lunes, 3 de junio de 2013

El pasillo


Al caminar por aquellas desoladas calles, sin vida, sin ningún tipo de ruidos, comencé a sentir diferentes sensaciones dentro de mi cuerpo, comencé a sentirme inseguro, comencé a tener miedo, por lo que miraba para atrás a cada rato, a cada momento, como si alguien o algo estaba detrás de mí, pero no había nadie, no había nada, sólo yo y mi oscura sombra, que para mí ya comenzaba a adquirir formas tenebrosas por lo que ni siquiera me atrevía a mirarla porque hasta ella me causaba miedo, era una estupidez, pero de verdad me estaba empezando a asustar, sentía la sensación de que mientras mas rápido caminaba mas rápido me seguían, aquella sensación me trajo recuerdos de mi infancia en donde en mi antigua casa, cuando caminaba por su pasillo en la oscuridad, el pasillo era largo y angosto, se sentían como crujían sus maderos por todos lados, pero también se podía escuchar claramente los pasos de alguien que venía detrás de mí, maldito pasillo por qué tiene que venir a mi mente ahora. Esos pasos los escuché tantas veces que me acostumbré pero nunca dejaron de asustarme, los escalofríos no dejaban de recorrer mi cuerpo cada vez que los sentía, sacaba fuerzas para contrarrestar ese miedo, pero era inevitable. Cuando llegaba al final del pasillo donde se encontraba el baño, me encerraba dentro de él con pestillo, pero ni así me sentía seguro, sabía que aquella presencia estaba ahí detrás de la puerta esperando, esperando por mí. Muchas de las veces no fui capaz de soportar el terror y me lanzaba a correr como desesperado por aquel largo corredor, pero a medida que corría más rápido, más cerca y fuerte sentía a aquella presencia, como queriéndome sujetar por la espalda, pero jamás lo hizo, como si quisiera divertirse conmigo, algunas veces y ya que en aquella casa había una escalera muy vieja, cada vez que yo la bajaba sentía como esta presencia trataba de empujarme por lo que yo bajaba corriendo y desesperado, es más, una vez que bajé corriendo, algo me empujo y rodé por las escaleras hasta el fondo y me quebré una pierna, en realidad no sé si algo me tocó, pero no puedo decir que me caí por estúpido. En mi casa pensaron que fue una caída accidental, claro que yo no le iba a contar a nadie lo que me sucedía, me iban a tratar de maricón, cobarde y retardado, así que todo siguió igual. En el tiempo que tuve el pie lesionado no sentí nada, ni un solo ruido, como si aquel ente extraño estuviera esperando mi recuperación para continuar con aquel jueguito, y así fue, tan pronto como me sacaron el yeso todo comenzó de nuevo, empecé a sentir nuevamente las persecuciones, aquellos pasos demoniacos que me torturaban hasta lo más profundo de mis sentidos, aquel miedo que recorría mi cuerpo de pies a cabeza a travez de mis venas, pero fui un cobarde, jamás me dio el corazón para darme media vuelta y enfrentar a aquella presencia o enfrentar la realidad, aquella realidad que me decía que todo era invento de mi mente, de mi psiquis de niño, susceptible y afectada por los filmes de terror clase B que inundan las pantallas de nuestra televisión. Esto duró por todo el tiempo que vivimos en esa casa y jamás, pero jamás dejó de asustarme en ninguna oportunidad, por más acostumbrado que estaba a esta sensación, los pelos se me paraban e incrustaban en la piel una y otra vez.

Ahora no sé por qué razón estoy sintiéndola de nuevo, han pasado más de diez años quizás de la última vez, en todo ese tiempo aquella sensación la había olvidado, la había borrado de mi mente hasta este momento, ahora vuelvo a sentir aquel miedo desgraciado que me costó antes tanto poder controlar, siento como el miedo se incrusta poco a poco en mi cuerpo a través de mis venas, como la misma sangre que circula por ellas se reparte a todos los rincones de mi ser, apoderándose de mis pensamientos y mis reacciones, cuánto daría por ver a alguien en esta calle y no sentirme tan solo, ni siquiera un maldito perro en todo el camino, y esos pasos, esos malditos pasos que siguen tras de mí, ahora que sé lo que es no me atrevo a mirar para atrás, no soy capaz de enfrentar mi trauma de la infancia, camino mas rápido, pero al igual que antes siento cada vez más cerca a aquella presencia como si caminara pisándome los talones, pero no puedo dejar que el miedo controle mi mente, tengo que hacerle frente, pero no soy capaz de darme vuelta y mirar para atrás, mientras que cada vez siento los pasos más cerca y el miedo cada vez penetra más en mi cuerpo, hasta el punto de sentir que me voy a mear en los pantalones, pienso en rezar mientras camino, pero de qué me sirve, no soy cristiano, ni conozco ningún tipo de rezo. De pronto los pasos los siento encima mío y ya no aguanto más, tengo que enfrentarlo, cierro los ojos, aprieto los dientes y me doy media vuelta, siento como algo frío y caliente a la vez se me hunde en el estómago seguido de un dolor terrible y espantoso, abro los ojos pero no veo nada, todo lo veo negro, caigo de rodillas al suelo y me llevo las manos al estómago, siento como la sangre corre por ellas y empapa toda mi ropa, luego esa misma sangre comienza a salir de mi boca y caigo de costado ya sabiendo que mi vida se escapa y dando mis últimos suspiros. Antes de perder el conocimiento total escucho una voz, una voz que dice "¡por qué tuviste que darte vuelta de repente, yo sólo quería tu chaqueta, joder, por qué lo hiciste, por la misma mierda!" seguido de unos pasos que salen corriendo y se alejan con rapidez, esos pasos, esos malditos pasos, no eran más que los pasos de un vulgar e insignificante ladrón, y yo tan estúpido que fui, siempre fui un estúpido, creí en aquel maldito pasillo, ese pasillo…

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