viernes, 18 de agosto de 2017

Rusia de Edward Rutherfurd

Ya desde los años de la perestroika, pero, sobre todo, con el posterior desmoronamiento del Estado soviético, los vertiginosos acontecimientos de la vida rusa han despertado entre nosotros un creciente interés tanto por la actualidad política como por el pasado y costumbres de aquel viejo pueblo. El mercado editorial no es ajeno a esta circunstancia: las librerías apilan entre sus novedades títulos clásicos de Goncharov, Mandelstam, Platónov, algún botón de Pushkin, etc.

Este libro de Edward Rutherfurd –novela del más grueso calibre– se traduce ahora, quién lo duda, al abrigo de esta moda; y bienvenido sea. Sin embargo, fue escrito entre 1987 (no había caído el muro de Berlín) y 1991 (fecha de la edición en inglés); durante esa etapa, tal como se informa en una «nota previa», el autor pasó largas temporadas en Rusia y viajó por ciudades y rincones del país. No estamos, pues, ante un libro oportunista, producto de una operación apresurada, ansioso porque no se le escapen lectores de ocasión. Al contrario, con independencia de su calidad literaria, Rusos constituye un trabajo consistente, de recto programa, gestado con amor.

La obra se plantea como un apretado resumen de la historia rusa: del siglo II a nuestros días; desde el núcleo surgido en torno a la ciudad de Kiev, donde llega a articularse un cierto orden político para ese haz de pueblos confluyentes, y secularmente enfrentados, en la llanura euroasiática, hasta el epílogo del año 1990. En el curso temporal, la aventura del escritor se encamina hacia los procesos históricos más relevantes y en un recorrido siempre lineal atraviesa la época del gran príncipe Monómaco, el tormentoso reinado de Iván el Terrible, los fabulosos días de Pedro el Grande, la corte de Catalina II, las indecisiones de los Románov en el siglo XIX, el estallido de la Revolución de Octubre, las dos guerras mundiales...

Los acontecimientos delimitan el ámbito de unos personajes más o menos ficticios, más o menos ceñidos a hechos documentados; pero la historia rusa es parte sustancial del relato, rige la materia narrativa, articula las vidas, segmenta éstas en secuencias o capítulos. La novela se adscribe –como es evidente– al subgénero histórico (otra corriente a favor) y en su propósito último persigue reconstruir la trayectoria de un pueblo para así desentrañar su más honda raíz moral. Rutherfurd adopta un punto de vista oportuno porque rehúye la tentación del cartón piedra y desecha los atajos del best seller; se orienta en la dirección que, aparte de sus conocimientos (diplomado en historia y literatura por Cambridge) o incluso de su fibra poética, le viene indicada por un espíritu asumido, el cual, sin hacerle perder nunca el pleno dominio del texto, se manifiesta en comunión con lo que está contando. Y es que Rutherfurd parece creer en el alma rusa, ese nudo espiritual que ataría una tierra y sus gentes por encima del tiempo. Y al cabo, este inglés de Salisbury –tan puntilloso y concienzudo– se declara más romántico que positivista.

Ventana al Este: hombres y mujeres, cosacos y campesinos, el hacha, el icono, amos y siervos... La mirada sigue la suerte de, fundamentalmente, dos ramas familiares en el devenir de los siglos. Los sucesos, ya tengan lugar en la corte, en el campo o en las dos imaginarias poblaciones de Russka, revierten y se proyectan siempre sobre los miembros de este largo y enrevesado árbol genealógico en el que ambas sagas llegan a hermanarse en un solo tronco. Como terminan por fundirse razas y pueblos de inestables fronteras: tártaros, polacos, jázaros, mongoles, turcos... rusos.

Edward Rutherfurd se mueve con soltura en este esquema narrativo, lo ha repetido, al menos, en London (1997; Ediciones B, ya en 1998: otras mil páginas en las que a través de varias generaciones se configuran las edades de la capital británica desde los primeros asentamientos romanos). No obstante, pese a la copiosidad de datos manejados y la complejidad de una estructura de este tipo, todo se presenta en Rusos con absoluta transparencia. El entramado argumental está trazado con cálculo geométrico, se resuelve siempre como los hilos enmarañados de un relato policíaco.

Salvo los años finales, los más próximos al autor-narrador, cuando al disponer de una mayor información todo se ensancha o dilata, en cada sección temporal se renuevan los miembros de las familias (los Bobrov, los Románov, los Suvorin, los Karpenko). Repetidamente, por tanto, han de delinearse nuevos personajes, ha de idearse una intriga distinta, producir, en suma, un asunto inédito. Cada capítulo representa algo más que la parte de un todo, constituye una novela corta en sí mismo: otros protagonistas nacen y se encuentran hasta componer una ingeniosa nouvelle.

Figura de figuras, novela de novelas... Y los cuerpos menores tienden a acoplarse con el tono del período que les corresponde: el cuento de hadas en la época generatriz; el canto épico para la edad oscura de Russka; las galantes relaciones peligrosas en el San Petersburgo afrancesado de Catalina; la evocación de los grandes realistas en tantos episodios del siglo pasado (las batallas de Tolstói, el propio Pushkin como un alumno destacado en Zarskoie Selo, ecos del misticismo de Dostoievski, el canon nihilista de Turguéniev, veladas campestres con Chéjov entre bambalinas); y por último, el reportaje de Lenin hacia la estación de Finlandia, fotografías de Trotski a las puertas del palacio de Invierno, o el rostro definitivo del Gulag tal como hoy lo conocemos por manuales y periódicos.

Con estos presupuestos, el autor debe moverse en el campo minado de la narración cultural, donde, como es sabido, resulta difícil mantener un equilibrio entre fantasía y realidad, entre el progreso de la fábula y la exposición de datos; donde se hace imprescindible trazar una raya entre kitsch y literatura. Rutherfurd saca adelante una empresa tan arriesgada y meritoria.

Con todo, en algunos pasajes, la impedimenta académica amenaza con sofocar el aliento de sus criaturas o, sencillamente, entorpece el desarrollo de la acción. Así, por ejemplo, mientras una pareja toma vodka («se detuvieron un momento en un pequeño puesto de bebidas donde servían vodka...»), una voz se ocupa en informarnos de que entonces sólo tomaba esa bebida el pueblo llano; de que no se trata originalmente de una bebida rusa; de que había comenzado a entrar en el país en el siglo XV, a través de Polonia; de que el nombre se había formado por la pronunciación incorrecta de la designación latina: aqua vitae... En fin, reconozcamos que hemos oído lo que no sabíamos; pero la parada sólo sirve –bien es cierto que un trago siempre anima– para meter esta ficha informativa, así que en el párrafo siguiente abandonamos el puesto, y a otra cosa (pág. 270).

Obligado a la invención continua, a encajar las numerosas piezas, Rutherfurd salva también con éxito el riesgo del folletín. Y es notable, en verdad, la destreza con que arma biografías y suscita el interés del lector. No se abusa de soluciones fáciles o, como suele disculparse el narrador, «sorpresas mayúsculas»; es decir: cartas perdidas, puertas sin cerrar, oportunos desmayos, caligrafías suplantadas... Y entre el caudal de personajes parece lógico que alguno no llegue a perfilarse de modo convincente. Es el caso del nihilista Popov, quien en un primer momento se presenta como un calco intencionado de Eugueni Bazárov (el célebre protagonista de Padres e hijos) y luego se convierte en uno de los seguidores de Lenin. Y no es que el paso ideológico de Popov resulte inconsecuente, al contrario, ya Isaiah Berlin había catalogado al héroe de Turguéniev como el primer bolchevique, sino que las acciones del revolucionario, al fundamentarse en su libertad interior, son imprevisibles, también esconden «sorpresas».

Pero la entidad de la obra de Rutherfurd se plasma justamente en la consistencia de sus movimientos narrativos. En este plano de la fábula, se asienta con firmeza el rango de Rusos, la ley de su verdad literaria. Quizá la fuerza –este, y no otro, sería su déficit– no se transmita con la misma intensidad al nivel del discurso: la escritura, aunque inclinada al epíteto, se manifiesta con autoridad, fluye con sabia medida; sin embargo, no se cuestiona a sí misma, no se plantea la posibilidad de alcanzar otro nervio, otra tensión. Esta carencia no impide que Rusos cumpla con creces sus metas: una crónica apasionante, jornada de aprendizaje por cuyas vías puede descubrirse la piedad o blagochestie, esencia de un pueblo fielmente representado en la comunidad monástica de Optina Pustin, a la que Rutherfurd dedica el libro «con todo respeto».






En el último minuto de David Baldacci

David Baldacci (5 de agosto de 1960, Richmond, Virginia, Estados Unidos) es un novelista estadounidense, autor de superventas.
Es un libro muy entretenido de la serie de los investigadores privados Sean King y Michele Maxvel que se enfrentan nada menos que al Pentágono.






Piranha de Clive Cussler

Clive Eric Cussler (Aurora, Illinois, 15 de julio de 1931) es un escritor de novelas de aventura y un arqueólogo marino aficionado estadounidense.



Juan Cabrillo and the crew of the Oregon find themselves exposed when a brilliant scientist blows their cover in the #1 New York Times bestselling series by the grand master of adventure. 
In 1902, the volcano Mt. Pelee erupts on the island of Martinique, wiping out an entire city of thirty thousand and sinking a ship carrying a German scientist on the verge of an astonishing breakthrough. More than a century later, Juan Cabrillo will have to deal with that scientist s legacy. 
During a covert operation, Cabrillo and the crew meticulously fake the sinking of the Oregon but when an unknown adversary tracks them down despite their planning and attempts to assassinate them, Cabrillo and his team struggle to fight back against an enemy who seems to be able to anticipate their every move. They discover that a traitorous American weapons designer has completed the German scientist s work, and now wields extraordinary power, sending the Oregon on a race against time to stop an attack that could lead to one man ruling over the largest empire the world has ever known."

miércoles, 5 de julio de 2017

40 Aniversario de boda en Vignanello


El 1 de julio de 2017 se ha celebrado el 40 Aniversario de boda de María de Gracia de Solís-Beaumont y Carlo Emanuele Ruspoli, duques de Plasencia y de Morignano. La organización del evento que resultó ser realmente fantástico fue coordinado por las princesas Claudia Ruspoli y Nathalie Pignatelli, con la colaboración del director artístico Cesare Barro y de su hermana Dina. Han intervenido un medio centenar de personas entre empresas, proveedores y artistas. Próximamente insertaré un vídeo de la fiesta para recordar a los tambores, las banderas, las trompetas, los violines, los músicos, los cantantes, los come-fuegos, los fuegos artificiales barrocos, etcétera. También será para nosotros una alegría poderlo ver ya que no pudimos apreciar todo lo que habíamos previsto para resolver los pequeños problemas que surgen en cada celebración. 




Entre los numerosos mensajes de agradecimiento recibidos destaco este:


Muy queridos amigos,

Teníais que haber oído los comentarios de la gente en el autobús “ Es la fiesta mas bonita que he ido y que ire en mi vida “ y todos lo repetían.

Yo lo he tenido que contar todo mil veces, y lo hago con tal “ pasión  y frenesí “ que yo misma me emociono y los demás también. Belencita (hermana de la autora del mensaje) lo vivió tanto que lloraba intensamente…

Me imagino cuanto habéis trabajado, pero todo ha sido irrepetible, el lugar , las mesas y la vajilla, el menú y todas las sorpresas desde los drones hasta el brindis de la Traviata, los discursos breves pero intensos

Los magníficos fuegos artificiales… Va a haber un video ?porque me encantaría verlo y a poder ser comprarlo

Enhorabuena por haber realizado un sueño que nos ha dado tanta felicidad a todos. Solo se veían caras sonrientes… me fui con pena.

Gracias y gracias y que ese amor que os tenemos tantos se traduzca en mucha energía buena porque os mereceis todo

Mil besos

                           


video

domingo, 25 de junio de 2017

Asesinato en el Oneida

MURDER ON THE ONEIDA 

William Randolph Hearst was one of the richest men in the world. His empire including the Los Angeles Herald Examiner, headquartered in an impressive Moorish building at 1111 S. Broadway.


On Saturday, November 24, 1924, Hearst's Yacht Oneida cast off from San Pedro, California for a luxurious cruise to San Diego. The guest list included his mistress Marion Davies, Charlie Chaplin, gossip columnist Louella Parsons, an author, 6 other actors and a doctor. The guest of honor was Hearst's production manager Thomas Ince, aboard for a birthday celebration.


Sometime after dinner, Ince developed a severe case of indigestion and was taken to shore by water taxi and then deposited onto a train in San Diego by Dr. Goodman. Ince's condition worsened and he was removed at Del Mar where he was administered care by another Doctor. He was taken to his Benedict Canyon estate, Dias Dorados, where he died 48 hours later. Official cause; heart attack.


But the other version is far uglier, the L.A. times headline: Movie Producer shot on Hearst Yacht! Hearst was supposedly jealous of an affair between his mistress and Chaplin. Catching them in the act, the billionaire went for his gun. Miss Davies' screams awakened Ince, who tried to do something, taking the bullet for Chaplin. Chaplin's Japanese secretary later claimed Ince was bleeding from a bullet wound to the head when he came ashore.


Hearst's Los Angeles Examiner reported that Ince had fallen ill while visiting Heart's San Simeon ranch. Chaplin denied ever being on the Oneida, claiming he, Davies and Hearst visited Ince later that week and that he'd taken two weeks to die. Chaplin had attended Ince's funeral services just over 48 hours after his death.


Davies insisted that Parsons, Goodman and Chaplin were not on the boat, and that she'd received a phone call from Nell Ince informing her that her husband had died. Parsons had been a newspaper columnist for one of Hearst's papers, Hearst granting a lifetime contract and syndication, and then gifted Nell Ince a trust fund. She insisted no autopsy be performed and ordered her husband cremated immediately. Hearst supposedly paid off the mortgage to Ince's Chateau Elysee apartment building (now the Celebrity Scientology Centre) in Hollywood.

Ince's film legacy was tainted by the circumstances surrounding his death. Had he lived, he could have become one of the film moguls of the 1930's. As for Hearst, his truth is sealed in his mausoleum.

Photos above are William Randolph Hearst, Marian Davies, Charlie Chaplin, Louella Parsons and Thomas Ince.

miércoles, 7 de junio de 2017

Il castello Ruspoli di Vignanello

Castello Ruspoli is a 16th-century castle in the town of Vignanello, Lazio, Italy. It continues to be the property of the Ruspoli family, an old and noble Italian family. It is well known for its Renaissance-era Giardino all'italiana




martes, 30 de mayo de 2017

Cuadrado mágico

Un cuadrado mágico es una tabla de grado primario donde se dispone de una serie de números enteros en un cuadrado o matriz de forma tal que la suma de los números por columnas, filas y diagonales principales sea la misma. Usualmente los números empleados para rellenar las casillas son consecutivos, de 1 a n², siendo n el número de columnas y filas del cuadrado mágico.

Los cuadrados mágicos actualmente no tienen ninguna aplicación técnica conocida que se beneficien de estas características, por lo que sigue recluido al divertimento, curiosidad y al pensamiento matemático. Aparte de esto, en las llamadas pseudo-ciencias ocultas y más concretamente en la magia tienen un lugar destacado.

El cuadrado mágico de Alberto Durero, tallado en su obra Melancolía I está considerado el primero de las artes europeas. En el cuadrado de orden cuatro se obtiene la constante mágica (34) en filas, columnas, diagonales principales, y en las cuatro sub-matrices de orden 2 en las que puede dividirse el cuadrado, sumando los números de las esquinas, los cuatro números centrales, los dos números centrales de las filas (o columnas) primera y última, etc. y siendo las dos cifras centrales de la última fila 1514 el año de ejecución de la obra.



Alberto Durero (en alemán Albrecht Dürer; (Núremberg, 21 de mayo de 1471-Núremberg, 6 de abril de 1528) es el artista más famoso del Renacimiento alemán, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte. Ejerció una decisiva influencia en los artistas del siglo XVI, tanto alemanes como de los Países Bajos, y llegó a ser admirado por maestros italianos como Rafaelllo Sanzio. Sus grabados alcanzaron gran difusión e inspiraron a múltiples artistas posteriores, incluyendo los nazarenos del siglo XIX y los expresionistas alemanes de principios del siglo XX.

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