lunes, 29 de abril de 2013

Metafísica inmobiliaria



Mi gran deseo es que el libro "La comunidad de propietarios" con mis experiencias personales, sirva de orientación y consejo a toda persona que desea adquirir o vender una propiedad inmobiliaria.
Por último, a tenor de lo escrito anteriormente, hemos comprobado cómo actúan las comunidades de propietarios, por regla general. En cada una de ellas hay alguna oveja negra no solidaria entre los propietarios. Lo cual tiene por consecuencia que a veces las comunidades son ingobernables. Pero sus normas deberían ser suficientes para funcionar incluso cuando hay opiniones contradictorias.
La primera consecuencia es que todo el personal contratado que depende de la comunidad de propietarios, tanto el administrador, como el portero, como el garajista o el jardinero, todos lo saben y se aprovechan descaradamente. Nunca se puede adoptar una medida disciplinaria, porque nunca hay acuerdo para ello. Todos los empleados procuran blindar su trabajo rodeándose de algunos propietarios que les protejan y que les aseguren su impunidad a la hora de tener que recordarles algún incumplimiento de sus obligaciones, procurando no faltar nunca de atender a sus obligaciones básicas.
También hemos comprobado como una comunidad de propietarios podría ser un vehículo tanto para administrar un patrimonio inmobiliario como para proyectarlo y construirlo hasta financiándolo con aportaciones individuales, al igual que las cooperativas.
Pero en el fondo el defecto constante es que nadie respeta la libertad de los demás y exige que la suya se imponga, aunque les afecte. O sea que el germen de la falta de solidaridad nace precisamente en comunidades de propietarios, donde la gente intenta acomodar o fastidiar al vecino según le convenga. 
Por esta razón las series de televisión de las que le hablé en el prólogo tienen tanto éxito, porque aunque sea con un poco de exageración para divertir más a los espectadores, muchos de ellos encuentran alguna similitud con lo que puede ocurrir en su comunidad de propietarios.
Cuando una persona vive en una propiedad alquilada, no se preocupa de nada, porque disfruta de las ventajas y se olvida de los inconvenientes, pensando que no es su problema, y que los eventuales contratiempos son para el  arrendador. Esto se aplica a toda finca alquilada.
Pero si una persona compra una propiedad única, es decir una casa para su uso individual, no tendrá más remedio que sustituirse a estos empleados de los que les he hablado difusamente porque hacen falta en toda propiedad tanto para viviendas unifamiliares como para propiedades colectivas.
Está muy claro que en una comunidad de propietarios no hay sensibilidad hacia los grandes problemas que nos afectan. Los copropietarios siempre piensan que no es su contrariedad, que es una traba de los demás. Mis desvelos para mejorar el aislamiento térmico, por ejemplo,  y poder afrontar con garantías las temporadas de invierno e verano siempre cayeron en saco roto.
Por esto quisiera llamar la atención de los lectores hacia el problema del clima de una forma más global, hablando brevemente del efecto invernadero.
Hace tiempo que me tienta escribir sobre el cambio climático-efecto invernadero. Me ha contenido, hasta ahora, la idea de que era necesario un importante esfuerzo de documentación.
La reciente reunión del grupo de los ocho o de los quince o de los veinte y artistas invitados, quien sabe ya, me releva de este engorro y me hace ver, una vez más, que en los tiempos que vivimos, acumulando conocimientos, un poco más que superficiales y llevando al sentido común al gimnasio, regularmente, puede uno dar sopas con honda a más de un experto al uso.
Pero no hace falta esforzarse, pues está todo bajo control.
Nuestros ángeles guardianes con el arcángel Obama al frente, han tenido a bien aparecerse en carne mortal, arriesgando mancharse la orla de su clámide con las ruinas causadas por el terremoto de L´Aquila (Italia). Y han tomado cartas en el asunto, apreciado lector, enfrentándose al apocalíptico problema del suicidio de nuestra especie, que vienen anunciando los profetas de la nueva religión, la Ecología.
Si no detenemos las emanaciones de CO2, que causan el efecto invernadero, provocando el aumento de temperatura de La Tierra y a su vez, la subida del nivel de nuestros mares, ocurrirán, a la larga, males sin cuento a la humanidad. Y según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, que controla este asunto, como si se tratase de un microondas, se cifra en dos grados de elevación de temperatura, el punto de no retorno. Ni décima más, ni décima menos.
Ante esta preocupante posibilidad, nuestro coro de ángeles y arcángeles guardianes, “….acordaron ayer en L´Aquila, que la temperatura media del planeta no se incremente en más de dos grados centígrados respecto a la que el mundo tenía antes de que las fabricas comenzaran a vomitar a la atmósfera gases de efecto invernadero. Nunca antes el G-8 había conseguido ponerse de acuerdo a la hora de fijar un límite al calentamiento global, por lo que muchos consideran que el compromiso alcanzado ayer supone un paso de gigante contra el cambio climático”. (EL MUNDO 9-7-09).
Albricias, dos grados. La puntita nada más. Quizás el mar detendrá su subida cuando se alcancen esos dos grados ante tanta contundencia de nuestros arcángeles. Quizás esa subida justiciera del mar pueda servir, por fin, para el arreglo de lo que la Ley de Costas no ha sido capaz.
Y sigue EL MUNDO: “….no se ha fijado, sin embargo, ninguna medida especifica. Entre otras cosas porque Rusia y otros países (léase, sobre todo, China e India), se resisten a suscribir la propuesta-- defendida por varios miembros de la Unión Europea y numerosas organizaciones ecologistas- de que los países  industrializados reduzcan de aquí a 2050 sus emisiones de gases invernadero en un 80% y el resto del mundo en un 50%.
El objetivo del 80% es inaceptable, aseguraba un colaborador de Dimitri Medvedev, el presidente ruso. China e India, por su parte, consideran que deberían ser los países desarrollados los que recortasen a la mitad sus emisiones de CO2 antes de 2020 y que a partir de esa fecha las reducciones se aplicasen, también, a los Estados menos industrializados”.
¡Acabáramos!. Nuestros arcángeles piensan que se puede engañar a un chino como se nos engaña a nosotros o que un indio se presta a hacer lo que hacemos nosotros cuando se nos engaña.
¿Cómo van estos países a interrumpir o ralentizar su incipiente desarrollo que, aunque les lleve a echar sapos y culebras por las chimeneas, les está permitiendo comer su cuenco diario de arroz y ser más selectivos en su dieta, que para incluir proteínas deben hacer comestible todo lo que se mueve en la tierra (arriba y abajo), en el aire y en el mar? 2020, 2050. ¿Qué significan estas fechas para estos países ante el hambre de ahora?  ¿Significan algo, incluso para nosotros, que todavía tenemos en nuestros genes recuerdos del hambre pasada durante siglos y siglos y aprovechamos cualquier celebración para calmar nuestra gula?
La ecología tiene un primordial papel en nuestra civilización, pues el ser humano ha demostrado hasta la saciedad tener un componente cerril que le hace muy capaz de acabar consigo mismo y con el universo entero si se le pone por delante, pero no cumplirá con su papel si, convertida en una religión más y en sus peores vertientes de intolerancia, fanatismo, catastrofismo, ignorancia, dogmatismo y sectarismo, olvida que el ser humano no renunciará a su precario y reciente bienestar, alcanzado o en vías de serlo, ante ninguna amenaza y puesto en la ocasión, siempre se atendrá al sálvese quien pueda.
Para ser efectiva y es vital que lo sea, la ideología y acción ecológica, debe integrar entre sus objetivos y hacerlos viables y compatibles, el desarrollo, el progreso y la pretensión de aumento ilimitado del bienestar, del ser humano.
Y vosotros arcángeles, no habéis hecho nada, no podéis hacer nada. Los problemas importantes que tiene la humanidad solo son solucionables con un gobierno mundial. Los fastos de coordinación solo sirven para que nos hagamos cargo del nivel de la gente que tenemos al volante.
Y para terminar me permito repartir invitaciones a mi lapidación. El que quiera participar que tire la primera piedra, pero, por favor, que sea ideológica. Veamos.
El catecismo ecológico parte de la base de que el estado actual de La Tierra, geográfico, climático, ambiental, etc.… es el óptimo, es el que hay que conservar, ni mejorar ni empeorar.
Sin embargo, a mí, la palabra Groenlandia (Tierra Verde), me da mucho que pensar, Verde debía ser, efectivamente, este pequeño continente no hace mucho, cuando ya el ser humano era capaz de poner nombres a las cosas. Así serian, también, Canadá, Islandia, el norte de Noruega, Suecia y Finlandia y Siberia. Y la Antártida en el sur. Medio mundo inhabitable hoy.
¿No lo necesitamos? ¿No lo necesitaremos algún día? ¿No son, esos deshielos, que anunciamos, ahora como catastróficos, verdaderos brotes verdes? ¿No es La Tierra un planeta demasiado frío y su temperatura óptima debería estar un poquito más alta que la actual? Si sabemos detener el aumento, claro, que en cualquier caso se va a producir.
Ofrezco, también, a la reflexión, el supuesto de que cuando vayamos, que iremos, a colonizar La Luna y Marte, lo primero que deberemos conseguir es someter esos mundos a una intensa emanación de gases apropiados, que produzca en ellos un fuerte efecto invernadero. Y lograr su control, claro.
Ahora, más en serio, quiero afirmar que hay una gran diferencia entre lo que tú realmente crees y lo que crees que debes creer o lo que deseas creer. Tú demuestras o manifiestas en toda tu vida exterior aquello que realmente crees. Las demás ideas no se exteriorizan. Si algún día llegas a creer otra cosa, ese día comienzas a manifestarlo; o sea, a experimentarlo, no antes.  No basta con decir que tú sabes que tal y cual cosa no pueden lastimarte o afectarte, si sólo tienes esta opinión intelectualmente. Si tú sientes aunque no sea sino levemente que aquellas no te pueden hacer daño, el caso es distinto. Esto es lo que llamamos realización: saberlo y sentirlo, o tener la convicción. No basta con repetir que todo va a estar bien a menos que creas en lo que estás diciendo. No basta con decir superficialmente que Dios está contigo y cuidándote a menos que lo creas o lo realices aunque sea en grado leve. El único objeto de hacer tratamientos espirituales es aumentar tu propia realización de la verdad que ya has aceptado; o sea, que el error y el temor no tienen poder sobre ti cuando tú no cedes a ellos. Muchas personas piden que les den una afirmación. Aparentemente están bajo la impresión de que repitiendo una frase mágica van a resolver su problema, pero esto no puede estar más lejos de la verdad. Tu problema está contigo debido a una creencia falsa, errónea, que está dentro de ti; o sea, un proceso de pensamiento equivocado. Donde hay falta de armonía siempre hay temor presente, y una afirmación no va a destruir este temor. Debes rehusar a ser intimidado por el peligro aparente, cualquiera que sea, y poner tu confianza en el amor; entonces el temor comienza a desaparecer.
Las afirmaciones son recordatorios de lo que debemos creer, pero es el cambio de nuestro proceso mental, del error a la verdad, lo que trae la demostración. No el repetir una frase. Cuando necesitas ser guiado en una decisión importante, hay que pensar y creer que Dios te está guiando, y te verás guiado.
Un filósofo dijo: “la vida es la adaptación a las circunstancias exteriores”, y explicó que toda cosa viviente muestra una tenacidad sorprendente en mantenerse viva, creciendo, y adaptándose a las condiciones en que tiene que vivir.
Esto es verdad en cuanto al reino vegetal y al reino animal. Asombra ver como las mariposas, los insectos, los animales poseen coloridos que los confunden con la vegetación del paraje en donde viven. Suponemos que para defenderse del hombre; la vida inteligente por sí misma, que emplea todos los medios para conservar a las diferentes crías hasta que puedan defenderse ellas mismas.
Pero esto no es correcto con respecto al ser humano, puesto que el hombre ya ha trascendido todas las etapas inconscientes, y ha desarrollado sus poderes latentes.
La Biblia enseña que el hombre no tiene ninguna necesidad de amoldarse a las condiciones en que nace, ni de resignarse a ninguna cosa. Todo lo contrario, la resignación, esa actitud que hasta ahora ha sido llamada una virtud, es en realidad una ofensa contra la inteligencia; es pereza mental y física; y va contra todos los impulsos instintivos del individuo. Claro está que todo esto es debido a la ignorancia de la raza; y al enterarse el hombre que el impulso de su alma es la voz de Dios en él, ya deja de doblegarse y busca la manera de dominar.
El doblegarse, o resignarse implica cobardía o por lo menos la aceptación de que lo exterior posee poderes superiores. Esto lo denomina el primer mandamiento “idolatría”. No tendrás falsos dioses ante mí. La Biblia dice que el hombre tiene dominio sobre todas las cosas, y esto hay que tomarlo en serio. No significa que nos debemos de poner en rebeldía abierta, o sea, físicamente; por ejemplo, contra una ordenanza oficial que no nos guste, o alguna costumbre social establecida, o contra algún deber moral o familiar porque sí, porque nos dé la gana de no seguir cumpliendo. Significa que tenemos poderes mentales para transformar lo exterior, y desarrollando nuestra naturaleza espiritual, no podremos jamás actuar en forma arbitraria hacia los demás. Nuestras acciones serían, entonces, siempre en bien de todos, y de nosotros mismos por consiguiente.
Por ser humanos y ya no animales o vegetales, poseemos intuición, raciocinio y sentido común, o sea, la sabiduría divina; y usando estas facultades, sabremos qué es lo que nos incomoda con respecto a la condición del momento. El segundo paso es “conocer la verdad”, o sea, meditar sobre la realidad espiritual que está oculta detrás de la apariencia material, y ya con eso basta para ver transformarse la apariencia, no importa cuál sea, ya que si ésta no depende de nosotros, y parece justa y absurda, o inconveniente, la ley espiritual con sus canales infinitos nos sorprende con una solución que jamás se nos hubiera ocurrido.
La forma de desarrollar la naturaleza espiritual es practicando la oración científica. Logrando, aunque no sea sino una demostración, primero para convencernos de esta verdad, luego para enseñarnos la técnica. Cada vez que obtengas una demostración, sea para ti mismo o para otro, ganas aumento de comprensión espiritual, y aprendes más metafísica que en muchas horas de lectura o de escuchar conferencias.
No pierdas tiempo tratando de contestar preguntas teóricas o doctrinales. Cualquier conclusión sobre éstas  no será sino otro concepto intelectual más, y ya sabes que el intelecto lo materializa todo.
Cura a alguien, o arregla una situación; haz un tratamiento afirmativo de comprensión divina y a los pocos días te encontrarás comprendiendo perfectamente el asunto teórico o doctrinal que te confundía, en lugar de haber sacado un formalismo intelectual más.
No esperes comprender todo lo de Dios con sólo unas cuantas semanas de estudio. Es inútil que un estudiante de álgebra, por ejemplo, comprenda el teorema del binomio, si no puede comprender una simple ecuación.
Aprende lo siguiente: siempre tenemos suficiente comprensión y suficiente poder para dominar lo que sea que entre en nuestras vidas. La vida cuida a sus crías. Ella no manda nada que esté por encima de nuestras fuerzas, o más allá de nuestros poderes. Siempre, siempre hay que usar la verdad que conocemos.
Con estas recomendaciones metafísicas para la vida diaria y mis recomendaciones materiales, podrás sin duda construir tu hogar ideal espiritual y físico.




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