viernes, 27 de marzo de 2026

Entrevista de La Prensa Gráfica

 https://www.laprensagrafica.com/cultura/entrevista-con-carlo-emanuele-ruspoli-no-escribo-para-juzgar-sino-para-comprender-20260325-0085.html

miércoles, 25 de marzo de 2026

Premio Francisco de Vitoria



Recibir este premio no es solo un reconocimiento externo: es, sobre todo, una confirmación íntima de un camino recorrido con constancia, disciplina y sentido. Los galardones verdaderamente valiosos no celebran un instante, sino una trayectoria; no coronan un logro aislado, sino una forma de estar en el mundo, de trabajar, de crear, de servir.


Este premio honra un esfuerzo sostenido, pero también una visión: la de unir pensamiento, palabra y acción en un mismo gesto coherente. Es un recordatorio de que la dedicación silenciosa, la búsqueda de la excelencia y la fidelidad a ciertos valores siguen teniendo un lugar en nuestra sociedad.


Más que un punto de llegada, es un impulso para seguir adelante con humildad, con gratitud y con la responsabilidad de estar a la altura de lo que representa.


Los premios no son coronas, sino brújulas. No los vivo como un triunfo personal, sino como una confirmación de que el camino —con sus dudas, desvíos y obsesiones— tiene sentido para alguien más. El Premio Francisco de Vitoria, en particular, lo recibo como un gesto de diálogo entre mi obra y una tradición intelectual que valoro profundamente. Pero, sobre todo, lo agradezco porque me recuerda que escribir es un acto solitario que, de vez en cuando, ilumina a otros. Y eso me basta.
 


martes, 10 de marzo de 2026

Madrid de Carlo E. Ruspoli 2026



Madrid

 La tarde cae despacio en los balcones,

y el cielo afina un gris casi dorado.

Madrid respira en hondos pulsaciones,

como un latido antiguo y sosegado.


Camino entre los restos de la prisa,

los nombres que la calle me devuelve,

la luz que en cada esquina se desliza

y el tiempo que se esconde y se resuelve.


Hoy todo es un rumor de despedida,

un gesto que se inclina hacia lo eterno,

un hilo que sostiene nuestra vida

mientras la sombra avanza desde el invierno.


Y aun así, en lo pequeño, se ilumina

la gracia de seguir, de estar, de ahora:

la voz que en lo invisible nos destina,

la paz que en lo más frágil se atesora.

El ocaso del progreso de Carlo E. Ruspoli 2026

El ocaso del progreso

Creímos que el saber nos redimiría,

que el tiempo era una flecha hacia la gloria,

que ciencia y técnica, en su geometría,

nos darían la paz, la luz, la historia.


Del Renacimiento al siglo ilustrado,

del positivismo al sueño industrial,

el hombre se sintió emancipado,

y el futuro, su tierra celestial.


Pero hoy, en esta era que transita,

el culto al porvenir se desvanece.

Octavio Paz lo dijo: ya no invita

el sol del progreso, que fenece.


Las utopías mueren, y en su tumba

nacen el egoísmo y la ansiedad.

El “ahora” se idolatra, y se derrumba

la fe en algo más que identidad.


Consumir es vivir, dice la masa,

que confunde el tener con el ser pleno.

Y el goce, que se impone y que arrasa,

nos deja más vacíos y más ajenos.


Medicinas que curan la tristeza,

vacaciones con risa garantida,

rituales que prometen la belleza

de una paz sin raíz, sin alma, sin vida.


Y así, en esta Europa que se ufana

de ser rica, civil, iluminada,

renace el odio, la furia cotidiana,

el racismo que vuelve a la emboscada.


¿Será que el hombre, al verse sin estrella,

sin norte, sin sentido, sin altar,

se aferra a lo que brilla y lo atropella,

y olvida que su ser es caminar?


Quizás aún haya tiempo, si despierta,

si vuelve a preguntarse por lo eterno,

si abre la vieja puerta que está abierta

y mira más allá de su invierno.

El mapa del hombre de Carlo E. Ruspoli 2026

 

El mapa del hombre 

El mundo estaba roto entre sus manos,

y el padre, con la ciencia por bandera,

buscaba entre papeles y gusanos

la clave que al dolor pusiera espera.


El niño, con sus siete primaveras,

entró sin pedir cita ni permiso.

El padre, que temía sus maneras,

le dio el mundo en pedazos, sin aviso.


Pero el niño, que nunca vio el planeta,

vio al hombre en el reverso del papel,

y armó su rostro, pieza por maqueta,

como quien sabe el arte del laurel.


Y al girar el rompecabezas hecho,

vio que el mundo también se había curado.

El padre, con asombro en el pecho,

comprendió que el saber no basta al lado.


Para arreglar el mundo, hay que empezar

por recomponer al ser humano.

No hay mapa que se pueda restaurar

si el hombre no se mira con la mano.

Clamor por la paz de Carlo E. Ruspoli 2026


CLAMOR POR LA PAZ

 En un teatro de espejismos viejos

desfila un rey que inventa su reinado.

Promete auroras, niega los reflejos,

y alza castillos sobre un mar cansado.


Habla de islas, muros y consejas,

de un mundo en ruinas que él solo repara.

Pero la historia, muda entre sus rejas,

mira su fábula y jamás la aclara.


Y el pueblo escucha, crédulo o vencido,

la voz que truena desde un sueño ajeno.

Mientras la tierra, a golpes, ha aprendido

que el truco es humo y el poder, veneno.


Hoy la verdad camina sin escolta,

y el tiempo escribe, firme, su dictamen.

Ningún titán sostiene lo que inventa:

la luz desnuda siempre cae y llama.


Que callen ya los dioses del estruendo,

que el odio ceda al paso de la aurora.

No hay patria en ruinas que resista el viento

si el hombre olvida al hombre que lo implora.


Que el niño duerma sin temer la noche,

que el viejo encuentre un pan sobre la mesa.

Que nadie trace mapas con un broche

de sangre ajena o de ambición aviesa.


Que vuelva el agua limpia a los caminos,

que el campo cure el fuego de la guerra.

Que el mundo escuche, al fin, sus propios trinos

y aprenda a ser hermano en esta tierra.


Hoy clamo paz, la pido sin banderas:

la paz que nace humilde y se desborda.

La paz que enciende luces verdaderas

y al corazón, cansado, lo recuerda.