miércoles, 4 de diciembre de 2013

Don Alfonso Armada


Don Alfonso Armada y Comyn (Madrid, 12 de febrero de 1920 - Ibídem, 1 de diciembre de 2013) fue un militar español, que alcanzó notoriedad por su participación en el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Ostentó el título de IX marqués de Santa Cruz de Rivadulla, título instaurado por el rey Carlos II el 8 de marzo de 1683.

Carrera militar

A los 16 años se alistó en el ejército, en el bando sublevado. Fue destinado en la Guerra Civil a los frentes de Madrid, Andalucía, Guadalajara, Teruel y Valencia. También combatió con la División Azul en el frente de Leningrado. En 1945, como comandante, fue instructor en varias escuelas militares. Dio clases militares al entonces príncipe Juan Carlos, convirtiéndose en uno de sus mejores amigos y consejeros, y llegó a ser miembro del Estado Mayor Central. Otra de sus labores fue como secretario general de la Casa del Rey, puesto que ocupó durante 17 años. Sin embargo, sus enfrentamientos con el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, y el hecho de que enviase cartas con el sello de la Casa Real pidiendo el voto para Alianza Popular en las elecciones de 1977 hicieron que fuese relevado. De la secretaría del monarca pasó a ser profesor principal de la Escuela Superior del Ejército y, poco antes del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, a la sazón el día 12 del mismo mes y año, Armada asumió el cargo de segundo jefe del Estado Mayor del Ejército Español.

Golpe de estado

Esta trayectoria se vio truncada el 23-F, al ser uno de los principales participantes del golpe de Estado. Según los planes de los golpistas, sobre Armada habría recaído la presidencia del gobierno que dirigiría el país si el intento de golpe no hubiese fracasado. Aunque no con total seguridad, se cree que él era el "elefante blanco" que esperaban los golpistas en el Congreso.4 Se descubrió que estaba implicado cuando se ofreció al Jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Gabeiras, para ir en persona al Congreso a proponer a Tejero una salida: su ofrecimiento para presidir un gobierno cívico-militar con presencia de líderes políticos. Tejero se negó rotundamente a que entrasen políticos civiles o comunistas en el gobierno y ahí empezó el fin del golpe.

Condena

El 22 de abril de 1983, el Tribunal Supremo le impuso una condena de 30 años de cárcel y pérdida de empleo, cumpliendo su pena en la prisión de Alcalá Meco. El 24 de diciembre de 1988, el Gobierno le indultó alegando razones de salud y que el reo acataba la Constitución Española. Desde su salida de prisión vivió en su pazo, en Santa Cruz de Rivadulla (Vedra), en La Coruña. Falleció el 1 de diciembre de 2013 a los 93 años.

Entrevista 

A continuación les reproducimos la última entrevista concedida por Alfonso Armada al diario ABC, el 21 de febrero de 2011 :

Tiene 91 años. Los cumplió el pasado domingo con una reunión en su casa de Madrid, rodeado de su multitudinaria familia de la que se siente muy orgulloso. Tiene diez hijos (dos de ellos sacerdotes), veinticinco nietos y catorce bisnietos. Se nota que su familia le rejuvenece. Tiene la mente lúcida. Armada conserva el mismo timbre de voz de siempre, algo aflautado. Ha tenido algún contratiempo con su salud. Ahora le molesta especialmente una mácula degenerativa en un ojo que le impide leer los periódicos y disfrutar del cultivo de camelias en el pazo de su propiedad. Se ha convertido en un experto en la producción de esta delicada flor que exige cuidados especiales. Sobre todo, protección. La camelia no aguanta, se agosta, con los rayos directos del sol...

—Hagamos la luz, si le parece, sobre el 23-F…
—Yo le puedo hablar todo lo que quiera de mí, pero nada de los demás. Me puede preguntar lo que quiera y yo le responderé si lo sé, pero de otras personas no me diga nada.
—¿Ni siquiera de una de las hipótesis que más se ha impuesto, la de que el 23-F usted, a la vista de la difícil situación que atravesábamos, quiso poner en marcha la llamada «Operación De Gaulle», un «golpe blando», por contraste con el de Tejero, y que lo conocía toda la clase política, incluido el PSOE?
—Son majaderías y fabulaciones de mentes calenturientas. Me hacen reír cuando las leo. No tienen ni pies ni cabeza.
—¿No quiso proponerse usted en el Congreso de los Diputados como presidente de un gobierno en el que fuera vicepresidente Felipe González, y compuesto por ministros de todo el arco parlamentario, excluidos los nacionalistas?
—Categóricamente le digo: ¡No! Lo sabe el que era jefe de la oposición, Felipe González.
—Entonces, ¿a qué fue usted de madrugada al Congreso?
—A intentar que acabara el secuestro, obedeciendo órdenes de mi jefe inmediato, el teniente general Gabeiras. Yo, como sabe, era segundo jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. Gabeiras y yo hicimos una gestión…
—¿Le dijo usted a Tejero que quería formar un Gobierno de salvación para resolver la crisis?
—Nada de nada. Yo fui a liberar a los diputados. Lo que le dije a Tejero en el Congreso era que teníamos un avión preparado para que saliera de España.
—¿Y el «Pacto del Capó»?
—Yo lo firmé. Sí, había que hacerlo para que acabara aquella situación.
—Tantos libros que se han publicado en los que aparece usted como el artífice de una operación destinada a subvertir el orden constitucional...
—Ninguno de los autores se ha tomado la molestia de preguntarme sobre las cosas que se han escrito...
—¿Por qué fracasó el golpe?
—Porque nadie lo apoyó.
—¿No es menos cierto que el golpe lo paró la radio?
—Mandamos que retiraran las dotaciones policiales en TVE y en Radio Nacional.
—Pero en ningún momento estuvo controlada la Ser, que informó libremente durante toda la noche.

(Armada cree que ya ha hablado lo suficiente. Amaga un final a la conversación como si estuviera todo dicho).

—Suárez dimitió el 29 de enero… ¿No habló de todo ello con alguna personalidad del Gobierno?
—Sí, con el general Gutiérrez Mellado. Hablamos de la situación diez días antes, el 13 de febrero..
—Me da la impresión de que se va a llevar a la tumba el secreto mejor guardado de nuestra historia reciente...
—No lo crea.

Sin ningún signo de cansancio —tiene un vigor inusual este hombre nonagenario— da señales, sin embargo, de que no desea continuar. Parece que, a manera de resumen, quiere transmitir un mensaje rotundo y metabolizado:

—Yo obedecí y ejecuté.
—En estos treinta años, no ha acudido nunca al Palacio de la Zarzuela. ¿El Rey se interesa por usted?
—No sé si se interesa.
—¿La denominada «Operación De Gaulle» fue, entonces, una invención?
—No sé a quién se le pudo ocurrir tamaña tontería. Sólo los inocentes o los que no entienden nada pueden creer esa versión.

Mi modesta opinión

Tuve la suerte y el honor de conocer personalmente a Alfonso que me pareció un gran señor. Visitando su propiedad en Santa Cruz de Rivadulla, me enseñó sus plantaciones de camelias que exportaba a Europa y su queso realmente fabuloso. En la propiedad hay un bosque y Alfonso fue explicando y describiendo toda la flora que hay como un experto botánico. En el centro del bosque hay un lugar a lado de un riachuelo donde fue colocado un banco de piedra. En ese banco, Gaspar Melchor de Jovellanos solía componer sus poesías. Le echaré de menos, ya que no llegué a disfrutar de su compañía y su conversación más que en contadas ocasiones. Su mujer y sus hijos son todos extraordinarios.

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