viernes, 7 de marzo de 2014

El burlador burlado


El burlador burlado



Un compañero mío de la Universidad de Roma tenía dos hermanos pequeños, uno de seis y otro de ocho años. Yo iba frecuentemente por su casa para estudiar con él y muchas veces les hacía juegos de magia a los niños. Un día llegué y les dije:
- Tengo un truco con el que os puedo convertir a los dos en leones.
Con gran sorpresa por mi parte uno de ellos saltó:
- Vale, conviértenos en leones.
- Bueno - les contesté - es que, la verdad... es que... bueno, no lo puedo hacer porque luego no podría volver a convertiros en niños.
Pero el pequeño contestó:
- ¡Qué mas da! Quiero que nos conviertas en leones de todas formas.
- No puedo, de verdad que no hay ninguna forma para reconvertiros después.
El mayor me gritó:
- ¡Quiero que nos conviertas en leones de una vez!
A la vez que el pequeño me preguntaba:
- ¿Y cómo haces para convertirnos en leones?
- Ah, pues, pronunciando las palabras mágicas.
- ¿Y cuales son? Dínosla.
- Para decíroslas tendría que pronunciarlas y entonces os convertirías en leones.
Se quedaron pensando un momento, y luego uno de ellos me preguntó:
- Pero ¿no hay otras palabras mágicas que sirvan para reconvertir?
- Si, claro que las hay, pero lo que pasa es que si digo las primeras palabras mágicas, os convertiríais en leones, pero no sólo vosotros, sino todo el mundo, incluido yo, y como los leones no saben hablar, no quedaría nadie en el mundo que pudiera decir las otras palabras mágicas para reconvertirnos.
El mayor dijo rápidamente:
- Pues escríbelas.
Pero el pequeño dijo:
- Yo aún no sé leer.
- No, no lo de escribirlas es totalmente imposible, porque incluso escritas convertirían a todo el mundo en león.
Me miraron y dijeron:
- ¡Ah!
Una semana después me encontré con él de ocho años y me dijo:
- Carlo ¿sabes qué? Quiero preguntarte una cosa que estoy pensando desde el otro día.
- ¿El qué? - le dije.
- ¿Oye, y cómo hiciste tú para aprender las palabras mágicas?

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