Luis Eduardo Aute Gutiérrez (Manila, Filipinas; 13 de septiembre de 1943-Madrid, España; 4 de abril de 2020) fue un músico, cineasta, escultor, pintor y poeta español. Aunque fue principalmente conocido como cantautor, también destacó como pintor y como director de cine. Hablaba español, inglés, catalán, francés, italiano y tagalo.Coincidí un par de veces con Luis Eduardo en una caseta de la Feria del libro de Madrid. Nos intercambiamos nuestros libros, los suyos de poesía y los míos novelas, con dedicatoria. La dedicatoria de Luis Eduardo fue literalmente extraordinaria, a toda página, con un dibujo y el texto. Muchos recuerdos de su infancia en Filipinas. Luego nos vimos más veces, siempre con afecto. Descansa en Paz, querido amigo.
En Albanta o al Este del Edén
Para quienes tenemos fe en las palabras hoy se ha apagado una voz libre y sensible, se ha evaporado una armonía indómita que no sé si figura en el centro de la banda sonora de nuestras vidas o hemos descubierto, al conocer la muerte de Luis Eduardo Aute, vibrando como un bordón olvidado en el recuerdo de varias generaciones. Sus canciones nos reflejan como un espejo familiar y nos reconocemos en el amor y el desamor que nos cantaba, en la protesta y la antiprotesta, en la filosofía y la poesía de un mundo hecho de paradojas que merece, no obstante, de vez en cuando, un himno. Aute nos llevó a un lugar imaginado por su hijo, Albanta, y por el camino se quiso Espuma, Rito, Sarcófago –nombres de aquellos primeros discos nunca del todo descubiertos–. Sonaba estravagario y nerudiano en «Pétalo», se ponía en el desgarro de las víctimas de la represión franquista en «Al alba» –su mayor éxito–, y a pesar de todo, o por encima de todo, lo que cantaba eran poemas con peso propio, vida propia, himnos que no se doblegaban a disciplinas ni a ideologías.
Como los metales nobles vibra esa voz que, fuera del tiempo encanallado, reclama hoy nuestra atención cuando cumplimos cuarentena con el aire de las ciudades más limpio, los pájaros resonando en las calles como un concierto y los aplausos en las ventanas, todo un poco surrealista porque esperamos aquí, tu ya lo ves, como Albanta al revés.
Aute se sintió más pintor que poeta y más poeta que cantautor, pero a su pesar nos ganó con el susurro de aquellas canciones. Él abjuraba: «Qué me dices cantautor de las narices, que me cantas con ese aire funeral», pero siguió llevándonos de la mano desde el amor primero al desamor después, desde el «Lecho de amor y muerte» en «Lentamente» al hecho inexorable de que «de alguna manera tendré que olvidarte». Y cuando todo importó menos entonó el «siento que te estoy perdiendo». Toda la vida ha estado ahí. Y hoy recuperamos el sonido porque no tenemos más que la poesía que para él «es palabra que vela despierta... que mece a las piedras... que debe alumbrar». Su timbre varón está a salvo en la memoria de todos. James Dean seguirá tirando piedras al este del Edén. Ya no hay prisa, aunque sean las cuatro y diez. En sus versos siempre andaba la muerte susurrando, y todavía...
'ABC' - 2020-04-05
JESÚS GARCÍA CALERO
Doctor arquitecto, autor de numerosos títulos técnicos y catálogos, así como de proyectos de edificación. Colaborador de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y articulista en revistas técnicas y culturales. Ha escrito sobre historia, antropología, crónicas de arquitecto, poesía, filosofía y novelas históricas, con más de cuarenta libros publicados en papel y formato digital. Ganador de varios premios literarios de prestigio.
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lunes, 6 de abril de 2020
miércoles, 16 de noviembre de 2016
Mi madre
Ayer, 15 de noviembre de 2016, falleció mi querida madre, María Elisa Soler y Borghi de los marqueses de Rabell, con 90 años de edad.
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| Mamá en el día de su primera boda, enero de 1949. |
De noble familia hispano italiana, Mamá vivió una infancia difícil. Estando en España al comienzo de la Guerra Civil, con diez años de edad, fue desplazándose a la finca de sus abuelos en Arenys del Mar, luego Perpiñán, Biarritz, Bélgica, Canadá y Estados Unidos para llegar a Italia donde vivía su madre Elisa con poco más de veinte años, al término de la segunda guerra mundial. Se casó dos veces, las dos bodas con destacados italianos. Su primer marido fue Galeazzo Ruspoli, duque de Morignano y de este matrimonio nacieron dos hijos Carlo Emanuele, casado con María de Gracia de Solís-Beaumont y Téllez-Girón, duquesa de Plasencia, y Lorenzo, muerto prematuramente. Su segundo marido fue el conde Giovanni de Bellegarde de Saint Lary y de este enlace nació Roger, casado con Herminia Díaz-Deus. Tuvo tres nietos María de Gracia, Gabriela Cristina, Alejandro Federico y una biznieta María de Gracia, fruto del matrimonio de la primera con Javier González de Gregorio.
Mamá dedicó su vida a querer y proteger a su familia, fue siempre una guía y una referencia para todos.
Para despedirme de ti, Mamá que siempre estarás en nuestro corazón, aprovecharé las palabras de San Agustín: La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado. Yo soy yo, vosotros sois vosotros. Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo. Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste. Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí. Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra. La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado. ¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista? Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino. ¿Veis? Todo está bien. No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen! Creédme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban\ y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas. Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.
Descansa en paz, Mamá.
El funeral por su eterno descanso contó con la participación del estupendo coro de amigos Coralia cuyo programa se detalla a continuación. A destacar la Ave María Guaraní de Ennio Morricone del que se adjunta esa versión interpretada por el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile, dirigido para tal efecto por el propio maestro italiano en su presentación en vivo en el parque Bicentenario de Vitacura, en la ciudad de Santiago, en Marzo de 2008. (https://youtu.be/fkQWmTJcb_4), y la Sonata para piano n.º 14 en do sostenido menor "Quasi una fantasia", Op. 27, n.º 2, popularmente conocida como Claro de luna (en alemán Mondscheinsonate), escrita por Ludwig van Beethoven en 1801 y publicada en 1802. Se trata de una de las obras más famosas del autor, junto con el primer movimiento de la Quinta Sinfonía y su bagatela para piano Para Elisa, entre otras magnificas melodías. Mi madre me enseñó a tocarla al piano, pero en este caso dejo la interpretación a Claudio Arrau quien lo hace magníficamente. (https://youtu.be/mtHKQWY6m80)
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