domingo, 13 de abril de 2014

Big bang

                                                        EL BIG BANG


Un observatorio astronómico ha detectado el primer eco de la descomunal explosión cósmica, que se ha dado en denominar Big Bang. Ya sabéis, la comprobación de que el que avanzó la genial intuición de que el universo o universos nacieron a partir de un átomo de densidad infinita, estaba acertado. Que levante el dedo el que acepta este acontecimiento y no piensa, inmediatamente, en el bíblico: “Dios creó el mundo de la nada”.¿Será posible?


        Entrar, por mi parte, en el terreno científico, me parece como asaltar la valla fronteriza de un país vedado, pero no puedo renunciar a reflexionar sobre un acontecimiento tan sobresaliente, aunque el tema me venga tan grande que nunca he estado ante un temor mayor de no estar a la altura. No obstante, hay otros aspectos, de este increíble fenómeno, sobre los que, quizás, pueda balbucear alguna reflexión.


       Todos recordamos la imagen, de los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, en que el dedo de Dios roza el de Adán en lo que se interpreta como la creación del hombre a su imagen y semejanza (¡Otra vez la Biblia!). Seguramente será así, pero cuando considero los avances científicos de este mono pretencioso, no puedo dejar de pensar que también pudiera interpretarse como una intuición del pintor (¡Ay los artistas!), de que estos avances en el desvelar los misterios de la creación, llevasen al hombre al encuentro de DiosQuizá, en ese fresco, Miguel Ángel quiso reflejar el instante en que la búsqueda incesante de Dios, por el hombre, llega a su destino y es aquí, en la comprobación del increíble Big Bang, donde, de momento, yo puedo materializar este encuentro.


        Este descomunal paso, en el descubrimiento de los misterios del universo, abre, como siempre que se da alguno, otro océano insondable de incógnitas, pues la materia del universo que podemos observar o intuir, solo es el cuatro por ciento de la que podemos cuantificar, no me preguntéis como, pues el restante noventa y seis por ciento es lo que se llama materiaoscura, que se sabe que existe, pero que no se ve, También va quedando anticuado hablar de universo pues es posible que haya muchos o infinitos.


        Lo que si podemos ir entreviendo, apabullados, es la magnitud de lo que tenemos enfrente para cuya calificación necesitamos utilizar, cada vezcon mas frecuencia, las palabras eterno e infinito cuyos conceptos nunca seremos capaces de comprender.


También, es inevitable pensar en la contingencia de todo ello, ante lo que el hombre adopta distintas posiciones:

La increíblemente prepotente de los que se llaman, a si mismos, ateos y que a pesar de tantos misterios, lo  tienen todo clarísimo y pontifican que nadie creó lo que existe, que estuvo siempre ahí evolucionando por puro azar.

La de los que tienen puesta su fe en un creador paternalista y justiciero, cuya existencia se vincula, por entero, con el ser humano, cuyo comportamiento quiere regir con normas reveladas y del que sigue susacciones hasta el punto de contabilizar lomas mínimos deslices con vistasa castigarlos con el fuego del infierno.

La de los que se consideran agnósticos y que ante la inmensidad de los misterios que tenemos ante nosotros, se sienten totalmente anonadados y perplejos sin ser capaces de avanzar ninguna hipótesis respecto a su posible creación.

Y la que pudiéramos considerar una rama de estos que se sentirían inclinados a aceptar, sin fundamento ni referencia, la posibilidad de laexistencia de un ser superior cuya naturaleza y atributos no se atreven ni asoñar y que seria el que creó y gobierna, no se sabe con que motivación ni finalidad, lo que se ve, se intuye o se ignora.


Sea como sea, creo que todos podemos aceptar que, en la esencia del ser humano está sembrada la ansiedad por desentrañar esos misterios, sin que le detenga la inmensidad de la tarea y la imposibilidad de llevarla a cabo, lo que algunos interpretarán como su orientación innata en la búsqueda, incansable, de su creador.


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