viernes, 24 de mayo de 2013

¿Cómo título mi obra?

LOS INGREDIENTES DE UN BUEN TÍTULO

Debe evocar, salir del interior de la obra y captar su verdadero espíritu sin ser demasiado evidente. Porque el título de un libro no es una mera anécdota sino su principal carta de presentación, compartimos algunos consejos para captar la atención de los lectores en menos de diez palabras y antes de abrir la primera página.

Ni demasiado revelador ni lejano al texto; ni demasiado largo ni corto en exceso; próximo pero no evidente. Porque en muchas ocasiones el arte de titular una obra puede ser más difícil que su misma creación, es necesario tener en cuenta algunos parámetros para que el título de nuestro libro atrape al lector en su primera impresión.

Y es que las pocas palabras que componen el título de la obra deben constituir su razón de ser fundamental así como la puerta de entrada a la historia que irá tomando forma entre las páginas.

Así lo anunciaba brillantemente el escritor argentino Ernesto Sábato en sus conversaciones con Borges, “el título es la metáfora esencial de un libro”, y así lo han puesto en práctica memorables títulos de la literatura universal como La vuelta al día en ochenta mundos de Julio Cortázar o Cómo viajar con un salmón de Umberto Eco.

No obstante, no todas las grandes plumas han prestado semejante interés al titular y no todas las grandes novelas han tenido títulos comparables a su grandeza –como es el caso del más que sencillo Ulyses de Joyce-. Comparaciones literarias aparte, el titular puede ser una mera anécdota si la obra sobresale por sí sola pero puede ser también una excelente herramienta para captar a potenciales lectores.

El título 10

Por este motivo, aquí van algunos consejos para que no sólo te conviertas en un excelente autor sino también en un destacado titulador. ¿Cómo tiene que ser un título 10?

Memorable: Queremos que los lectores recuerden nuestro libro y esto será más fácil si este es suficientemente atractivo como para que les invada la curiosidad de abrir sus páginas y devorarlo. Un ejemplo, si tu obra trata de una experiencia migratoria, no te quedes con una frase descriptiva del tipo, Mi llegada al país de las oportunidades, ve más allá y explora en las conversaciones y reflexiones de tus personajes, los momentos de tensión de la obra, las enseñanzas,…

Según Javier Reverte, el truco que hace a un título memorable es simplemente la honestidad de su autor: “Que el título de la novela te salga del alma”.

Sugerente: Un buen título debe generar expectativas en relación a la trama de la obra que se nos presenta pero nunca debe mostrarnos de pleno el desenlace de la misma. Evocar, traer a la imaginación o generar expectativa, estos son los objetivos.

Así lo corrobora la escritora Inma Chacón: “El título debe ser evocador: sintetiza la historia pero tiene que ser simbólico”.

Sintetizador: El espíritu de la obra debe estar siempre presente en las palabras del título. No se vale defraudar al lector vendiendo un argumento que después no encontrará en las páginas. Por ejemplo, si se trata de un relato amoroso, no podemos titular como si estuviéramos ante una novela de aventuras o ciencia ficción o confundiremos a los lectores.

En palabras de la escritora Rosa Montero, “tiene que ser un título verdadero, que nazca de dentro de la novela”.

Recursos útiles

Hasta aquí, la teoría es clara pero, ¿qué pasa cuando llega el momento de aplicarla a la redacción del título? Si nada de lo anteriormente mencionado te ilumina lo suficiente como para darte el título del libro, puedes utilizar alguno de estos dos trucos que seguro no fallan.

Una frase: Una frase que sea la vuelta de tuerca de la obra, una frase que resuma los valores del libro, una frase que se repite como un mantra en diversos capítulos, una frase conclusiva o incluso la frase más banal. Cualquier frase significativa para el desarrollo de la obra que esté contenida en el texto, puede servir también como título. Te ahorras dar con una nueva idea a la vez que otorgas a la obra mayor coherencia.

Una metáfora: Las metáforas significan sin decir claramente y, precisamente por este motivo, estimulan la imaginación de los lectores. Puedes optar también por juntar en el título dos aspectos de tu obra que nunca antes han estado juntos para asegurarte que intrigas al lector.

Dos recursos con los que cumplirás con la recomendación de Luis Goytisolo, para quien, “el título siempre debe salir del interior de la novela, para entenderla sin saber aún de qué va”.

Si el gran momento de titular llega antes o después de finalizar la obra, esto ya lo dejamos al gusto del autor. Mira si no los ejemplos contrapuestos de dos grandes literatos: cuando Ernest Hemingway terminaba un libro, escribía una gran lista de posibles títulos e iba descartándolos hasta quedarse con sólo uno de ellos, o hasta con ninguno. Por su parte, Enrique Vila-Matas al ser preguntado en una ocasión por su próximo proyecto, contestó que no lo sabía del cierto ya que se encontraba aún en la escritura del título.


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