jueves, 22 de mayo de 2014

El pecado capital de la envidia

                                               
La envidia

En nuestra relación con los niños estamos siempre alerta para corregir su conducta y darles normas que contribuyan a su educación. Yo he llegado a la conclusión de que esto no sirve para nada y puede convertirse en contraproducente tabarra si no se hace cuando se logra en ellos un estado de”cobertura” especial. También he descubierto, en los “paseitos” con mi mejor amigo y su nieto, a la espera de tener los míos, que puedo aprender de él tanto como él de mí, aunque es muy difícil que los mayores admitamos poder recibir enseñanzas de un “enano”. Yo debo comunicarle experiencias que le permitan aliviar la cuenta de tropiezos en la misma piedra, pero el puede dejarme ver, en los inicios de su conducta, que pautas de ella obedecen a su naturaleza, que serán muy difíciles de corregir o encauzar y cuales se deben a errores o ignorancias en el aprendizaje, que es donde podemos dejar huellaYo procuro lograr ese estado de “cobertura”, en la que los niños son receptivos y ya dentro de su mundo, le “bajo” alguna recetilla que tenga, si estoy inspirado, el poder de quedar gravada en su”disco duro. En uno de estos intercambios de experiencias, me sorprendió y me alarmó, hace poco, el nieto de mi amigo contándome que tenía envidia de un amigo del colegio, porque era muy popular y tenía muchos amigos. Al tratar de desbrozar su sentimiento, me sorprendió, todavía mas, descubrir la nitidez con la que era capaz de explicarlo: El admiraba a su amigo y quería ser como él, pero no sentía tristeza por su popularidad¡Que bonito fue descubrir que, ante el reconocimiento de una cualidad, superior a la suya, ese niño no tenia envidia sino un sano, sanísimo, deseo de parecerse o de emularle!


Hurgando en esta anécdota me di cuenta de que en castellano no tenemos nombre para cada uno de esos tres sentimientos: 
1º-Apetencia de ser como otro, al que reconocemos méritos, pero sin que esto nos sirva como acicate para esforzarnos en lograrlo. 
2º- Deseo, de ser como otro u otros, que activa la maquinaria para conseguirlo. 
3º-La verdadera envidia, como la define el diccionario, tristeza del bien ajeno. Curiosamente, englobamos estos tres sentimientos en el mismo nombre, envidia, viéndonos obligados a añadir, apresuradamente, lo de “sana envidia” cuando no se trata, o queremos disimular este último sentimiento malsano. No sabemos nombrar ese sentimiento de emulación, que impulsa a muchos a conseguir algo y regalarnos el resultado de su esfuerzo y que están distinto y distante al de la verdadera envidia que es eso, el sentimiento de reconocer, aunque sea en lo mas recóndito de nuestras entretelas, el merito ajeno como causa de nuestras pesadumbres.

         Y este es el sentimiento que, sin oposición, reconocemos como nuestra enfermedad nacional, que como una tela de araña, enturbia, ensucia y entorpece la convivencia en España. Tela sumamente poblada por esos repelentes animales que, agazapados, esperan para inocular, al que cae cerca de su radio de acción, el veneno paralizante que les permite cumplir el deseo de aniquilarlos, de muy diversas maneras:
-Evitando, cicateramente, el elogio.
-Simulando el desconocimiento de las acciones meritorias de los demás (Lo que no se ve no existe).
-Recurriendo al “pero” cuando no queda mas remedio que aceptarlas.
-Balanceando una acción meritoria, con otra que pueda empañarla aunque sea de distinta dimensión.
-Aportando, apresuradamente, algún defecto, aunque sea minúsculo.
-Acusándole de pertenecer a una ideología o grupo que, para él y para muchas arañas como él, impide una valoración positiva.
-Poner, arteramente, palos en sus ruedas, dificultando su progreso.
-Entorpeciendo o anulando su carrera si se está en situación de poder hacerlo, directamente.
-Recurriendo a la maledicencia.
-Madurando el rencor hacia los que nos afrentan con su excelencia.  
-Incitando a la violencia verbal y física.
-Llegando a la violencia hasta con los criminales resultados que todos conocemos.

         Y de otras mil maneras con las que la creatividad de nuestra sociedad nos sorprende, individual y colectivamente, pues no hace falta esforzarse para ver, en la ideología de algunos grupos sociales y partidos políticos, el tejer de esa tela igualitaria y paralizante de la envidia.

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