viernes, 8 de abril de 2016

La mujer moderna


Hace tiempo que trato de abandonar la costumbre, que ha sido y es habitual entre los hispano-italianos que nos dedicamos a hacer públicos nuestros pensamientos, de hablar de España o Italia, de su pasado y su presente, en su conjunto y en términos muy críticos y sin matiz. Por el contrario, centrándome en España donde resido, cada vez estoy más receptivo al famoso dilema de las dos España cortada siempre en dos mitades, cualquiera que sea el concepto con que la valoremos. Y cada vez estoy más dispuesto a considerar que España es un país  muy valioso, en su pasado, en su presente y espero que en su futuro,  pues teniendo un peso muerto, con que la parte positiva de esta España, tiene que cargar para conseguir sus logros, lo hace, a veces, de forma muy sorprendente y hasta milagrosa.
Aquí estamos, un país mísero en recursos naturales, con un índice de analfabetismo tercermundista hasta anteayer, con gran tendencia al jolgorio y a mezclar el trabajo con el placer y que, aun saliendo de la historia a saltos entre dictaduras y tiranías, se ha convertido en una democracia homologable con las mejores y con una potencia económica entre las diez o doce punteras del mundo. No está tan mal. Algo muy valioso tiene que haber en la España que tira del carro.
Pero, para mí, quizá, la transformación más sorprendente y que tiene mucho que ver con lo positivo señalado, es el progreso y actualización de la mujer que, en pocos años, ha evolucionado vertiginosamente, desde aquellas jóvenes viejas que conocimos en nuestra infancia y mocedad, que daban a la España rural un aspecto similar al que ofrecen, ahora, los países árabes, hasta las actuales, que participan, con el hombre, de tú a tú y hasta con ventaja, en el terreno docente y profesional.
Han salido del negro burka a la desnudez, del exclusivo adiestramiento para la atención del hogar a presidir bancos, de escuelas de educación separada y melindrosa a ser las más numerosas y cualificadas en todo tipo de niveles docentes, de “de profesión sus labores” a estar presentes en cualquier tipo de profesión, de estar supeditadas al varón a afirmar su independencia, de ser la empleada doméstica siendo además profesional, a defender, valientemente, la igualdad en el reparto de tareas, de ser objeto pasivo y remilgoso en la práctica del sexo a ser tan protagonistas como el varón. El verdadero milagro del siglo XX.
 Sin embargo, también en esto las dos Españas. Es penoso ver a otras muchas  tratando de imitar los hábitos, lenguaje procaz y vicios de los varones, poniéndose a su altura en cuanto a promiscuidad sexual asumiendo, más que nunca y desde edades muy tempranas, el riesgo de embarazos no deseados, asumiendo toda la carga ante la irresponsabilidad del varón, a veces participe muy ocasional y hasta indiscriminado, dificultando su vida desproporcionadamente.
 Muchas, viven obsesionadas por la atención a su cuerpo. Una variada industria les ofrece, ahora, infinitas tentaciones que les incitan a gastar lo que no tienen. Aparte de las atenciones de costumbre, recurren a operaciones estéticas con las que eliminar defectos y potenciar atractivos en su cuerpo para poder ofrecerlo como objeto sexual, a  estúpidos que las tratan como mercancías de usar y tirar.
Es triste ver, a diferencia de la gran parte que ha logrado la emancipación o equiparación respecto del varón llevando una vida digna, a otra parte que se supedita más que nunca a él, del que recibe trato de objeto sexual con el que jugar sin responsabilidad ninguna o que la considera de su propiedad. 
Y como tal se dejan agredir, muchas veces sumisamente, por algunos desgraciados que les cuentan las costillas con la correa y que cuando les ven veleidades de salirse de su propiedad les hacen un tatuaje en la barriga bastante más profundo que los numerosos con los que, sorprendentemente, van pintarrajeando su cuerpo. Tanta reivindicación feminista para llegar, otra vez al “la maté porque era mía”
Aquí está, de nuevo, increíblemente, El Pichi, el chulo que castiga, rompiendo corazones y haciendo de las suyas con más libertad y menos responsabilidad que nunca, ante la dócil y estúpida sumisión de muchas. ¡Será posible!

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