sábado, 27 de mayo de 2017

THE HISTORY OF BRITISH SURNAMES

THE HISTORY OF BRITISH SURNAMES 

Sometimes, people took their names from occupations. See if you recognize anyone's name from this list! Listed by name first, and job description second.

Archer - archer
Bacchus - worked in a bake house
Bailey - bailiff
Barber - cut hair; surgeon
Barker - worked with bark for the leather trade, shepherd
Baxter - female baker
Bekker - made wooden vessels
Bender - made casks and barrels
Berger - shepherd
Boatwright - made boats
Bowman - archer
Brewer - brewed ale
Brewster - female brewer
Butler - wine steward
Campion - pro fighter; champion
Cantrell - cinger in a chatry
Carpenter - carpenter
Carrin - made carts
Carter - made or sold carts, transported goods
Cartwright - made carts
Carver - sculptor
Cater - supplied goods to a large household
Century - belt maker
Chafer - lime kiln worker
Chaffer - merchant
Chalker - white washer
Challender - sold blankets
Chamberlain - in charge of private chambers.
Chambers - in charge of private chambers.
Chandler - candle maker
Chaplin - chaplain
Chapman - merchant/peddler
Cheeseman - made and sold cheese
Cheesewright - made and sold cheese
Cherrier - worked in a cherry orchard
Chessman - made and sold cheese
Clark - clerk
Cleaver - either worked in a butcher shop or split wood
Coldren - made large cooking pots
Coleman - gathered charcoal
Collier - sold charcoal
Conner - inspected for weights and measures
Cook - cook
Cooper - made barrels
Cotter - tenant farmer
Crowther - played the "crowd," a medieval stringed instrument
Day - worker in a dairy
Dexter - female dyer
Drage - confectioner
Draper - maker/seller of woolen cloth
Dyer - dyed cloth
Dyster - female dyer
Falconer - kept and trained falcons
Farrar - smith, ferrier
Faulkner - kept and trained falcons
Fearson - ironmonger/smith
Fisher - fisherman
Fiske - sold fish
Flax - sold or grew flax
Fletcher - made arrows
Foal - fool; jester
Forester - guardian of lord's forest
Foster - guardian of lord's forest
Fowler - keeper/catcher of birds
Frobisher - polished swords and armor
Fuller - thickened cloth by trampling
Gage - inspected for weights and measures
Gardner, Gardiner - tended gardens
Glover - made gloves
Graves - steward
Hammer - made stone hammers
Harper - played or made harps
Hayward - guarded fences or enclosures
Heard - shepherd or cow herd
Hinman - keeper of deer on an estate
Hogg - swine herd
Hooper - fitted metal hoops to barrels and casks
Hunter - hunter
Inman - Innkeeper
Kantor - singer in a chantry
Kellogg - slaughterer
Key - made keys
Killer - lime kiln worker
King - servant to a king
Kisser - armor maker
Knight - knight; any military servant; young servant to a knight
Lander - laundry worker
Leadbetter - lead worker
Lister - cloth dyer
Lorimer - made spurs
Lush - usher
Machin - mason; stoneworker
Marshall - in charge of horses
Mason - mason; stoneworker
Mercer - merchant, esp. of fine cloths (silk, velvet etc.)
Miller, - Milner miller
Mulliner, - Mills miller
Nader - tailor
Naylor - made and sold nails
Page, Paige, Paget - minor male servant
Palmer - a pilgrim
Parker - game keeper
Parson parson; - rector
Piper - played or made pipes
Plummer plumber; - lead worker
Potter - potter
Proctor - tax collector; solicitor; steward
Provost - supervisor on a lord's manor
Purcell - swine herd
Redman - roof thatcher
Rock - spun wool; made distaffs
Rocker - spun wool; made distaffs
Ryder - delivered messages on horseback
Sadler - made saddles
Salter - salt worker or salt seller
Sargent - military servant
Sawyer - sawed wood
Schneider - tailor (German)
Schreiber - clerk
Scully - town crier
Seal/Seales - maker of seals or saddles
Sexton - maintained churches; dug graves
Shepherd - shepard
Shields - armorer
Singer - singer
Skinner - tanned hides
Skipper - ship master
Smith, Smythe smith - smithy
Smoker - made smocks
Snyder - tailor (Dutch)
Soppner - roofing shingle maker
Spencer - dispensed lord's provisions
Spicer - sold spices
Spittle - hospital worker
Stanier, Stonier - stone cutter
Steele - steel worker
Stewart - steward
Stringer - made strings for bows
Tabor - played the tabor (small drum)
Tanner - tanned hides
Tasker - did piece work
Taverner - tavern keeper
Taylor - tailor
Thatcher - thatched roofs
Tiller - farmer
Tillman - farmer or tile maker
Todd - fox hunter
Toller - toll collector
Trainer - trapper
Tranter - waggoner
Trapp - trapper
Travers - tollbridge keeper
Trinder - wheel maker
Trotter - messenger
Tucker - cloth worker
Turner - made small objects by turning them on a lathe
Tyler - made tiles
Tyrer - wardrobe master
Voss - servant
Walker - shrunk woolen cloth
Waller - built walls
Ward - watchman; guard
Warf - dock worker
Warner, Warrer - in charge of wildlife at a park
Wayne - wheel maker
Webb - weaver
Webster - female weaver
Woodward - forester
Wright (i.e. wheelwright made wheels for carts)

So now you are a bit smarter than before you read this!

jueves, 18 de mayo de 2017

Mark Twain

video

Samuel Langhorne Clemens, conocido por el seudónimo de Mark Twain (Florida, Misuri, 30 de noviembre de 1835-Redding, Connecticut, 21 de abril de 1910), fue un popular escritor, orador y humorista estadounidense. Escribió obras de gran éxito como El príncipe y el mendigo o Un yanqui en la corte del Rey Arturo, pero es conocido sobre todo por su novela Las aventuras de Tom Sawyer y su secuela Las aventuras de Huckleberry Finn.

Twain creció en Hannibal (Misuri), lugar que utilizaría como escenario para las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Trabajó como aprendiz de un impresor y como cajista, y participó en la redacción de artículos para el periódico de su hermano mayor Orion. Después de trabajar como impresor en varias ciudades, se hizo piloto navegante en el río Misisipi, trabajó con poco éxito en la minería del oro, y retornó al periodismo. Como reportero, escribió una historia humorística, La célebre rana saltarina del condado de Calaveras (1865), que se hizo muy popular y atrajo la atención hacia su persona a escala nacional, y sus libros de viajes también fueron bien acogidos. Twain había encontrado su vocación.

Consiguió un gran éxito como escritor y orador. Su ingenio y sátira recibieron alabanzas de críticos y colegas, y se hizo amigo de presidentes estadounidenses, artistas, industriales y realeza europea.

Carecía de visión financiera y, aunque ganó mucho dinero con sus escritos y conferencias, lo malgastó en varias empresas y se vio obligado a declararse en bancarrota. Con la ayuda del empresario y filántropo Henry Huttleston Rogers finalmente resolvió sus problemas financieros.

Twain nació durante una de las visitas a la Tierra del cometa Halley y predijo que también «me iré con él»; murió al siguiente regreso a la Tierra del cometa, 74 años después. William Faulkner calificó a Twain como «el padre de la literatura norteamericana».

miércoles, 17 de mayo de 2017

Sulle orme della Storia il castello di Vignanello di Nathalie Pignatelli di Montecalvo

Delicioso y tierno, sin más adjetivos, este libro que nos ha regalado Nathalie Pignatelli di Montecalvo, un cuento para niños de la historia gloriosa de un gran linaje: los Marescotti Ruspoli. Se enfoca, tras la figura de Mario Escoto, en el castillo de Vignanello, el primer feudo que obtuvo Sforza Marescotti a principios del siglo XVI, un castillo que aún se mantiene de propiedad de los Ruspoli.




Extracto del capítulo 3 de mi libro Retratos: Mario Escoto.

Durante el VIII siglo, Europa fue un cruce de invasiones, guerras y revueltas políticas. Mientras que la península ibérica y la costa del mediterráneo hasta la desembocadura del Ródano fueron ocupadas por los árabes, los Merovingios ampliaron su reinado en Aquitania, Neustria, Borgoña, Flandes y, más allá del Rin, en Alemania y Baviera. El imperio Bizantino todavía estaba presente en parte de ltalia y de la península balcánica, mientras que el rey de los Longobardos ocupaba el valle del Po y se preparaba para el reto de conquistar Italia. En efecto, los Longobardos habían ocupado Rávena, expulsando a los esarcas bizantinos, como preludio de la prevista etapa de ampliación de su reino. Rávena fue el símbolo del poder imperial. Su destino se reflejó en el de Roma, donde los ves-tigios del pasado y del desaparecido Imperio Romano estuvieron bajo el manto papal, emblema de veneración, pero sin ejército que hubiera podido defenderlo. Roma había sido abandonada por Bisancio cristiana y el papa temía que un nuevo poder imperial y de otra fe religiosa pudieran tomar las riendas. El papa tenía de su parte la fuerza de la religión cristiana: su seguridad, su independencia y su dignidad estaban no solamente en el corazón de los roma-nos, sino también en el de todos los que lo reconocieron como el sucesor de Pedro, guía y pastor del rebaño de la multitud de Cristo. Por lo tanto, en el año 754 el papa Esteban II selló con el rey Pipino el Breve el tratado de Quierzy, por el que se reconoció a la iglesia de Roma el derecho de tener un poder temporal en parte de la península italiana. La coronación como rey de Pipino el Breve fue realizada por el papa en la abadía francesa de Saint-Denis y fue nombrado Defensor de la fe. A cambio, el rey declaró la guerra y do-blegó a los Longobardos, obligándolos a ceder al papa una parte de las tierras ocupadas antes por ellos. Nacieron así los estados de la iglesia que iban a durar más de mil años.
El Rey Pipino, sin embargo, no pudo consolidar lo establecido porque murió de repente a la edad de 54 años, dejando en su testamento el reino dividido en dos partes entre sus hijos Carlos y Carlomán. Estos dos hermanos eran totalmente diferentes, tanto en el físico como en el carácter. A la fragilidad física y moral de Carlomán se opusieron la fuerza, la inteligencia, la seguridad de Carlos. El choque entre los dos hubiera sido inevitable, pero Car-los tuvo de su parte también la suerte: la muerte prematura del hermano le permitió unificar el reino. No obstante Carlos ya se había preparado, reforzando el ejército con los soldados extranjeros que, donde hubieran tenido que luchar una guerra entre dos facciones de los francos, sin duda habrían ofrecido una mayor con-fianza. Para ello, había tomado contacto con el rey de Escocia, sabiendo a ciencia cierta que muchos escoceses solían buscar suerte en el continente como soldados mercenarios. El rey de Escocia encargó a su primo2 Guillermo, conde Douglas, de reclutar y dirigir en Francia a una brigada de 4000 hombres, y lo hizo así. Pero, posteriormente, teniendo que volver a Galloway para gobernar al clan de la familia, dejó al mando de la brigada a su hermano aún menor de edad Mario, que sus contemporáneos definieron como valiente, alto, fuerte y con barba rojiza.
El reclutamiento del ejército franco se llevaba a cabo tradicionalmente entre los vasallos, convocados por el rey según las necesidades de cada campaña militar. Cada vasallo llevaba consigo entre veinte y treinta hombres armados, equipados y con una autonomía alimenticia de tres meses. Las guerras se luchaban durante el verano y los soldados volvían a casa durante los meses de invierno. Si se considera que los vasallos de rey Carlos eran poco más de 200, de cada parte del reinado, que hablaban distintos dialectos o lenguas totalmente distintas, se puede entender como el ejército resultante era tan poco homogéneo y el valor individual contara mucho más que la disciplina de la tropa. Todo ello para hacer comprender cómo la brigada escocesa, que representó numéricamente casi la mitad del ejército entero, se convertiría lógicamente en la estructura portante del mismo.
En el año 773, el rey Carlos comenzó una campaña militar contra los Longobardos en Italia, porque eran culpables de no haber respetado el pacto, impuesto por su padre Pipino el Breve, de ceder parte de sus territorios a los estados de la Iglesia...

martes, 9 de mayo de 2017

La Orden de Malta hoy

Reproduzco a continuación el interesante Editorial (Artículo no firmado que expresa la opinión de un medio de comunicación sobre un determinado asunto) de Cuadernos de Ayala, número 69.

LA INTERVENCIÓN DEL PAPA EN LA ORDEN DE MALTA:
DE ORDEN SOBERANA A ORDEN PONTIFICIA

Alegoría de la Orden de Malta

Decíamos en el editorial de la entrega de los
Cuadernos de Ayala antecedente a esta, que mucho
nos temíamos que la Orden de Malta iba a ser intervenida
por la Santa Sede. Y que así se lo habíamos
advertido en Roma a algunos altos dignatarios de
ella. Nuestras advertencias cayeron en saco roto, y
nuestros temores se han visto confirmados por las últimas
actuaciones de la Santa Sede, que el 24 de
enero de 2017 ha provocado la forzada dimisión del
Príncipe y Gran Maestre, y ha nombrado un legado
pontificio para controlar cuanto en adelante
suceda en la Orden -con evidente menosprecio
de la figura del Cardenal Patrono,
Raymond Burke, muy contrario a las innovaciones
del Papa-.
Sin entrar en las cuestiones dogmá-
ticas, que solo a la Santa Sede incumben,
digamos que estos hechos, ciertamente insólitos
en la tradicional suavidad y dolcezza
del clero italiano -nada que ver con los modos
y maneras, tan bruscos, del clero argentino-,
constituyen una flagrante violación de las normas del
Derecho Internacional, y una grave amenaza a la tradición
de la Orden de San Juan.
Cuanto a lo primero, no hace falta ser un experto
en el Derecho Internacional, para comprender la
enormidad de la decisión pontifica: según la doctrina
internacionalista, hemos asistido a una invasión de un
sujeto político por otro, a una anexión de facto, utilizando
para ello la fuerza moral de la autoridad pontificia.
Pero fuerza coactiva, al fin y al cabo. A partir del
24 de enero de 2017, titular a la Orden de Malta de
soberana, es una afirmación vacía de contenido real.
La Orden ha sido sometida por otra potencia extranjera
-la Santa Sede-, y ha perdido toda su soberanía,
aunque el cascarón ya vacío de tal apariencia soberana
todavía se mantenga en pie, no se sabe por cuánto
tiempo.
La anulación pura y llana -pero sin ninguna legalidad-,
por parte de la Santa Sede, de todos los
acuerdos del Soberano Consejo, aprobados en su sesión
del 6 de diciembre de 2016, es una muestra palmaria
de cuanto estamos diciendo.
En cuanto a la intervención de la Orden por la
autoridad apostólica, tampoco parece estar acorde
con la Carta Constitucional de la Orden, aprobada en
1997, cuyo artículo 1º expresa que La Orden es sujeto
de derecho internacional y ejerce funciones soberanas,
a través de sus tres poderes ejecutivo, legislativo
y judicial. Constitución que ha sido igualmente
ignorada por la Santa Sede -¡que la había aprobado!-.
La tradicional anomalía que representa la Orden
en el seno de la Iglesia Católica, al ser soberana
en el mundo pero sometida espiritualmente a la autoridad
apostólica, no había causado ningún trastorno
hasta ahora -si exceptuamos el affaire Canali,
en la década de 1950-.
Todos estos sucesos han causado el
natural escándalo entre los fieles católicos,
y más aún entre los miembros de la Orden
de Malta, que han visto cómo quien ha sido
fiel a la tradición de la Iglesia y de la Orden
de San Juan, ha sido destituido, y cómo
quien era y es partidario de una autodenominada
modernidad, es repuesto en su cargo,
y hasta encumbrado.
Frà Ludwig Hoffmann von Rummerstein, el lugarteniente
ad interim de la ex-soberana Orden, de
acuerdo con las instrucciones del legado pontificio, ha
convocado al Soberano Consejo para el 29 de abril,
con el fin de proceder entonces a la elección del nuevo
Gran Maestre. Pero también para dar inicio a una
reforma de la Orden, cuyo alcance todavía no se conoce
con certeza.
Según algunas fuentes, esta reforma se limitará
a los caballeros de justicia, que son religiosos -y
sobre los cuales la Santa Sede sí que tiene plena autoridad-;
según otros, la Orden va a ser convertida en
una mezcla de la del Santo Sepulcro, los Rotarios y
las ONG, perdiendo todas sus tradiciones nobiliarias
y caballerescas -tan ajenas, o más bien tan detestadas
por el actual Papa-. Pronto lo sabremos.
En este incierto futuro, hay ya sin embargo algunas
certezas. Una de ellas, que Su Santidad el Papa
ha actuado con una violencia innecesaria, poniendo
en entredicho la misericordia que predica. Otra,
que el nombre del Barón Albrecht von Boeselager
quedará para siempre unido a estos desagradables
sucesos, por haber sido el directo causante de la pérdida
de la soberanía de la Orden.
Dios N.S., siempre misericordioso, querrá
acaso perdonar a ambos estas torpezas.