lunes, 2 de marzo de 2015

El Profeso y la parapsicología


Tras regresar de su misión en Siberia, efectuada durante unos años en la segunda mitad del siglo XIX, después de la toma de Roma en 1870, Giangaleazzo Ruspoli, el caballero Profeso de la Orden de San Juan de Jerusalén, había conseguido perfeccionar el ansiado conocimiento de sí mismo y de sus facultades mentales. Había aprendido de los lamas tibetanos (El Profeso en el Tíbet) , de los brujos indios mesoamericanos, de los chamanes siberianos (El Profeso y el chamán) y se había convertido él mismo en chamán y viajante astral y físico del espacio y del tiempo. Ya nada volvería a ser igual, si bien nada nunca es igual, aunque no sepamos reconocerlo. Ahora el Profeso estaba seguro de que ya nada podría ser como antes, especialmente él mismo. Ahora él sabía que más allá de esa última frontera del control mental existe otra aún más recóndita, más hermosa, más libre, más limpia, y que él sabría encontrarla. Por mucho que tratara de ocultársela a sí mismo, ahondaría hasta lo más profundo de sí en su búsqueda y no cejaría hasta hallarla.

Al volver a su mansión de Nueva York para reunirse con su mujer Ileana y su hija Ginebra hacia el final de la década de los ochenta, Giangaleazzo pensaba  reincorporarse a sus dos actividades preferidas, la Fundación para La Paz que preside y la empresa internacional de investigaciones submarinas DIMS perteneciente a su holding industrial Douglas, de la que es director de Proyectos Especiales y cuenta con el señor Gordon, mayordomo y administrador de la mansión, que colabora con Giangaleazzo y su Fundación o sus empresas esporádicamente, sin descuidar sus obligaciones principales.

Sin embargo, el Profeso empieza a advertir, con sus asombrosas y perfeccionadas facultades mentales, que hay un estremecimiento en la fuerza mental que controla y gobierna la humanidad. Esta anomalía podría ser causante de una nueva guerra secreta entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en aquel tiempo casi al final de la guerra fría que tanto afectó al mundo de la OTAN y al del Pacto de Varsovia desde el fin de la segunda guerra mundial. Decide entonces emprender una nueva misión para averiguar la magnitud del problema del posible perfeccionamiento de una tecnología mucho más misteriosa y potencialmente amenazadora que la Guerra de las Galaxias: el control de la mente humana, una técnica o un conjunto de técnicas encaminadas a la modificación de los procesos mentales de los individuos. Sin embargo tendrá que vencer la resistencia de las autoridades norteamericanas a creer en fenómenos paranormales porque no tienen una sólida base científica.

Para ello, Giangaleazzo, por medio de una de sus múltiples vidas en Estados Unidos, elige convertirse nuevamente en jefe del departamento ultra secreto de Ciencias del Comportamiento de la CIA, una plataforma adecuada para desarrollar su estrategia. Allí descubre a una vidente que de alguna manera puede señalar la localización exacta de los submarinos soviéticos en el Océano Atlántico. Pero, cuando la mujer es asesinada por un despiadado agente de la KGB, Giangaleazzo empieza a sospechar que la han matado para mantener a la CIA apartada de un revolucionario descubrimiento soviético, que permitiría pronto a la KGB controlar los pensamientos y emociones hasta del Presidente de los Estados Unidos... 

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