jueves, 30 de mayo de 2013

Un Palacio y un Castillo templario

EL PALACIO DE LOS CONDES DE LA PUEBLA DE MONTALBÁN



El palacio se construyó en el siglo XV por el maestre de Santiago Don Juan Pacheco. Lo enriqueció su descendiente Don Alonso Téllez-Girón a principios del siglo XVI.

Testigo vivo de nuestra historia 

El edificio es de planta cuadrada y de tres alturas. La fachada principal se encuentra en la Plaza Mayor con portada plateresca de puerta adintelada, con jambas de piedra rematada con canes que sujetan un ancho dintel. Está rematada con el escudo de los señores de Montalbán. Los balcones que la adornan son rectangulares, de forja, y típicos de las casas señoriales castellanas. En el interior hay tres magníficos artesonados de pino: uno mudéjar, otro gótico y un tercero plateresco. Fue declarado Bien de Interés cultural por el Gobierno Regional de Castilla La Mancha el 26 de noviembre de 1991 (DOCM nº95 de 18 de diciembre).

Comedor. Tapiz Gobelino del siglo XVII. 


Las actuaciones finalizadas recientemente por el autor de este blog han consistido en la restauración de la fachada y del tejado del Palacio de los Condes de La Puebla de Montalbán, un edificio emblemático construido en el siglo XV cuyo aspecto se había deteriorado en los últimos años. Los trabajos realizados en esta joya histórica y arquitectónica, que han corrido a cargo de los propietarios del Palacio, han consistido en la reparación y pintura de toda la fachada y el acondicionamiento del tejado.

Situación del palacio:

A 114 kilómetros de Madrid y a 34 kilómetros de Toledo









EL CASTILLO DE MONTALBÁN

Se encuentra en el término municipal de San Martín de Montalbán, a unos 9 kilómetros del Palacio, y se erige sobre un escarpe de 100 m de profundidad cortado por el río Torcón, que se empleaba como foso por tres de sus lados. Este castillo es una de las fortalezas más antiguas situadas en la orilla izquierda del río Tajo, erigido durante la Reconquista como punto de defensa de dicho margen del río, reformando y ampliando en gran medida el castillo árabe que allí existía, y que tal vez fuera abandonado tras la reconquista de Toledo.

En el año 1209 se cita la villa de Montalbán como cedida al caballero Alfonso Téllez, pero el edificio debió ser construido por los Templarios, cedido por Alfonso VII pocos años después, haciendo de él y de sus dehesas circundantes la más importante encomienda de su Orden en Castilla. En el año 1308 volvió a manos de la Corona, siendo donado por Alfonso XI al caballero Alfonso Fernández Coronel.

Tras una disputa con Pedro I el Cruel, el edificio fue reformado y se le añadieron nuevas defensas. Tras la ejecución de Fernández Coronel, el castillo fue cedido a Doña Beatriz, hija ilegítima de Pedro I.Juan II quedó sitiado en el castillo por las tropas del infante don Enrique, que más tarde sería rey, en diciembre del año 1420, pasó el Estado de Montalbán a don Álvaro de Luna y, cuando éste murió, a su viuda, que lo habitó en algunas ocasiones. Bajo el reinado de Enrique IV el castillo fue adquirido por su valido, Juan Pacheco, y desde él viene transmitiéndose a sus sucesores (hoy los duques de Osuna).

El castillo de Montalbán es el más robusto, extenso y fuerte de todos los castillos de la provincia de Toledo, quizá más que el castillo de Escalona, motivo por el cual es probable que no existan noticias de que fuera atacado en ninguna batalla.

En su interior se conservan restos de la fortaleza musulmana anterior, que era de planta cuadrangular y mucho más pequeña, y que fue abandonada con la caída de Toledo. El castillo ocupa un lugar sumamente fuerte, cortado al norte y noroeste por el profundo tajo del río Torcón, de 100 metros de profundidad, y con dos torrenteras al este y al oeste que lo defienden por los otros dos lados, quedando un espacio de más de 15.000 m2 bordeado por murallas almenadas, con torres cuadrangulares provistas de garitas en alguno de sus ángulos.

La fachada sur da a un terreno llano, lugar donde debían concentrarse todas las defensas posibles. En primer lugar había un ancho foso que unía las torrenteras y a continuación un torreón semicircular bajo, almenado y con saeteras, que hacía las veces de coracha. Éste prolonga la barbacana exterior, que también tiene almenas y aspilleras en piedra caliza.

A través de ella y por tres puertas y una poterna, se llega al espacioso camino de ronda que rodea casi la mitad del edificio principal.

El acceso al interior del castillo se realiza por dos puertas protegidas por enormes torres albarranas de planta pentagonal, con esbeltos arcos apuntados de más de 10 metros de altura en la clave, y tres postigos muy disimulados, construidas con mampostería y ángulos de sillares que conservan numerosas inscripciones lapidarias, entre ellas la estrella de David.

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