viernes, 10 de mayo de 2013

Los expertos y las vacas.





Hay personas que programan su comportamiento diario a base de leer, cada
día, un pasaje de la Biblia que les servirá de guía para ello. No he comprobado yo la idoneidad de este sistema pero, como en todo libro, he encontrado, en él, enseñanzas y experiencias útiles.

Cuando estamos en la sima de esta terrible crisis que padecemos, se oyen muchas voces que nos dicen que es una crisis distinta a las demás, una crisis sistémica, termino que se usa mucho ahora para indicar que significará un antes y un después, que caminamos hacia un cambio de sistema. Nadie dice cual.

Sin embargo, uno que ya ha pasado por varias crisis y ha estudiado un poco de historia recuerda que siempre se dijo lo mismo y nunca se cambió de sistema. Los que inventaron y ensayaron otro, que pasaba por el cambio de la naturaleza humana, ya vimos como terminaron. Sin embargo, de forma sorprendente, nunca faltan nostálgicos. Lo que ocurre es que la memoria es muy corta, que caemos, indefectiblemente, en la misma piedra y
que no aprendemos de nuestros propios errores.

Volviendo a la Biblia, viene, ahora, que ni pintado, el famoso pasaje en que José, cuya fama de interpretador de sueños ha llegado hasta el Faraón, es llamado por este para desentrañar el significado del suyo, en que siete vacas gordas son devoradas por otras tantas flacas. En la explicación de José de que el significado era que se acercaban siete años de abundancia seguidos de siete de escasez se encuentra la primera exposición, que yo conozca, de
los ciclos económicos. Aceptada por el Faraón esta interpretación se procedió a guardar, cada año de abundancia, un quinto de la riqueza producida, que sirvió para remediar la escasez que vino a continuación. He aquí, explicada, también, la forma de proceder para paliar los desequilibrios de los ciclos económicos.

Pues bien, amigos, este fenómeno que parece tan inexorable como la sucesión de las estaciones y descrito con esta sencillez desde hace miles de años, sigue sorprendiendo a nuestros sesudos “expertos” que no son capaces, nunca, de anticipar su llegada ni adoptar medidas paliativas que suavicen la escasez en la parte baja del ciclo. Por el contrario, derrochan, a manos llenas, la riqueza en la parte alta y hasta son capaces, como hemos
visto ahora, de endeudarse para intentar escapar de la escasez en la parte baja, profundizando y alargando más la crisis.

La incomprensible falta de memoria de los “expertos”, hace que todo el mundo actúe, en las dos fases del ciclo, como si estas no tuviesen final; en la de bonanza, se piensa que las inversiones se revalorizarán indefinidamente, por lo que los mas “listos” y audaces recurren a endeudarse todo lo que los mercados financieros les permiten, que es mucho, pues sus dirigentes viven imbuidos del mismo error; y en la de depresión, no compran ni euros a
ochenta céntimos, con lo que la economía se deprime mas y acentúa la profundidad de la crisis.

Tal es la desmemoria que siempre hay alguna voz que anuncia que la sabiduría de los expertos ha logrado acabar con los ciclos económicos y que el periodo de bonanza será interminable. Yo digo a mis amigos que cuando oigan a un listonto decir esto, vendan hasta los muebles. Sin embargo, a pesar de su magnitud yo creo que esta crisis es como las
otras, producida por las mismas causas y de la saldremos por las mismas motivaciones. Vemos lo de siempre, “listísimos” y osados triunfadores que compran y se endeudan sin tino y que cuando empiezan a llegar las vacas flacas se descubre lo endeble de sus operaciones, a veces infantiles y caen como en el juego de las sillas en el que los jugadores que no andan listos se van quedando sin ella. Vemos, esos perillanes, políticos o no, que roban mediante lo que se supone sofisticadas operaciones financieras pero que, en realidad, imbuidos de un sentimiento de impunidad, se les sorprende metiendo la mano en el cajón. Pero impunes o no, el caso es que dejan las arcas vacías y para que el sistema vuelva a funcionar, hay que llenarlas con los ahorros y los sufrimientos de los de siempre.

La única diferencia, gran diferencia, que yo veo con las anteriores, es que estamos en Europa y en el euro, lo cual tiene dos vertientes, la buena es que nuestra integración nos fuerza a actuar dentro de la disciplina económica que no permite trasladar los problemas a las generaciones futuras ni a los socios comunitarios, la mala es que al estar Europa en eterna formación, vivimos un momento de vacilación, en que parece difícil retroceder y el egoísmo de
algunos impide ir hacia delante. Europa se debate en esa duda, los países mas disciplinados se sienten justificados para no ayudar a los que lo son menos, a los que se integró sin las debidas precauciones y les exigen acabar con sus despilfarros y que entren, si es necesario, en el recorte de sus prestaciones sociales, antes de que ellos se vean obligados a recortar las
suyas. ¿Cómo no se ha de producir esto si en la misma España vemos ya esa falta de solidaridad entre las distintas comunidades, cuya igualdad de responsabilidades está rota ya?. También la histórica rivalidad entre las distintas naciones sigue viva y aparece la tentación de dejar atrás al rival en la fabricación y exportación de productos competitivos. Recordad las imprudentes palabras del Sr. Zapatero alardeando de que ya habíamos
superado a mi otro Pais de Italia y estábamos cerca de superar a Francia. ¿No es humano que nos pasen factura por esas tan imprudentes manifestaciones?

Europa no acaba de comportarse como una nación que tiene una moneda y ha de defenderla sino como una agrupación de países, no preparados para los tiempos malos (otra vez la falta de memoria) y se produce la continua tentación del salvase el que pueda.
.
Y salir. ¿Cómo saldremos?. Pues saldremos, también, como siempre, arrastrados por la ambición de nuevos y viejos emprendedores que irán, poco a poco, arrimándose al riesgo en su afán de prosperar, en el sentido que sea. Las magnificadas medidas políticas consisten, también como siempre, solo en frenar o desatascar el freno. Los gobiernos han hecho lo
imposible por destruir riqueza pero los agentes económicos están acostumbrados a crearla, a pesar de ellos. 

Así que creo que todo se superará a ¡trancas y barrancas!

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