miércoles, 18 de septiembre de 2013

Rascacielos invisibles




El gobierno surcoreano ha anunciado la aprobación del proyecto para construir el primer rascacielos invisible del mundo. Una afirmación cuando menos impresionante, ya que hacer desaparecer un edificio de casi medio kilómetro de altura no parece nada fácil. Pero la cosa tiene truco, naturalmente. El edificio no será invisible propiamente dicho, sino que se camuflará con su entorno, de manera que se ocultará a la vista a voluntad.

Y eso que parecía que en arquitectura moderna estaba ya todo inventado y no había propuesta extravagante que no se hubiese puesto en práctica (con el consiguiente riesgo que algunas propuestas suponen). Pues por lo visto no. Con el sugerente nombre de Tower Infinity, la firma estadounidense GDS Architects quiere dejar su huella en el horizonte de Seúl con esta rompedora idea.

Pantallas para proyectar el paisaje de los alrededores. Con una altura de 450 metros, la altura de la Tower Infinity no será en absoluto despreciable, pero esa no será su apuesta. El rascacielos pretende ser conocido por ser el primer edificio invisible del mundo, algo que conseguirá con un sofisticado sistema implementado en su fachada. El mecanismo utilizado recuerda a las técnicas de camuflaje de los camaleones: imitar el aspecto del fondo para pasar desapercibido. Y la forma de camuflarse, en vez de en pigmentación natural, estará basado en la instalación de cámaras y pantallas reflectantes.

Varias de esas cámaras estarán situadas a distintas alturas en seis lados del edificio para capturar imágenes de los alrededores, que serán proyectadas en otras tres secciones del edificio, cada una equipada con más de 500 pantallas LED. Las proyecciones serán manipuladas y ajustadas para completar una panorámica que reproduzca el paisaje a la espalda del rascacielos, dando así la sensación de estar mirando a través de él.

Lo mejor es que además, los responsables del edificio podrán ajustar en cada momento el nivel de invisibilidad que quieren que tenga el edificio. De forma que podría verse claramente una mañana y por la tarde haber desaparecido del skyline de Seúl, convirtiéndose en un atractivo turístico importante y manteniendo el interés de los habitantes de la ciudad. Al menos, hasta que se cansen de la novedad.

Los niveles de transparencia que alcanzará el rascacielos cuando esté plenamente activado son sorprendentes, a tenor de las imágenes del proyecto que se han hecho públicas. Pero en realidad, lo que hace este sistema es camuflar al edificio, y eso está lejos de lo que la ciencia entiende por invisibilidad.

La invisibilidad 'científica'. La idea de ocultar objetos cotidianos y hacerlos invisibles fue durante mucho tiempo territorio para la literatura y el cine (la escritora J. K. Rowling dotó de una capa de invisibilidad al famoso Harry Potter y todo el que le ha visto usarla ha deseado tener una igual), hasta que dos avances despertaron el interés de la comunidad científica.

El primero es la óptica de transformación, un nuevo campo de investigación que se empezó a explorar en 2008, basado en las posibilidades de manipular la luz en todas sus frecuencias y en cualquier distancia. Entre los avances que planteaba esta nueva área estaría la de conseguir que la luz rodee un objeto sin tocarlo, de forma que parezca que no está ahí.

El segundo son los denominados metamateriales: materiales no presentes de en la naturaleza con propiedades electromagnéticas inusuales, como por ejemplo la capacidad de desviar la luz. La clave para conseguirlo está en el índice de refracción.

Todos los materiales tienen un índice de refracción positivo, que indica el nivel de desviación de la luz cuando pasa de un medio a otro. Es lo que causa que cuando vemos un palo introducido por un extremo en agua, nos parezca que está torcido o partido. Los metamateriales, sin embargo, tienen un índice de refracción negativo.

La 'capa de invisibilidad', más cerca paso a paso. Científicos de la Universidad de Berkeley fueron los primeros en desarrollar estos metamateriales en 3D en el año 2008, con los que fueron capaces de desviar la luz visible y la del espectro cercano al infrarrojo. Las posibilidades para el futuro de este área eran numerosas: imagen de altísima resolución, nanociruitos para ordenadores muy potentes y las capas de invisibilidad pueblan la imaginación de los aficionados a la ciencia ficción.

El gran potencial de estos avances no escapó a un sector muy concreto: el militar. Ese mismo año, Richard Hammond, de la Oficina de Investigación de la Armada estadounidense, declaró que estaban a “dos o tres años” de poder fabricar dispositivos con metamateriales que permitirían “un control sin precedentes sobre las ondas de luz”. No era de extrañar el interés: ocultar objetivos a los ojos del enemigo era una perspectiva muy deseable. En aquel momento, sin embargo, los avances hechos por investigadores militares se mantenían aun en el terreno de la teoría.

Otros investigadores tomaron el relevo y elaboraron sus propias ideas para una capa de invisibilidad. Como por ejemplo, una capa en miniatura de 1 centímetro cuadrado fabricada con oro y seda que fabricaron científicos de la Universidad de Bostón. En la pequeña pieza tejida en seda “engarzaron” 10.000 sensores de oro, y comprobaron que era capaz de desviar ondas de una logitud muy concreta. El proyecto se enfocó hacia las aplicaciones médicas, ya que los materiales y las ondas estudiadas eran las más adecuadas, y también porque su coste era un impedimento para trabajar con dispositivos de tamaño más grande.

El precio sin embargo es una de las grandes ventajas de la propuesta presentada este mismo año por John Howel, profesor de la Universidad de Rochester, y su hijo de 14 años. Con unos 150 dólares, padre e hijo diseñaron un dispositivo que logra desviar la luz pero en vez de utilizar metamateriales utilizaron una serie de espejos, disminuyendo así el precio del invento. Además, su dispositivo es fácilmente escalable, de forma que se puede adaptar al tamaño humano sin que los costes se disparasen. Según Howel, podría utilizarse para ocultar incluso satélites espaciales. 


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