miércoles, 28 de agosto de 2013

Cinco trucos para escribir cuentos

No por tener menos palabras expresa menos. Y no por ser más corto es más fácil de crear. En mis relatos he experimentado como el cuento ha pasado de ser el arte de explicar historias orales -cuando aún no existía la escritura- a convertirse, como bien apuntaba Italo Calvino en una de sus obras, en el rey de una época.
Así lo reflejan las cada vez más numerosas historias de otros autores así como las de los grandes escritores contemporáneos en español –Borges, Benedetti, Mutis, Rulfo o Cortázar-, quienes se han dedicado al cultivo del relato breve con técnicas literarias cada vez más desarrolladas. Y como no sólo se han dedicado a escribir sino también a teorizar sobre la brevedad de sus creaciones literarias, estoy en disposición de ofrecer a autores que quieran auto-publicar sus obras en mis blogs algunos de estos valiosos consejos.
1. No más de dos horas, Allan Poe


Para saber cuanto debería ocupar un cuento, nos fiamos a pies juntillas de uno de los maestros universales del relato corto, Edgar Allan Poe, quien califica de cuento “aquella lectura que necesita de media hora a dos horas”. Traducido en palabras para su aplicación práctica, esto significa que el cuento no tendría que sobrepasar las 7.500 palabras.
No obstante, como las leyes de la literatura son un tanto arbitrarias y el puritanismo es difícil cuando el genio creativo está en juego, se estima que la extensión de un cuento puede oscilar entre las 1.000 y las 20.000 palabras.
2. Inicios truncados y exabruptos, Carver



“Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono”. Así empezó una de sus historias Raymond Carver, uno de los mejores contadores de historias breves de finales de los 80 en América. ¿Quién es él? ¿Quién llamaba? ¿Por qué? ¿Pudo oír el teléfono? Este principio nos conduce inevitablemente a una serie de interrogaciones que incitan a seguir leyendo.
Independientemente de si se trata un libro publicado en español o en inglés, esta es una de las reglas de oro del cuento: inicios no sólo bruscos sino además truncados. Importa el conflicto, no hay tiempo que perder en las presentaciones de personajes ni en las descripciones de ambientes.
3. Una trama de dos historias, Piglia


El lector cree que está leyendo una historia pero en realidad son dos. Tendrá que descubrir cual es cada una y donde se centra la importancia de la acción. Pese a que no todos los cuentos recogen esta conocida tesis del escritor argentino Ricardo Piglia, su uso es muy útil para despertar la intriga en el lector y lograr el efecto sorpresa que caracteriza las narraciones cortas.
El truco consiste en narrar la supuesta historia principal en el primer plano de la narración e ir descubriendo la historia secundaria en los intersticios de la primera. Al final, aunque las dos tramas estarán siempre relacionadas, la segunda desbancará a la primera como nudo narrativo. El resultado: lector conmocionado.

4. La precisión léxica, Quiroga


Si podemos expresar una circunstancia en 5 palabras, ¿por qué hacerlo en 10? El arte del cuento es el arte del despojo de lo superfluo, de la concisión, de la represión –o precisión- léxica.
Lo anunciaba Horacio Quiroga en su Decálogo del perfecto cuentista, donde aconsejaba no adjetivar sin necesidad so pena de debilitar las palabras importantes y en mis blogs creemos que es casi un imperativo si se dedican a esta tarea. Junto a la adjetivación contenida, sugerimos también el uso de frases breves y diálogos –mejor que hablen los personajes, no el narrador-. El objetivo es que el cuento pueda crecer si así lo requiere la imaginación del lector, nunca decrecer.
5. Final de jaque, Cortázar


Se trate de novela o cuento, los finales son siempre importantes porque constituyen el sabor último que dejamos en la boca del lector. Esto no significa que el autor tenga que optar por las clásicas frases hechas, rimas o moralejas propias de la tradición oral pero sí es necesario culminar con la tensión que ha ido cocinando a lo largo de la narración.
En palabras de un cuentista, Julio Cortázar, “el final debe ser una cachetada al lector, o un jaque mate. La novela gana la contienda por puntos, el cuento por knock-out”. A ello puede ayudar la técnica de Piglia de desvelar una trama escondida.
En el fondo no se trata tanto de encontrar la idea 10 para un cuento sino de mimarla con el tratamiento literario preciso. Después de estos básicos, ¿quién no se atreve a publicar su cuento conmigo?

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