Doctor arquitecto, autor de numerosos títulos técnicos y catálogos, así como de proyectos de edificación. Colaborador de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y articulista en revistas técnicas y culturales. Ha escrito sobre historia, antropología, crónicas de arquitecto, poesía, filosofía y novelas históricas, con más de cuarenta libros publicados en papel y formato digital. Ganador de varios premios literarios de prestigio.
viernes, 27 de marzo de 2026
Entrevista de La Prensa Gráfica
miércoles, 25 de marzo de 2026
Premio Francisco de Vitoria
Recibir este premio no es solo un reconocimiento externo: es, sobre todo, una confirmación íntima de un camino recorrido con constancia, disciplina y sentido. Los galardones verdaderamente valiosos no celebran un instante, sino una trayectoria; no coronan un logro aislado, sino una forma de estar en el mundo, de trabajar, de crear, de servir.
martes, 10 de marzo de 2026
Madrid de Carlo E. Ruspoli 2026
Madrid
La tarde cae despacio en los balcones,
y el cielo afina un gris casi dorado.
Madrid respira en hondos pulsaciones,
como un latido antiguo y sosegado.
Camino entre los restos de la prisa,
los nombres que la calle me devuelve,
la luz que en cada esquina se desliza
y el tiempo que se esconde y se resuelve.
Hoy todo es un rumor de despedida,
un gesto que se inclina hacia lo eterno,
un hilo que sostiene nuestra vida
mientras la sombra avanza desde el invierno.
Y aun así, en lo pequeño, se ilumina
la gracia de seguir, de estar, de ahora:
la voz que en lo invisible nos destina,
la paz que en lo más frágil se atesora.
El ocaso del progreso de Carlo E. Ruspoli 2026
El ocaso del progreso
Creímos que el saber nos redimiría,
que el tiempo era una flecha hacia la gloria,
que ciencia y técnica, en su geometría,
nos darían la paz, la luz, la historia.
Del Renacimiento al siglo ilustrado,
del positivismo al sueño industrial,
el hombre se sintió emancipado,
y el futuro, su tierra celestial.
Pero hoy, en esta era que transita,
el culto al porvenir se desvanece.
Octavio Paz lo dijo: ya no invita
el sol del progreso, que fenece.
Las utopías mueren, y en su tumba
nacen el egoísmo y la ansiedad.
El “ahora” se idolatra, y se derrumba
la fe en algo más que identidad.
Consumir es vivir, dice la masa,
que confunde el tener con el ser pleno.
Y el goce, que se impone y que arrasa,
nos deja más vacíos y más ajenos.
Medicinas que curan la tristeza,
vacaciones con risa garantida,
rituales que prometen la belleza
de una paz sin raíz, sin alma, sin vida.
Y así, en esta Europa que se ufana
de ser rica, civil, iluminada,
renace el odio, la furia cotidiana,
el racismo que vuelve a la emboscada.
¿Será que el hombre, al verse sin estrella,
sin norte, sin sentido, sin altar,
se aferra a lo que brilla y lo atropella,
y olvida que su ser es caminar?
Quizás aún haya tiempo, si despierta,
si vuelve a preguntarse por lo eterno,
si abre la vieja puerta que está abierta
y mira más allá de su invierno.
El mapa del hombre de Carlo E. Ruspoli 2026
El mapa del hombre
El mundo estaba roto entre sus manos,
y el padre, con la ciencia por bandera,
buscaba entre papeles y gusanos
la clave que al dolor pusiera espera.
El niño, con sus siete primaveras,
entró sin pedir cita ni permiso.
El padre, que temía sus maneras,
le dio el mundo en pedazos, sin aviso.
Pero el niño, que nunca vio el planeta,
vio al hombre en el reverso del papel,
y armó su rostro, pieza por maqueta,
como quien sabe el arte del laurel.
Y al girar el rompecabezas hecho,
vio que el mundo también se había curado.
El padre, con asombro en el pecho,
comprendió que el saber no basta al lado.
Para arreglar el mundo, hay que empezar
por recomponer al ser humano.
No hay mapa que se pueda restaurar
si el hombre no se mira con la mano.
Clamor por la paz de Carlo E. Ruspoli 2026
CLAMOR POR LA PAZ
En un teatro de espejismos viejos
desfila un rey que inventa su reinado.
Promete auroras, niega los reflejos,
y alza castillos sobre un mar cansado.
Habla de islas, muros y consejas,
de un mundo en ruinas que él solo repara.
Pero la historia, muda entre sus rejas,
mira su fábula y jamás la aclara.
Y el pueblo escucha, crédulo o vencido,
la voz que truena desde un sueño ajeno.
Mientras la tierra, a golpes, ha aprendido
que el truco es humo y el poder, veneno.
Hoy la verdad camina sin escolta,
y el tiempo escribe, firme, su dictamen.
Ningún titán sostiene lo que inventa:
la luz desnuda siempre cae y llama.
Que callen ya los dioses del estruendo,
que el odio ceda al paso de la aurora.
No hay patria en ruinas que resista el viento
si el hombre olvida al hombre que lo implora.
Que el niño duerma sin temer la noche,
que el viejo encuentre un pan sobre la mesa.
Que nadie trace mapas con un broche
de sangre ajena o de ambición aviesa.
Que vuelva el agua limpia a los caminos,
que el campo cure el fuego de la guerra.
Que el mundo escuche, al fin, sus propios trinos
y aprenda a ser hermano en esta tierra.
Hoy clamo paz, la pido sin banderas:
la paz que nace humilde y se desborda.
La paz que enciende luces verdaderas
y al corazón, cansado, lo recuerda.

