sábado, 11 de abril de 2026

Crónica de mi blog


 Crónica de mi blog

Mi blog nació sin pedir permiso, como nacen las cosas que no pretenden justificarse. No fue concebido para complacer a nadie, ni para seguir una línea editorial, ni para servir de catecismo a los distraídos. Fue, simplemente, la necesidad de poner orden en un mundo que insiste en desordenarse solo.

Con el tiempo, se convirtió en un territorio anfibio: mitad cuaderno de bitácora, mitad gabinete de curiosidades. Allí conviven un guardián que vigila silencios, un monstruo que no da miedo, una estatua de sal que recuerda lo que fuimos, y un hombre invisible que, paradójicamente, todos ven.

Entre fábulas y sátiras, el blog se fue poblando de personajes que no existen pero dicen la verdad, y de verdades que existen pero nadie quiere escuchar.

Luego llegaron los ensayos: historia, política, ciencia, religión, economía, filosofía. No como tratados académicos, sino como miradas. Miradas que atraviesan la niebla del presente para entender por qué el mundo se comporta como un adolescente malcriado.

Aparecieron también los temas incómodos: genocidios, nacionalismos, fanatismos, corrupciones, guerras, mentiras digitales. No para moralizar, sino para recordar que la lucidez es un deber cívico.

Y entre tanta gravedad, un respiro: el olor del cocido, la mano que tiembla, el ratón bendito, la ley de Murphy, el sacristán que escribe su diario. Porque incluso en el borde del abismo, la vida insiste en ser divertida.

Mi blog es eso:

un espejo roto donde cada fragmento refleja una parte del mundo;

un archivo de obsesiones;

un laboratorio de ideas;

un refugio contra la estupidez organizada;

un lugar donde la historia conversa con la sátira, y la metafísica con el humor doméstico.

No pretende convencer.

Solo invita a pensar.

Y, a veces, a sonreír.