va a llover muchísimo.”
Por supuesto el rey siguió su camino pensando:
“Que sabrá este tipo si tengo un especialista muy bien pagado que me dijo lo contrario.
Mejor sigo adelante.”
Y así lo hizo… y, por supuesto llovió torrencialmente.
El rey se empapó y la novia se rió de él al verlo en ese estado.
Furioso volvió a palacio y despidió a su empleado.
Mandó llamar al campesino y le ofreció el puesto pero éste le dijo:
“Señor, yo no entiendo nada de eso,
pero si las orejas de mi borrico están caídas quiere decir que lloverá”
Entonces el rey contrató al burro.
Así comenzó la tradición de contratar burros como asesores
que desde entonces tienen los puestos mejor remunerados en los gobiernos.
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